Andrés CalamaroAndrés Calamaro ratificó anoche su condición de máxima figura del rock argentino al congregar en el Pepsi Music a más de 35.000 personas, una legión que disfrutó de una nueva muestra de calidad de El Salmón y su banda.

Que Andrés Calamaro forma junto a Fito Páez y Gustavo Cerati, el triunvirato de los rockeros post 45 más talentosos del rock local no es novedad, pero a eso el ex Abuelo de la Nada le suma su condición de intocable que le otorgó el público.

 

Calamaro es hoy una de las figuras más taquilleras de la escena, ya que él solo puede convocar multitudes y si no brinda conciertos en River Plate es porque prefiere un poco más de privacidad y el clima que da un espacio algo más chico como el club Ciudad de Buenos Aires donde brilló anoche.
Pero además Calamaro justifica sus pergaminos a la hora de analizar su carrera y revisar con pinzas toda su discografía: como solista grabó algunos de los mejores discos de los 80 (“Por mirarte” y “Nadie sale vivo de aquí”) y volvió a repetir esa marca en los 90 con (“Alta suciedad” y “Honestidad brutal”).

Como integrante de una banda lo hizo en los 80 con Los Abuelos de la Nada y lo reiteró en los 90 con Los Rodríguez, que fueron número uno en Argentina y en España, en donde le dieron un salto de calidad al tantas veces patético rock ibérico.

Pero estas condecoraciones corren más por cuenta de la gente que de las discográficas y la crítica, y ayer se ganó una nueva medalla al conseguir que un coro extendido e impresionante coree la desgarradora balada “Paloma” -que puede llevar a un bajón de aquellos a más de un desprevenido- como cierre del show.

Pero el Salmón es incansable y acompañado por una banda de rocanrol con todas las letras conformada por tres guitarristas (Julián Kanevsky, Diego García y Galo Avello), además del bajista Candy Caramelo, el baterista Niño Bruno y el tecladista Tito Dávila, brilló otra vez.

Sobre este comando es más fácil surfear y hacer todas las piruetas que se deseen en base a un repertorio en el que Calamaro sólo incluye lo que hizo en los 90, dejando de lado “Por mirarte”, “Nadie sale vivo de aquí” y su pasado Abuelo.

Con “El Salmón” abrió el show y así metió a la gente en una autopista emocional en la que recorrió canciones como “Los chicos”, “Tuyo siempre” y “Mi gin tonic” hasta que el “rodriguero” “A los ojos” provocó un sismo en Núñez, algo que ni Diego Simeone ni los jugadores de River pueden hacer desde hace meses.

Andrés arrancó el show con su guitarra Telecaster verde, que luego abandonó para sumir el rol de “frontman” más movedizo recorriendo las pasarelas y abrazando al público cada vez que pudo.

Mientras tanto su banda se probó muchos trajes y todos le calzaron 10 puntos en especial aquellos que se vinculan con los gustos musicales de todos sus integrantes: The Band que acompañó a Bob Dylan en los 70 y los Crazy Horse de Neil Young.

Hubo momentos del show en el que el sonido de la banda semejó a estos grupos y lo hicieron bien sin perder el pulso ni caer en la parodia o la copia.
Para “Elvis está vivo”, la banda sonó tremendamente rockera y Candy Caramelo se hizo cargó de algunas estrofas, mientras que el fantasma de Crazy Horse sobrevoló el estadio cuando “El día de la mujer mundial” se desparramó por los aires.

La popularidad tiene licencias y Calamaro se tomó una en el medio del show cuando interpretó los tangos “Jugando con fuego” y “Los mareados”, en un estilo que la ortodoxia del género no perdonaría, y salió indemne.

“Estadio Azteca” volvió a emocionar a la gente y “Te quiero igual” terminó con la banda repitiendo el “todo va a estar bien” del clásico del reggae “No woman, no cry”.

“Alta suciedad” sonó podridísima y la frase “Bob Marley está vivo y se fuma un porro conmigo” le dio paso a una festejada versión de “Flaca”. Para el cierre quedaron “Sin documentos”, “Canal 69” (ambas de Los Rodríguez) que precedieron al estallido emotivo que se dio con “Paloma”, la canción a la que el público convirtió en clásico y colocó al final de los bises en los recitales de Calamaro desde hace cuatro años.
Un rato antes en el escenario principal, Auténticos Decadentes volvió a demostrar que son una máquina de fabricar hits y una
banda festivalera por excelencia, haciendo bailar a todas las almas presentes.

Así como le hacen mover la patita a todos con “Vení Raquel” y “El murguero”, los Decadentes también logran que dos amantes se coman la boca con lentazos como “Osito de peluche de Taiwán”. También pasaron los Estelares, que al fin tuvieron su premio merecido de tocar en horario nocturno y mostrar porque son una gran banda y Manuel Moretti es gran “songwriter” en la línea sucesoria de Andrés Calamaro y de Jorge Serrano.(Télam).-

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