Fue 0 a 0 en los noventa minutos, con un juego errático y aburrido. Pero en la definición desde los 12 pasos apareció la mística Xeneize y se quedó con el segundo Superclásico del verano. Video.

Carlos Bianchi sacó a relucir este martes su vieja pero efectiva fórmula de ganar por penales para llevarse de Mendoza el segundo Superclásico del verano. En los noventa minutos, Boca y River entregaron un espectáculo muy pobre, con escasas intenciones y emociones, y el 0-0 le hubiera quedado perfecto si no fuera porque había que entregar la copa Luis Nofal. Entonces, llegaron los penales y el 5-4 que festejó el Xeneize muletto.

El primer tiempo comenzó con un rápido avance de los de Ramón Díaz que dejó a Rogelio Funes Mori solo por la izquierda para que definiera cruzado y afuera. Parecía un presagio de un desarrollo vibrante, pero todo quedó en promesas.

El trámite se consolidó enseguida parejo, con alguna pierna fuerte y con fuerte anclaje en el mediocampo, donde los de Carlos Bianchi lograron neutralizar a sus pares millonarios de la mano de Cristian Erbes aunque no generar juego de peligro hacia los últimos metros.

Mucho después, cerca ya del descanso, llegó la otra oportunidad del período para los de Núñez: entró en juego Leonel Vangioni por la izquierda y Rodrigo Mora cabeceó al segundo palo sin puntería. Aún en un marco opaco, los de la Banda lograban mayor profundidad.

Pero, si la etapa inicial rozó el aburrimiento, el complemento provocó un largo bostezo. Muy poco vértigo, escasa precisión e ideas nulas de ambos lados, con los arqueros como meros espectadores. Apenas cortó el bodrio una pelota que recibió Pol Fernández, Marcelo Barovero salió a cortar, Erbes probó tras el rebote y Vangioni despejó en la línea.

Después de tantos desaciertos, el pitazo final que adelantaba los penales tuvo sabor a alivio. De entrada, acertó Erbes y Oscar Ustari se lo tapó a Vangioni. Después marcaron Lucas Viatri y Leonardo Ponzio, pero River emparejó cuando Barovero se lo tapó a Emiliano Albín y convirtió Manuel Lanzini. Después, no fallaron Fernández ni Nicolás Blandi por un lado ni David Trezeguet (aportó poco cuando entró en el segundo tiempo) ni Mora por el otro.

Así las cosas, llegó la serie de uno: Christian Cellay hizo el suyo, pero Ariel Rojas tomó escasa carrera y cruzó un tiro anunciado que Ustari tapó arrojándose a su izquierda. Final, festejo sin euforia en las tribunas y sonrisas tímidas entre los protagonistas de Boca. Sin dudas, fue un clásico para olvidar pronto.

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