Junto con la Ley de Radiodifusión, la Ley de Entidades Financieras datan de la época de la dictadura

(con la firma de Videla y Martinez De Hoz), para vergüenza de muchos dirigentes políticos de la democracia. A continuación ponemos a consideración de los participantes de la página un articulo de la Revista Debate, en donde se analizan aspectos de la Ley de Entidades financieras, de acuerdo a la óptica de Carlos séller, dirigente de Credicoop.

La modificación de la Ley de Entidades Financieras, de la época de la dictadura, es otra de las cuentas pendientes de la democracia. Con la eclosión de la crisis financiera internacional, quedó en evidencia que el sistema no puede quedar al libre albedrío del mercado. Ése es el principal eje de discusión en Estados Unidos, el Grupo de los 20 y en la Argentina. Durante el último viaje presidencial a Cuba, el banquero Carlos Heller tuvo la oportunidad de señalarle a Cristina Fernández de Kirchner la necesidad de avanzar en una nueva normativa de Entidades Financieras.

¿Cuáles deberían ser los principales lineamientos de una nueva Ley de Entidades Financieras?

La nueva normativa debería definir la actividad bancaria como un servicio público. ¿Por qué? Simplemente, hay que observar lo que está pasando en el mundo a partir de la crisis de las hipotecas subprime o, sin ir más lejos, lo que ocurrió en la Argentina, en 2002, para entender que el sistema financiero no debe estar exclusivamente en manos del mercado. Así como hay un caño que transporta agua corriente y, otro, electricidad, existen unos canales menos rígidos e invisibles por los cuales transita el sistema financiero, que debería ser para todos.

¿Cuáles serían las características de ese servicio público?

Por definición, debe ser universal, todo el mundo tiene que tener acceso al sistema financiero y una cobertura geográfica adecuada. Además, las condiciones de acceso deberían ser compatibles con los distintos sectores de la sociedad.

Cuando uno dice “servicio público” no quiere implicar que todo será prestado por empresas estatales. En la nueva Ley de Radiodifusión se explicita que un 33 por ciento del mercado será para el Estado, otro 33, para el sector privado y, otra parte igual, para los sectores sociales. Creo que el sistema financiero debería contemplar la misma división, donde habría prestamistas públicos, privados y sociales.

De llegarse a una nueva Ley de Entidades Financieras, ¿cómo cree que reaccionará el establishment?
De la misma manera que actúa siempre. Es muy difícil imaginar cambios sin conflictos. La conflictividad es inherente al cambio. Y esa conflictividad no la generan quienes pugnan por el cambio sino aquellos que quieren resistir y mantener su statu quo. En cada uno de los terrenos, ocurre lo mismo. Pasó cuando se quiso cambiar las reglas de la renta agraria, o cuando se eliminó el sistema de AFJP. Ocurriría algo similar si se quisiera avanzar sobre la renta minera. Cuando se modifican las reglas, se lo hace para beneficiar a algunos actores que antes eran más vulnerables, donde inevitablemente habrá conflictividad.

Los chacareros que cortaron rutas, ¿son defensores del establishment agropecuario?

Más allá de que puedan discutirse algunos aspectos puntuales, el concepto de retenciones móviles significaba (y significa) la posibilidad del Estado de meterse en la rentabilidad de las empresas. Es un tema muy de fondo y no importa tanto si la alícuota es del 35, 40 o 60 por ciento. El concepto móvil, que hacía crecer la alícuota a medida que avanzaba el precio de las commodities, es algo muy avanzado porque se mete de lleno con la rentabilidad empresaria, dentro de un modelo que no admite tal intromisión. Por ejemplo, la industria automotriz tuvo cinco años fantásticos, se vendieron autos como nunca. Pero apenas cayeron las ventas, comenzaron las suspensiones y ajustes. ¿Por qué?

Por rentabilidad…

Quieren recuperar sus niveles de rentabilidad. Los balances de las empresas que cotizan en la Bolsa argentina -que son las compañías más grandes del país-, indican que, en el último trimestre, tuvieron una caída de la rentabilidad del 6,5 por ciento. Su ganancia fue un 6,5 por ciento menor que la que tenían antes. No es que tuvieron pérdidas. La remisión de utilidades de las empresas extranjeras fue igual que en los otros trimestres. Sin embargo, todos hablan de recortes y ajustes. Ante la sola perspectiva de una baja en la rentabilidad, el sector privado piensa automáticamente en ajustar a los sectores más vulnerables. Ése es un modelo que hay que cambiar.

A partir de la eliminación de las AFJP, la Anses comenzó a tener un rol determinante en la regulación de la tasa de interés. ¿Considera que el Estado está ensayando una banca de desarrollo?

Hay un efecto testigo muy importante en el sistema financiero, que es el mecanismo de licitación de las Anses. Las AFJP licitaban fondos que eran otorgados a quienes ofrecían una tasa de interés mayor. Incluso, las administradoras privadas inducían al sistema financiero a aumentar esa tasa. Ahora, la Anses licita para ver quién está dispuesto a cobrar menos. Se está generando un segmento a tasa regulada, a plazo cierto y con destino determinado. Esto es un cambio importante, dentro de un sistema financiero que todavía está regulado por una ley de la dictadura que le permite a los bancos hacer cualquier cosa, salvo lo que esté expresamente prohibido. Por eso, se necesita un nuevo marco regulatorio que le permita al Banco Central tener un rol más fuerte en la regulación del sistema financiero.

¿Cree que la flotación administrada del dólar podrá sostenerse en el tiempo, sobre todo, teniendo en cuenta el escenario poselectoral?

En la medida en que se conserve la seguridad macroeconómica, sí. Muchos conservan el reflejo de otros tiempos, cuando la Argentina tenía déficit de su balanza comercial y fiscal. Pero, en la medida en que haya reservas (actualmente están en el orden de los 47 mil millones de dólares) y se mantengan los superávit gemelos, no creo que haya problemas. En cuanto al valor del dólar, no veo un cambio de estrategia luego de las elecciones. El Central seguirá moviendo el tipo de cambio en función de las oscilaciones de otras monedas.

Siempre hay sectores que piden un tipo de cambio más competitivo, pero lo que hay que pensar es que el tipo de cambio afecta, en primera medida, a los precios internos y al poder adquisitivo de la población. En la Argentina, hay una cultura dolarizada, que hace convertir cualquier cosa en esa moneda. ¿Qué significa una devaluación? Que bajarán los costos de las empresas que exportan para aumentar su rentabilidad.

Dejanos tu opinión:

– ¿Estas de acuerdo con la óptica de Carlos Séller?
– ¿La actividad Bancaria debe ser un servicio público?

Deja un comentario