Cuando hablamos de competitividad ¿de qué estamos hablando? 

Por Emmanuel Pache Movimiento Patria Grande

 La competitividad es uno de los ejes con los que se golpea la política económica y monetaria llevada a cabo por el gobierno nacional. Haciendo un muy breve reseña histórica sobre cómo ha sido tratado este concepto a lo largo de nuestra historia, observamos que desde nuestros comienzos nos quisieron inculcar que “nuestro país solo era competitivo para el sector agrícola”, teníamos que ser un proveedor de materias primas de aquellos países que sí eran competitivos por razones técnicas, que por supuesto la población no podía entender y de paso era mejor no explicar dichas consecuencias que traían aparejadas determinadas medidas en contra de la industria nacional.

Cuando hablamos de competitividad ¿de qué estamos hablando? Hablamos de que al ser un país subdesarrollado (como quieren hacer  ver los sectores que no quieren una Argentina para todos) nos tenemos que resignar a ser el granero del mundo, y que no podemos aspirar a generar un desarrollo industrial que con todos sus procesos (de mayor o menor duración de tiempo) nos lleve a incluir en el sistema económico a aquellos sectores que todavía no han sido incluidos.

Otros países como Alemania, Inglaterra, EE.UU., Japón, etc.han logrado un gran desarrollo industrial debido a décadas de proteccionismo, de medidas tendientes a mejorar la competitividad de las distintas ramas de sus industrias, subsidiando e invirtiendo en cada uno de los aspectos que apuntalan ese desarrollo y encargándose de que los distintos países subdesarrollados solo produjeran aquellas materias primas para las cuales eran competitivos y que a ellos les convenía recibir-agregar valor-y exportar, como podemos ejemplificar el  petróleo en Venezuela, trigo, soja y lana en Argentina, cobre en Chile, etc.

Que hay detrás del discurso que esconden los sectores que no clarifican sobre la competitividad. Escuchamos decir a los políticos opositores  y grandes empresarios argentinos o extranjeros, que los salarios de los sectores trabajadores de nuestro país son muy elevados a comparación de otros países de Latinoamérica, que necesitan un dólar casi a 8 pesos para que sus empresas sean competitivas con respecto a empresas del resto el mundo, etc.

Traduciendo estos conceptos, lo que piden es rebajar el sueldo de la clase obrera argentina, cerrar las paritarias. Quieren hacer creer que el costo de los recursos humanos es el costo más elevado, cuando está demostrado que no es así en las principales ramas de la industria, piden que haya una devaluación para obtener tasas de rentabilidad más altas de las que poseen (que desde ya son muy elevadas) y no les interesa que al devaluar, todos y cada uno de los habitantes de nuestro país va a perder poder adquisitivo en un gran valor.

Hablan de la falta de competitividad para seguir generando inflación a través del poder que poseen al manejar grandes porciones de cada uno de los mercados, como por ejemplo el grupo Techint (que es uno de los que aduce falta de competitividad) el cual maneja casi el 95% de la producción de hojalata en nuestro país.

En definitiva nos quieren hacer creer que hay una situación en la que ellos invierten y no poseen rentabilidad, como si estos grupos económicos no desaparecieran al primer mes en el que no obtuvieran su tasa mínima estipulada de rentabilidad.

Buscan que nuestro país siga siendo funcional a los grandes grupos económicos y que no encare las políticas públicas desde un enfoque de DDHH, la puja distributiva en nuestro país y en cada una de las provincias es muy grande y cada uno de los pasos que se den en cuanto a este aspecto debe ser firme y con un sustento fuerte. La profundización de este proceso industrial creciente que vive nuestro país depende de la articulación de los distintos sectores y de la capacidad de los mismos de poder contrarrestar la colonización cultural del pensamiento único, neoliberal, que hace estragos alrededor del mundo.

“Otra economía es posible” se demuestra en nuestro país y los sustentos teóricos de la misma se van construyendo en nuestro suelo. Y para finalizar como decía un gran maestro que sabía desentrañar lo que había detrás de cada uno de los discursos de los distintos sectores:

 “En economía no hay nada misterioso ni inaccesible al entendimiento del hombre de la calle. Si hay un misterio, reside él en el oculto propósito que puede perseguir el economista y que no es otro que la disimulación del interés concreto a que se sirve” Arturo Jauretche.

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