La belleza oculta de las tormentasA veces la vida se presenta como un día de tormenta. Desde temprano, nubes violáceas comienzan a tejer una enorme cúpula oscura sobre el mundo y la vida parece empequeñecerse ante su majestuosidad. Los colores parecen cambiar, la atmósfera se hace densa y cobra peso, la tierra adquiere profundidad y la humanidad permanece expectante en esos momentos previos.
En la lejanía, grave y poderoso como el rugido de un león, retumba el trueno. Los animales buscan cobijo y, mientras el viento azota a la vida, la humanidad se refugia dentro de si misma.

 

María del Carmen, cuando leí tu carta, estas imágenes vinieron a mi mente traídas quien sabe por qué brisa, por qué viento o por cuántas gotas de lluvia.
Lo único que puedo decirte es que entiendo tu encierro, tu necesidad de buscar refugio, tu soledad… lo que no puedo decirte es que eso te esté ayudando. En cierta forma, tus amigos tienen razón: el sol está afuera, la vida también.
Sé que parecerá difícil al principio, pero sólo tienes que enfrentar la tormenta de otro modo. Para quien sabe verlo, todo desastre tiene su belleza oculta.

Por ejemplo, no encuentro comparación alguna para el momento exacto en que la primer gota de lluvia toca la tierra sedienta; o para el sonido profundo que hace la naturaleza al mojarse; o para los sepias que se convierten en marrones; para el brillo de los tejados naranjas; ni siquiera encuentro nada comparable a los charquitos de agua de lluvia que sobreviven a los chaparrones.

Toda crisis, como toda tormenta, tiene fin. Mientras ocurre, aprende a disfrutar de la lluvia cayendo a baldazos a tu alrededor, mira a los niños correr persiguiendo barquitos de papel por las acequias… deja tu también que el agua bendita te empape.

Cuando la tormenta cese, será tiempo de salir a disfrutar del sol y ver qué hermoso regalo nos dejó la lluvia. En algún lugar habrá una flor que ha nacido para tí. Ana.-

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