Cada edad tiene su piel. Y eso es lo que profundizaremos en esta nota, gracias a interesantes investigaciones realizadas y publicadas por Malu Pandolfo -columnista del diario La Nación- en las que se propone la prevención desde los productos cosméticos hasta un cambio en la alimentación, teniendo en cuenta la edad de cada una.

Veamos: los problemas con los que nos enfrentamos cada día, al mirarnos en el espejo, pueden ser múltiples. Pequeños o enormes, con posibilidad de ser reparados o al menos de ser mitigados.
Arrugas de expresión, falta de tonicidad, manchas en la piel, deshidratación… Cada edad tiene sus flancos débiles, que a medida que avanzan los años son más profundos. Tomando como punto de partida una piel cuidada, expuesta al sol sanamente, un resumen de lo que cada una necesita, según la edad.

Primer paso: Más allá de los cuidados y las prevenciones, la predisposición genética siempre influye en su estado. No todas las pieles maduran de la misma manera. Las seborreicas, que dan tanto trabajo en las primeras etapas de la vida, son las que mejor envejecen, porque es como si tuvieran una lubricación propia. Las pieles oscuras también se ven beneficiadas respecto de otras porque son más resistentes a los embates del clima. Y las pieles asiáticas son de las que llegan en mejor estado a la madurez debido a una cuestión genética. En cambio, las más desfavorecidas son las pieles con fototipos bajos; es decir, las más blancas, que se deshidratan más, se ven más las arrugadas y más flácidas.

Segundo paso: A partir de los 30 años. Se suman cuidados para combatir los signos del paso del tiempo, como las arrugas gestuales, que empiezan a asomar. Es el momento de incorporar productos antienvejecimiento en la rutina. Por ejemplo, los estimulantes de la formación de colágeno, como el ácido retinoico, glicólico, mandélico, o factores estimulantes de crecimiento epidérmico. También es el momento de adoptar antioxidantes, como la vitamina E, C; el ácido ascórbico, y el extracto de té verde. Y comenzar a usar cremas para el contorno de ojos. Para pieles seborreicas, la indicación son los peelings con ácido salicílico y la microdermoabrasión, que ayudan a renovar la piel y mejorar su calidad.

Tercer paso: Más de 40. Los tratamientos entonces dejan de ser preventivos. Ya puede haber formación de arrugas y de manchas; también pueden apreciarse cambios de textura y pérdida de tonicidad. A diario se mantienen las rutinas anteriores, añadiendo cremas antiage con vitamina C durante la noche para lograr una renovación celular más activa. Es el momento en el que se empieza a recurrir a técnicas más profundas como los láseres, la luz pulsada intensa, el láser de luz infrarroja (estimula la formación de colágeno para tensar la piel), la mesoterapia con ácido hialurónico, los rellenos con el mismo ácido y ácido poliláctico, y la toxina botulínica, para las arrugas de expresión y del cuello.

En adelante. Con la menopausia, al perder estrógenos, la piel se deshidrata. Entonces hay tendencia a la formación de arrugas y a la profundización de surcos. Los mismos productos y tratamientos ya probados se repiten en mayores dosis y frecuencias. Se pueden añadir cremas tensoras con neuropéptidos para atacar la flacidez que se instala con intención de quedarse. Los ácidos retinoicos, glicólico y hialurónico siguen vigentes de manera tópica, en rellenos o en mesoterapia. También son efectivos el aloe vera y el furfural adenina para combatir el paso del tiempo. Se pueden agregar tratamientos de hormonoterapia sustitutiva con buenos resultados. La radiofrecuencia se indica para recuperar el tono, ya que ataca la flacidez.

 

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