El diván de Ana“Estoy en un momento especial de mi vida –me escribe Carina, de Mendoza-. Creo que me enamoré de otro hombre, pero soy una mujer casada. Muchos días me levanto decidida a dar el gran paso y dejar a mi marido, pero luego miro hacia atrás cuánto hemos pasado juntos… y me arrepiento. No sé qué hacer”.

Las palabras de Carina me movilizaron. Qué mujer en algún punto de su vida no ha tenido que hacer esta elección, entre el hombre que la acompañó siempre y aquel que promete un amor inolvidable.

 

La rutina –ese mal terrible, pesado, que nos enmohece los días y los convierte en una secuencia- pesa en contra del amor. Por eso cuando la vida nos regala una mirada nueva, un roce inquietante, una caricia tenue como al pasar… todo parece pintarse de un nuevo color.

De pronto nos descubrimos pensando en alguien más… tal vez “enamorada de alguien más”. Y esa palabra, que habíamos dejado guardada entre cartas amarillas, flores secas y papelitos de bombones con que nos obsequiaron alguna vez, vuelve a aparecer para embellecer nuestros días.

Creo que no existe receta alguna que pueda servir para todos los casos por igual. Cada una de nosotras deberá poner en la balanza sus sentimientos. De un lado los recuerdos atesorados, el cariño, la familia, los sentimientos profundos y atemporales… y del otro las nuevas emociones, el vértigo, las promesas, lo posible y lo imposible.

No es una elección fácil, pero seguro en ella nos va la vida. Envíame tus palabras… yo te espero aquí. Ana.

eldivandeana@vosopinas.com

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