Sus objetivo son: formar y capacitar a los futuros cuadros y dirigentes para la administración y gestión gubernamental, proporcionando estrategias de análisis para la gestión participativa de políticas públicas.

En estos tiempos en los que se discute el rol del Estado que nos legó la década del 90, que fue cuestionado por el modelo político que instaló el gobierno surgido en 2003, Noticias Urbanas entrevistó al director de la Escuela Nacional de Gobierno, que es el organismo que se ocupa de formar los cuadros políticos que deben conducir los diferentes estamentos gubernamentales y también el que debe formar a los dirigentes de los partidos políticos.

Marcelo Koenig atiende a NU en sus oficinas, ubicadas en el edificio de Diagonal Norte 511, para definir el nuevo rol de este Estado, que se va alejando del modelo de los 90, que busca administrar el conflicto social y liderar el crecimiento industrial como funciones principales.

–¿Qué es una escuela de gobierno y para qué sirve?

–Cuando fue constituida la Escuela, en los 90, fue concebida como un espacio para formar a la clase política en un esquema neoliberal. Para conseguirlo, se buscaba divorciar lo más posible lo político de lo técnico. Así, se formaban técnicos asépticos –tecnócratas– que reprodujeran esa ideología en cuanto a su concepción de un estado ausente. Cuando llegamos a esta oficina, en un mueble muy lindo encontramos los archivos de la producción intelectual del Instituto Nacional de la Administración Pública y de la Escuela Nacional de Gobierno y hallamos una documentación que difícilmente sea aplicable hoy. Entre estos papeles encontramos un documento que explicaba qué nivel de desempleo era necesario para construir una sociedad moderna, para dar un ejemplo. Todo esto era parte de esa matriz neoliberal con la que se formó a muchos funcionarios públicos. La otra cuestión que había tenía que ver con la formación de la clase política. Solamente podían participar en la Escuela de Gobierno personas que eran recomendadas por los partidos políticos con representación parlamentaria. Por esta razón, solamente acudían aquí representantes del peronismo y el radicalismo, a los que después se les agregó gente del Frepaso. Ellos eran los únicos que podían acceder a la formación que se daba en esta escuela. Otra característica que tenían los cursos de formación era que se hacían solo en Buenos Aires, y en el interior se becaba a los asistentes para que vinieran a Buenos Aires. Esto determinaba que los becarios terminaban siendo los hijos del poder. ¿A quién recomendaba un gobernador, un senador o un diputado del interior? A un pariente o a un amigo. Nosotros queremos romper con esa matriz en esta nueva etapa de la Escuela de Gobierno. Primero la pensamos como una escuela de políticas, porque el gobierno no hace otra cosa que ejercer el poder en el seno del Estado por medio del conjunto de personas que fueron legitimadas democráticamente por el voto popular. Para aportar en este proceso, nosotros queremos formar los cuadros políticos y técnicos que sean parte de este proyecto.

–¿Qué necesidades detecta la Escuela de Gobierno que tiene el Estado? ¿En qué áreas tiene que formar a sus cuadros?

–Se pueden exponer en dos planos. Por una parte, es necesario dar una formación política básica, porque en la recuperación de la política que se produjo a partir de 2003, con la aparición de Néstor Kirchner, que planteó –y luego lo cumplió– que no había que dejar las convicciones en la puerta de la Casa Rosada, se produjo un aluvión de jóvenes y no tan jóvenes que recuperaron la política como herramienta de transformación y se incorporaron en un proyecto que sentían que los representaba y, por lo tanto, requieren de una fuerte formación política para cualificar su participación. Nosotros tenemos nuestros ojos apuntados a eso, a tratar de cualificar la intervención política de toda esa gente que se incorporó a este proceso. Después, por otra parte, nosotros creemos que hay que ser capaces de discutir esa matriz neoliberal en la construcción del Estado de la que hablaba antes, porque nosotros aún estamos en el proceso de construir nuestra propia matriz acerca de cómo debe ser conducido el Estado. Estamos resignificando el Estado a partir de la práctica concreta. Por ejemplo, en 2003, pensar que se iba a nacionalizar YPF era, más allá del análisis de la correlación de fuerzas, algo que quedaba lejos de la matriz ideológica de la mayoría de los que tenían alguna responsabilidad en la conducción, incluso de los bienintencionados.

