Mujer sin cabezaUna mujer. Una ruta. Un accidente. Un seguir adelante sin mirar atrás.
El último film de la laureada directora argentina, Lucrecia Martel, -en cartel en Argentina actualmente- ha roto muchos esquemas de la crítica cinematográfica y, sobre todo, ha puesto la mirada de miles… tal vez millones… en una figura hasta ahora casi desconocida: María Onetto.

María Onetto es “Verónica” en La Mujer sin Cabeza. Su protagónico ha recibido adjetivos de la talla de “conmocionante” de los críticos del país… y de afuera también. En Buenos Aires, a la salida de las salas, la gente salía shockeada, enojada, embelesada… al menos “tocada” por el personaje de la Onetto.

¿Y quién es ella? ¿De dónde salió?
María Onetto fue primero psicóloga en Buenos Aires, luego estudiante de teatro y luego de eso, durante muchos años, profesora de teatro. Nunca actriz. Es más, ella se define en todos esos años como “no-actriz”.

Y sin embargo María tenía mucho para dar. El día que se subió a las tablas fue para nunca más dejar la actuación. Hizo Faros de color, La escala humana, La casa de Bernarda Alba, Donde más duele, Nunca estuviste tan adorable. Fue Montecristo, en televisión, donde muchos comenzaron a conocerla. Y claro, luego llegó La Mujer sin Cabeza que levantó polvareda en Cannes.

Dicen que María lleva una foto consigo. Una foto amarilla, vieja. La mira y ya sabe cómo luce una mujer con la mirada vacía, con el alma perdida, con el corazón roto.

En esa foto se ve su madre, mirando a la cámara, un tiempo después que su padre muriera repentinamente de un infarto. María tenía apenas un año. En la película, la mirada de Verónica es esa mirada vacua: un defecto en el tiempo, una ruptura en la eternidad, una mujer sin ojos ni cabeza.

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