Michelle ObamaEn el mundo del espectáculo y el glamour burbujeaban los comentarios desde hace semanas: ¿qué diseñador eligiría Michelle Obama, la nueva Primera Dama de los Estados Unidos, el día de la asunción de su marido?

Hasta se hicieron apuestas y, según los países, iba ganando Lagerfeld y Oscar de la Renta por el otro.

Sin embargo, muchos perdieron. Michelle optó durante el día por la diseñadora Isabel Toledo, mientras que para los diez bailes que la tuvieron en danza, y nunca mejor dicho, unas siete horas, eligió a Jason Wu.

Michelle no siguió el camino de sus antecesoras al elegir color: ni rojo, ni azul, menos negro… el complejo, pero no menos bello, conjunto de encaje de lana suiza en un color entre dorado y verde limón incluía vestido, chaqueta y abrigo.

Digamos también que tanto ella como su marido sorprendieron con sus bufandas, la de ella de un tono ambarino y Barack con un rojo sobre el traje que llevaba… inesperado, pero práctico a la vez teniendo en cuenta los 6 grados bajo cero que hacían fuera del automóvil, cuando paseaban antes de llegar a la Casa Blanca.

Para los especialistas, el vestido de gala de Jason Wu para el baile inaugural gustó mucho más. Blanco, el mismo color que eligieron el de Jaqueline Kennedy y Nancy Reagan, las dos primeras damas estadounidenses consideradas como las mejor vestidas, en sus respectivos bailes inaugurales. Aunque sin guantes de gala.

El diseño de Wu le favorecía mucho más que el de Toledo. Michelle Obama es una mujer alta y ancha de caderas, y le favorecen mucho más los cortes ceñidos a la cintura. El vestido, con un solo tirante, algo drapeado en el pecho, falda muy vaporosa y algo de cola, era sorprendentemente romántico gracias a las aplicaciones de flores, plumas y (juraría que) perlas pequeñitas (o cuentas blancas de otro tipo).

Tal vez Michelle no tenga el glamour de Nancy… o la sofisticada delicadesa de Jacky Kennedy… pero sin dudas tiene altura, atractivo, donaire y, sobre todo, el sutil encanto de parecer una mujer mas entre millones… algo que también empapa a Barack Obama y que sin dudas se convirtió en una de sus más poderosas armas.

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