–Dentro de esa matriz del neoliberalismo de la que habla, hemos podido ver que lo primero que hicieron sus ejecutores fue destruir el Estado. Entonces, a este Gobierno le cabe la responsabilidad de reconstruir eso que se destruyó, esas herramientas.

–Yo creo que resignificar el rol del Estado es una de las discusiones centrales. Si partimos del Programa de Formación Política Federal, nosotros hacemos todo lo contrario de lo que hacía aquella Escuela de Gobierno originaria. Hacemos nuestras actividades principales en el interior, por lo que ahora vamos a tener, por lo menos, un aula en cada provincia para que se forme el que se quiera formar, sin pedirle el requisito de poseer un título universitario para que se pueda formar políticamente. Apuntando a esa necesidad, en estos cursos se va a discutir el rol del Estado en la economía, en la sociedad. El vínculo entre Estado y sociedad es la otra cuestión principal que va a estar en el centro en lo que nosotros llamamos Debates para la Profundización. Son espacios políticos de debate en los que invitamos a especialistas y militantes, en especial gente del Estado y de la Academia, en los que se dan las discusiones. Esto se puede hacer recién por estos días, porque hoy el Estado ha avanzado en la recuperación de la legitimidad como agente económico y como ordenador de la sociedad. No nos olvidemos que nosotros partimos en 2001 desde un “que se vayan todos”, que no significaba solamente una crisis de representación política, sino que también era la crisis de la legitimidad del Estado como actor y ordenador de la sociedad. Hasta incluso se llegó a plantear el desmembramiento del Estado nacional argentino, una de cuyas consecuencias fue la venta del predio de la Sociedad Rural a precio vil.

–De hecho, a fines de 2001 lo estaban desmembrando.

–Claro, hasta se llegó a plantear la dolarización de la economía. Es decir, proyectaban la pérdida de la soberanía del Estado en materia monetaria.

–En este aspecto, se modificó la Carta Orgánica del Banco Central. ¿Es un aporte en ese camino?

–Es una definición de soberanía. La independencia de los bancos centrales es una idea neoliberal, que favorece a los bancos privados. Poner a los bancos centrales como santuarios es quitarle soberanía al Estado para decidir sobre sus propias políticas, a la vez que cederle ese poder de decisión al sector financiero, una idea que no es nueva. El propio surgimiento del Banco Central de nuestro país, bajo la dirección de Otto Niemeyer, se dio como un banco privado, de capitales ingleses. Esta institución estaba por fuera del poder de decisión del Estado, en la Década Infame, y decidía sobre la marcha de la economía en la peor época de la primera mitad del siglo XX.

–Cuando asume Néstor Kirchner, en 2003, encuentra un Estado que había resignado muchas de sus funciones. ¿Cuáles son los puntos más importantes hoy en la resignificación del Estado?

–Hay una charla que da el Che, cuando va a una conferencia de la Organización de Estados Americanos en Punta del Este, en 1961, a los estudiantes uruguayos. Allí les planteó que había que pintar de campesino a la facultad. Parafraseando al Che, hay que pintar de cabecita negra la facultad. Hay que incorporar a los sectores populares en la solución y no considerarlos el problema. Hay que hacerlo sin temerle al conflicto, empoderando a los sectores populares. Estos deben sentir al Estado no como algo ajeno sino como el lugar donde se construye la solución de sus necesidades. El Estado está yendo en camino a esas soluciones, pero es un camino que hay que construir.

–¿Qué diferencia existe entre ese Estado que tomó el peronismo en 2003, que se asemejaba a una brasa caliente, con el que se va delineando hasta hoy? ¿En qué cambió el rol del Estado?

–Con la actitud del peronismo, que nunca le escapa al ejercicio del poder, que no le pesa, no le quema, no le duele ejercerlo, cambió mucho su rol. La diferencia principal es que en los 90 estaba pensado en su rol de subsidiariedad con respecto al sector privado, a los poderes fácticos. Incluso, la salida de la convertibilidad se dio a través de la pesificación asimétrica, la licuación de las deudas y otras leyes como la de bienes culturales, que volvió a favorecer a todos los sectores económicos más poderosos, en detrimento del resto del país. Hoy, por el contrario, esos grupos económicos se fueron situando en la vereda de enfrente del Gobierno, sin prisa, pero sin pausa. Ese es el desafío que viene ahora, la lidia con los grupos económicos, que perdieron muchos privilegios, porque una burguesía nacional no se crea, se da. Creo que cuando se alimenta una burguesía se exacerba lo que el pensador alemán André Gunder Frank, en la Teoría de la Dependencia, llamó una lumpenburguesía. Existen desafíos, pero el nuevo rol del Estado va a permitir ir enfrentándolos, porque existe una nueva concepción que retoma lo mejor de nuestra historia para seguir adelante.

