La promulgación de la Ley de Identidad de Género hizo que los 18 pacientes que solían estar en lista de espera se multiplicaran a unos 130. Cuáles son los mitos alrededor de las intervenciones de reasignación genital y cómo son los tratamientos hormonales.

Por: Tiempo Argentino

Desde la promulgación de la Ley de Identidad de Género, en mayo de 2012, cerca de 1700 personas realizaron el cambio registral en el DNI. Sin embargo, la otra vertiente de la norma, aquella que obliga a los servicios de salud, ya sean públicos, privados o de obras sociales, a garantizar el acceso a tratamientos hormonales y operaciones de reasignación genital, no tuvo progresos concretos, ni se ha avanzado en el diseño de un Plan Nacional de salud integral para poblaciones trans. César Fidalgo, jefe de urología del Hospital Ricardo Gutiérrez de La Plata, encabeza el primer equipo interdisciplinario del país que, desde 1997, realiza este tipo de intervenciones. En diálogo con Tiempo Argentino, Fidalgo cuenta cómo fueron los primeros pasos, qué cambió con la ley y cuáles son los desafíos a futuro. “Estamos convencidos de lo que hacemos”, asegura.

–¿Cuándo empezaron a trabajar en el tema?
–Fue en 1997, cuando una paciente concurrió al hospital con una autorización judicial para una reasignación de masculino a femenino. En aquel momento regía un decreto de ley 17.132, de Juan Carlos Onganía que prohibía este tipo de intervenciones, salvo previa autorización judicial. Juana había recorrido distintos centros de salud pero no había conseguido que ninguno la operara. Nosotros le dijimos que si nos daba tiempo para formarnos, lo hacíamos. Así que viajamos a Chile, donde no estaba prohibido, y se realizaban reasignaciones en el ámbito privado hacía muchos años. Por la gran repercusión que tuvo este hecho, nos ubicaron como un centro de referencia y comenzamos a tener consultas de distintas parte del país.
–¿Por qué tomó la decisión de formarse en el tema?
–En primera instancia, desde lo quirúrgico y lo profesional, nos parecía importante dar ese paso. Pero además hablamos con Juana y tenía una historia de vida que nos conmovió. Nos convocó la posibilidad de ayudarla. Y eso se repitió luego con cada uno de los pacientes. Nosotros estamos convencidos de lo que hacemos porque les damos la posibilidad de rencontrase, de vivir una vida distinta. Como jefe de urología tomé entonces la decisión de operarla y formar un grupo de reasignación sexual, que luego quedó conformado por psicólogos, ginecólogos, cirujanos generales, y plásticos. También trabajamos con el servicio de asistentes sociales. En esos años, previos a la ley, tuvimos unas veinticinco consultas anuales y una lista de espera de 18 pacientes.
–¿Y ahora? ¿Qué cambió con la ley?
–En estos momentos tenemos 130 en lista de espera. Pero además, la ley cambió la forma en que llegan los pacientes. Antes, al tener que pasar por la justicia, procesos que podían durar diez años, nosotros íbamos conociendo al paciente, estrechando el vínculo. El grupo orientaba, aconsejaba, muchos pacientes no sabían que no podían hacerlo sin autorización. Nos preguntaban cuáles eran los pasos y los peligros. Hoy vienen de otras provincias, de todos lados, y la relación es más expeditiva.
–¿Se trata una intervención compleja?
–Los riesgos son los habituales a cualquier cirugía que dure entre cinco y seis horas de anestesia, en el quirófano. Como cualquier cirugía se necesita una formación teórica, práctica, y lo que llamamos una curva de aprendizaje. Después de realizar, 20, 25 empezás a sentirte cómodo con la técnica. Es un proceso que lleva años.
–¿Y cómo son los tratamientos hormonales?
–Los tratamientos hacen una preparación previa del cuerpo, que le da la posibilidad a la persona de pasar de femenino a masculino o de masculino a femenino. Muchos deciden quedarse en esa instancia, desarrollar mamas, que la piel se adelgace, las caderas se ensanchen, se modifique el vello. Algunos porque no quieren una intervención, no se sienten cómodos, o tienen miedo. Los tratamientos hormonales ya les devuelven una imagen más parecida a la que desean.
–¿Creció con la ley la demanda de trans varones?
–La proporción es tres o cuatro a uno, más o menos lo que estadísticamente vemos en el servicio a nivel mundial. La ley no cambió eso. La ley lo que hizo es aumentar la demanda
–¿Operaron menores de edad?
–La primera y única paciente fue una chiquita de Córdoba, de Villa Dolores, Nati. El papá era médico y la mamá, profesora. Vinieron cuando tenía trece años porque se sentía mujer y querían saber los pasos. Fueron al psicólogo, y él les aconsejó que se haga la operación. Pero la autorizaron recién llegó cuando tenía 17 años. Fue en el límite, porque la paciente ya no aguantaba vivir en un cuerpo en el que no se sentía feliz.
–¿Qué opina de quienes se resisten a las intervenciones en menores de edad?
–No hay que generalizar. Estamos hablando de una cirugía que es irreversible, y uno quiere que el paciente esté maduro. Biológica y psicológicamente maduro. Es lógico que algunos profesionales estén inseguros. En algunos casos, se puede empezar con un tratamiento hormonal. Lo que pasa es que cuando son adolescentes empiezan a desarrollar características sexuales que no son las que ellos quieren, eso les produce un profundo malestar. Son pacientes que tienen que estar acompañados psicológicamente. Pero hay muchos tratamientos que pueden atenuar ese dolor y que son reversibles. Y luego llegar a la cirugía al momento en que es inevitable, cuando ya no hay alternativa.
–¿Por qué es importante un equipo interdisciplinario?
–Esto no puede ser la decisión de una persona sola, porque cada paciente necesita cosas distintas. En nuestro caso, se trató de una primera motivación del equipo de urología, con el cirujano plástico. Pero con el correr de los años nos dimos cuenta que pasaba por tratamiento y asistencia psicológica y social. El mismo hospital se  ha ido acostumbrando a contemplar a las pacientes trans en los pasillos, como el resto de la población. Porque yo me rehuso a hacer un consultorio aparte, eso es también un acto de discriminación.
–¿Cómo fue el desafío desde el punto de vista humano?
–Fue fantástico, el agradecimiento y el vínculo que se entabla a través de los años nos reconfortan, vemos que estamos haciendo algo por el individuo. Poder dar una solución y ver cómo le cambia la actitud y la vida. Una vez un paciente me dijo que lo primero que iba a hacer es poner espejos en su casa porque antes le daba vergüenza verse. Eso es fantástico.
–La ley dice que los efectores del sistema público de salud, estatales, privados y de obras sociales, deben garantizar en forma permanente este derecho, ¿qué debe suceder para eso?
–Con la ley no se soluciona todo, pero nos va a ayudar cambiar de actitud. Se van abriendo distintos hospitales, consultorios amigables para que se pueda acceder a la salud o la consulta. El cambio en la sociedad va a llevar años. Hace 17 años estos temas  eran tabú. Hoy la gente sabe la problemática, empieza a diferenciar por qué alguien quiere algo y otros no. La sociedad se ha ido abriendo y eso va a seguir. Y las autoridades sanitarias vamos a tener que asignar recursos porque necesitamos gente capacitada, prótesis, hormonas. Todo esto es un costo que escapa. Nosotros tenemos gente que está viniendo de otras provincias, que se están formando, pero son procesos que van a llevar tiempo. Es muy difícil formarse cuando no hay centros.
–¿Ustedes funcionan como un centro de formación?
–Sí, pero no podemos albergar a profesionales. Lo hacemos de forma pautada. Siempre tenemos médicos visitantes, de la provincia de Buenos Aires y de las otras provincias del país. Pero el acceso es limitado. Santa fe está desarrollando hace muchos años una atención vinculada a tema de diversidad, y está haciendo un buen trabajo. Hay efectores sanitarios que están motivados, pero llevará un largo proceso.  «

