Cambiar el mundoEn muchas ocasiones, mientras participo de reuniones o conferencias, surge la frase: “…no pretendamos cambiar el mundo, porque no depende de nosotros”. Por una vez, me senté a pensarla en su dimensión más amplia: ¿realmente no depende de nosotros… entonces, de quién?

Levantarse cada día y enfrentar las rutinas con un sentimiento positivo es tarea única e irremediable de cada ser humano. Podemos comenzar el día enojados, hastiados, cansados, lo cual seguramente nos llevará a que terminemos la jornada con igual sensación.

 

A la larga nos daremos cuenta que estamos “gastando” minutos, días y semanas en cosas que no nos hacen bien. Y no hablo del trabajo, de preparar el almuerzo o ir a la facultad… lo que digo es que estamos gastando nuestro tiempo en realizar esas cosas sin ganas.

¿Qué tanto nos cambiaría ponerle algo de sal, pimienta y rock´n roll a nuestros días? Mucho, considero. Un desayuno en el que el café con leche compite con los buenos planes que hemos pensado para la mañana es otra cosa: te pone brillo en la mirada. La jornada de trabajo será menos pesada si la tomamos con algo de gracia, valorando nuestro trabajo con la verdadera dimensión que podemos darle.

Y así, de tan sencilla manera, seguramente estaremos haciendo algo para que el mundo cambie también, porque una persona que disfruta de sus días, que pone el alma en criar y educar a sus niños, que deja el corazón en lo que hace… es una persona que sonríe. Y una sonrisa puede más que decenas de malas noticias.

Cambiar el mundo de la gente que amas puede depender de la calidez de tu abrazo. Cambiar la tristeza de una persona puede depender de lo poco o mucho que lo escuches. Cambiar la realidad de un pueblo puede depender de un pequeño grupo de gente que se una para hacerlo…
En definitiva, cambiar el mundo siempre depende de las personas, porque son las personas quienes conforman los gobiernos, las instituciones, quienes llenan colegios, templos, hospitales o salones de fiesta.

Empecemos desde lo pequeño… seguramente algo sucederá. Ana.-
eldivandeana@live.com.ar

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