LOS PRINCIPALES CURSOS EN MARCHA PARA FORMAR DIRIGENTES

La Escuela Superior de Gobierno puso en marcha la “Escuela Proyecto de Participación Popular en Políticas Públicas”. El encuentro se realizó en la sede del organismo, Roque Sáenz Peña 511. De la iniciativa también formaron parte panelistas de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) e integrantes de la Escuela-Proyecto de Participación Popular en Políticas Públicas (Ep5) y constó de un ciclo de ocho encuentros.

El ciclo buscaba la generación de iniciativas para fomentar la participación a través de métodos que faciliten la elaboración e implementación de políticas públicas. La experiencia estuvo dirigida a vecinos de la Ciudad y a miembros de organizaciones sociales, gremiales, políticas, del área estatal y responsables de políticas públicas en general, especialmente.

El ciclo generó un espacio para que los promotores se formen como actores territoriales y puedan transmitir los conocimientos adquiridos. EP5 se extendió durante todos los jueves desde el 23 de agosto hasta el 25 de octubre, cuando se realizó la entrega de certificados correspondientes a los asistentes al ciclo.

Charlas para la profundización

Este ciclo fue diseñado para repasar la historia política, social y económica argentina y, a continuación, analizar cuáles son las prioridades de nuestro país, de cara a las próximas décadas.

El primero de los encuentros, llamado “Constitución y Proyecto Nacional”, contó con la presencia del diputado Nacional Eric Calcagno; el referente nacional de la organización Peronismo Militante, Héctor “Gallego” Fernández; el periodista Eduardo Anguita y el filósofo e integrante del Espacio Carta Abierta, Ricardo Forster.

El segundo encuentro, convocado bajo la consigna: “Trabajo y Justicia Social”, contó con la participación del economista Alfredo Eric Calcagno; del secretario General de Fatpren, Gustavo Granero, y del secretario general de la Central de Trabajadores Argentinos, Hugo Yasky.

En el tercer encuentro, llamado “Construcción de un Estado para Todos y Todas”, estuvieron presentes el diputado nacional Mario Oporto; el abogado constitucionalista Jorge Cholvis y el referente nacional de la Corriente Martín Fierro, Jorge “Quito” Aragón.

Los expositores realizaron un repaso sobre las conquistas legales y sociales llevadas adelante desde el año 2003, y la construcción de un Estado plural e inclusivo con base en la ampliación de derechos civiles, que se traducen en la consolidación y el fortalecimiento de la democracia argentina.

El cuarto encuentro giró en torno a la consigna: “Soberanía y Defensa Nacional” y contó con la presencia del diputado nacional Edgardo Depetri y la secretaria del Centro de Militantes para la Democracia Argentina, Elsa Bruzzone.

Durante el evento se presentó un informe sobre la política de defensa nacional y sus desafíos para el futuro y fue distinguido con el premio “Estrella Federal” el militante y periodista Ernesto Jauretche.

En el quinto encuentro, “Derechos Humanos como Política de Estado”, el panel estuvo integrado por Hernán Letcher, secretario general de la organización Segundo Centenario; el diputado nacional Horacio Pietragalla y el director de la Escuela Superior de Gobierno, Marcelo Koenig.

Durante el encuentro se realizó un homenaje al fallecido exsecretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, y se distinguió con el premio “Estrella Federal” a la presidenta de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora, Marta Ocampo de Vásquez, debido a su compromiso de vida en la lucha por el esclarecimiento de los crímenes de la última dictadura militar y por su lucha por la construcción de una sociedad basada en la memoria, la verdad y la justicia.

El último de los encuentros contó con un panel integrado por Rafael Follonier, representante argentino ante la Unasur, el diputado nacional Carlos Raimundi y Carlos Vilas, politólogo especialista en Latinoamérica. El debate giró en torno a la consigna “Proyecto Nacional e Integración Latinoamericana” y durante el evento se analizó la actualidad regional, considerando el marco político y social, y se destacaron los logros obtenidos bajo el liderazgo de Néstor Kirchner, “uno de los artífices de la consolidación del exitoso proceso de integración latinoamericana que está en marcha”.

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