 Casos emblemáticos

 Cuando tenía 50 años, Juana Luffi se convirtió en la primera mujer trans en ser operada en el país por el equipo del Doctor César Fidalgo.

En 2003, seis años más tarde, el Hospital Gutiérrez recibió el primer caso de una trans menor de edad, “Naty”. Tenía trece años y tuvo que esperar hasta los 17.
Otro de los casos más difundidos fue el de Alejandro Iglesias, el joven participante de Gran Hermano.

 Servicios “amigables”

Más allá del ejemplo de Hospital Gutiérrez de La Plata, existen distintos servicios de salud amigables para la población trans. Entre las iniciativas aisladas, uno de los más antiguos es el de la Municipalidad de Rosario. Desde 2007 y por intermedio de la Secretaría de Salud Pública y el área de la Diversidad Sexual, la localidad brinda tratamientos hormonales a mujeres y varones de forma completamente gratuita. Hasta ahora, cerca de 200 personas trans han sido atendidas en el servicio, que se plantea como una puerta de ingreso “amigable” al sistema sanitario local y que permite realizar un pormenorizado seguimiento del proceso identitario de mujeres y varones de todas las edades. Servicios con similares características funcionan en el Hospital Iturraspe de la ciudad de Santa Fe y los Hospitales Durand y Fernández de la Ciudad de Buenos Aires, y en varias localidades del Conurbano bonaerense, y algunos centros de salud de la provincia de Córdoba.

“Apoyamos lo realizado y esperamos que pronto se extienda a todo el país y se amplíe en cobertura y prestaciones sanitarias. Este tipo de servicios está incluido en el Plan de Ciudadanía LGBT de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT), que cuenta con el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y ONUSIDA Argentina”, señaló al respecto Esteban Paulón, presidente de la FALGBT y agregó: “el Estado en todos sus niveles tiene una responsabilidad indelegable en materia de acceso integral a la salud para las personas trans. Por eso al tiempo que celebramos los avances en varias ciudades del país, exigimos al Ministerio de Salud de la Nación la creación de un Programa Nacional de Salud integral trans, a fin de coordinar las acciones presentes y futuras en esta materia tan necesaria para la dignidad y la igualdad del colectivo trans.
 

 Ablaciones, sin orden judicial

 A finales de 2012, EI Hospital Paroissien de La Matanza realizó a Ian Breppe  la primera extirpación de ovarios y útero en la provincia de Buenos Aires sin necesidad de contar con una orden judicial que la autorice. 

Las autoridades sanitarias locales explicaron que el caso fue sustancialmente diferente a las cirugías de reasignación genital que suelen realizarse en territorio bonaerense, porque en aquella oportunidad no hubo una modificación de los genitales, sino una ablación. 
Según explicó el director del centro asistencial, doctor Alejandro Royo, hace un año existe en ese nosocomio un consultorio amigable, que funciona como espacio de asesoramiento y atención a la comunidad LGTB.

 Sin acceso por la discriminación

 Investigaciones epidemiológicas del Ministerio de Salud estiman que las mujeres trans tienen una esperanza de vida de 37 años. Una de cada tres vive con VIH. Y según un informe de la Asociación de Lucha por la Identidad de Travestis y Transexuales (ALITT), el 40% de las personas trans nunca ha asistido a un centro de salud y el 56% lo ha hecho en pocas oportunidades. Las razones más mencionadas son el miedo y la discriminación.

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