2009, el año de los astrosHace 400 años, Galileo Galilei creó el telescopio (atribuido en otros a un tal Hans Lipperhey, de Holanda, que en 1608 había intentado patentarlo), con el que a fines de 1609 observó por primera vez los cráteres, montañas y llanuras de la Luna; semanas más tarde, cuatro de las lunas de Júpiter; y más tarde, las fases de Venus.

 

Para conmemorar esa fecha la Unión Astronómica Internacional y las Naciones Unidas lanzaron en la sede de la Unesco el Año Internacional de la Astronomía, una celebración de la antigua pasión del ser humano por escrutar el universo en busca de respuestas.

El movimiento será mundial e incluirá charlas, talleres y actividades públicas de todo tipo en 136 paíse, desde “maratones” de observación a través de telescopios durante 100 horas consecutivas que se espera que incluyan a más de 10 millones de personas, jornadas de puertas abiertas en los observatorios, campañas para disminuir la contaminación lumínica de las ciudades que impiden ver el cielo nocturno a más de un quinto de la población mundial, hasta la puesta en órbita de los telescopios científicos europeos Herschel y Planck.

La fiesta central en París congregará a más de 600 invitados, entre los que se cuentan varios premios Nobel, estudiantes llegados de más de un centenar de países e investigadores. Entre ellos, varios argentinos, como los doctores Alejandro Gangui, del IAFE; Beatriz García, del Observatorio Pierre Auger, y la física y astrónoma tucumana Olga Pintado, coordinadora del nodo argentino de la celebración.

Las observaciones de Galileo tuvieron una trascendencia enorme, porque respaldaron la teoría propuesta por Copérnico 70 años antes. Según explica el historiador de la ciencia Owen Gingerich en un artículo recientemente publicado en Nature, que Venus exhibiera diferentes fases mostraba que el planeta giraba en torno del Sol, y las montañas y los valles de la Luna indicaban que era parecida a la Tierra y no una esfera de éter cristalino, como se pensaba.

Para el especialista de Harvard, “Desde entonces, los dispositivos astronómicos han estado en el corazón de la búsqueda de la humanidad por su lugar en el universo. Podría argumentarse que son tan útiles [o inútiles] para el progreso humano como la poesía. Pero […] como la gran poesía o la construcción de una catedral gótica, la cosmología es un viaje del espíritu humano […] para entender nuestro lugar en la intrincada trama del tiempo y el espacio”.

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