Máxima Zorreguieta dejó su tranquila casa en Buenos Aires para mudarse a un principesco castillo en Holanda. La mimada de la Casa de Orange ha logrado que en aquel país se instalen parrillas que ofrecen carnes pampeanas y hasta tienen platos en su honor.

Si contamos su historia, debería comenzar así: “Había una vez una pequeña niña que soñaba con conocer a un apuesto príncipe y vivir para siempre felices en un enorme castillo medieval”… Lo de apuesto príncipe tal vez no lo sea tanto, pero todo lo demás a Máxima Zorreguieta, argentina, economista, ahora princesa de la Casa Real de Holanda, se le cumplió.

Acaban de conocerse algunos anticipos de lo que será la primer biografía -no autorizada- de la Princesa Máxima. En ella sus amigas del colegio Northlands, de Buenos Aires, cuentan cómo conoció al príncipe Willem Alexander, octavo en la dinastía Orange.

Máxima nación en Buenos Aires en 1971 y luego del Northlands estudió Economía en la UCA. Su vida transcurrió entre Argentina y Nueva York, donde vivió unos años y donde una de sus mejores amigas le presentó al heredero de la corona holandesa.

El libro cuenta que cuando fueron presentados, ella no murió de amor apenas lo vio. Tampoco le pareció demasiado apuesto. Es que siempre le gustaron morochos, latinos prototípicos. Y Willem Alexander está muy lejos de serlo.

Se vieron por primera vez en marzo del 99. El encuentro se produjo gracias a Cynthia Kaufmann, infaltable en los eventos de la elite neoyorquina, había conocido a Willem Alexander en el maratón de Nueva York, cuatro años antes. Luego lo cruzó en alguna que otra fiesta, en la Gran Manzana y en Europa; tenían amigos en común y entre ellos, sin ser íntimos, armaron una relación cordial y confidente. Hasta que aquel día de esquí en Stratton, a Cynthia, celestina amateur, se le ocurrió que Máxima le encantaría a su amigo príncipe. Incluso le envió por e-mail algunas fotos de la argentina que lo impactaron: Máxima bailando, Máxima montando a caballo, Máxima con tailleur de ejecutiva… No hubo imagen en que Willem Alexander no la viera perfecta.

-Esta mujer es divina -le comentó a Cynthia.

-Y cuando la conozcas, te vas a enamorar. Máxima es para vos -le prometió la chica.
Parece que dio en la tecla ya que hoy, varios años después, la pareja real continúa muy unida y están considerados entre los representantes de la monarquía europea más queridos por su pueblo. Tienen tres hijas Amalia, Alexia y Ariane lo cual no es un problema para la sucesión ya que en Holanda no se exige que la corona pase al primogénito varón, como en casi todas las otras monarquías, sino al hijo o hija mayor.

Máxima se ha convertido además en un ícono de la moda y del buen estilo. Ha generado a su alrededor un fervor que los medios europeos llaman la “Maximanía” y con su rostro y nombre existen postales, vajilla, cuadernos, agendas, posters, muñecas, revistas, libros, tortas, cartucheras, perfumes, flores y hasta píldoras para adelgazar.

¿Un detalle argentino? En Holanda, en la céntrica calle Dam proliferaron las parrillas con nombres elocuentes: Los Gauchos, La Boca, Las Marías, Pampa. Una hamburguesería de Amsterdam ofrece la Maxi Burger de carne auténticamente pampeana y un bar local incluye en su carta el plato “Máxima a la salsa Willem Alexander”, una tajada de panceta con especias de Sudamérica que se completa con un aderezo anaranjado.

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