En una de las últimas columnas, Alex dejó su comentario pidiendo ayuda para su soledad. Allí contaba que es mamá separada y sus hijos, ya crecidos, dejaron la casa para seguir sus propios caminos

-sea para estudiar en otra ciudad, para casarse y formar su propia familia, viajando o simplemente formando un nuevo hogar-.

De jóvenes, todos hemos pasado ese momento en la vida en que la necesidad de abrir puertas y ventanas para lanzarse a una nueva aventura se hace irresistible. El problema, en el caso que plantea Alejandra, es la soledad en que ella se siente inmersa luego que todo ese movimiento -anuncios, preparativos, idas, venidas, valijas, mudanzas…- pasó.

Y es entendible, claro: la casa se vuelve inesperadamente inmensa, como si sus paredes se hubieran estirado hasta el infinito y el único sonido fuese el eco de nuestro corazón latiendo solo.

Esta vivencia ocurre a todas las familias en el momento en que los hijos crecen y emprenden su viaje. En los casos en que papá o mamá viven solos, la soledad se hace presente de manera contundente y el cambio es rotundo. En el caso en que papá y mamá viven juntos, la realidad es otra y no por eso estoy diciendo que sea más fácil afrontar los nuevos días.

En “El Nido Vacío”, la película de Daniel Burman protagonizada por Cecilia Roth y Oscar Martínez, se plantea justamente esta problemática. Es una comedia que retrata con humor la reconstrucción de un matrimonio una vez que sus hijos han dejado la casa.
En ella, la pareja de Martha y Leonardo pasa primero por una crisis que cada uno toma a su manera (ella volviendo a la universidad, hiperactiva; él hundiéndose en su propio mundo de letras y libros, escribiendo un cuento con su propia existencia).

Luego vendrán el redescubrimiento de sentimientos, las diferentes miradas y los avatares de una pareja que debe volver a reencontrarse en la convivencia.

Personalmente creo que la vida es siempre un camino de ida con infinitos cruces, desvíos, obstáculos y bellos paisajes. La manera en que cada uno la recorre, disfrutándola o sufriéndola, depende de la capacidad de transformarse ante lo nuevo, de la fortaleza y de las ganas que ponemos en cada pequeña cosa que hacemos.

Querida Alex, tus hijos no han “dejado” el hogar sino que han emprendido su propio camino, seguramente extrañan la cotidianeidad de los días juntos tanto como vos, pero deben hacerlo: algún día volverán cargados de nuevas experiencias y sensaciones, mostrándote el mundo con nuevos ojos y lo disfrutarás también.

Mientras… tu propia vida merece volver a tener toda tu atención. Tu casa podrá llenarse nuevamente de las risas de tus propios amigos; tu reloj dejará de preocuparse de horarios de colegios y tendrás tiempo para hacer las cosas que siempre quisiste; tu corazón puede emprender su propio camino también.

Espero estas simples ideas sirvan a quienes, como Alejandra, se sienten solos. La felicidad está al alcance de la mano, solo hay que dar los pasos correctos para alcanzarla.

Abrazos. Ana.- eldivandeana@live.com.ar

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