El oficialismo se impuso en casi todo el país y es el único que crece en cada elección. En su brillante debut como candidato, Fernando Haddad obtuvo la alcaldía de San Pablo derrotando al experimentado José Serra. La influencia de Lula.

El gobernante Partido de los Trabajadores (PT) se ratificó ayer como el más poderoso de Brasil y el único que crece elección tras elección. Con el triunfo de Fernando Haddad en San Pablo, el de su aliado Gustavo Fruet en Curitiba y otros tantos propios y asociados en toda la geografía del país, el partido de la presidenta Dilma Rousseff y de su predecesor, Luiz Inácio Lula da Silva, le asestó un duro golpe al derechista Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) y sorteó la fenomenal campaña de descrédito que la semana pasada terminó con una condena del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) a varios de sus más connotados dirigentes.

Haddad, un académico de brillante trayectoria universitaria y escasos antecedentes políticos, derrotó por algo más de 13 puntos porcentuales a José Serra (PSDB), para quedarse con la alcaldía de la mayor ciudad de América Latina. Por su parte, Fruet, del Partido Democrático Laborista (PDT) e integrante de la coalición que a nivel nacional respalda a Rousseff, derrotó por algo más de 30 puntos al candidato del PSDB en Curitiba –capital del sureño estado de Paraná–, poniéndole fin a 24 años de preeminencia absoluta de la derecha.

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