Desde que el mandatario partió hacia la isla, el gobierno venezolano funciona con normalidad, la comunidad internacional aceptó sin reparos a Nicolás Maduro y la oposición sigue actuando de manera desarticulada y sin una estrategia clara.

Caracas, Venezuela/dpa

 A dos meses de la partida del presidente Hugo Chávez hacia Cuba, donde fue operado por cuarta vez de un cáncer reincidente, Venezuela vive tan en calma como aquel 10 de diciembre. Entonces, Chávez salió de Caracas tras designar al vicepresidente Nicolás Maduro como su candidato sucesor en caso de que no estuviera en condiciones de reasumir y fuera necesario convocar a una nueva elección.

“Quiero decir algo aunque suene duro, pero yo quiero y debo decirlo (…). Mi opinión, firme, plena como la luna llena, irrevocable, absoluta, total, es la de que si mi ausencia obligara a convocar, como manda la Constitución, a elecciones presidenciales, ustedes elijan a Nicolás Maduro como presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Yo se los pido”, dijo Chávez en un austero acto transmitido por cadena nacional.
Desde su partida, el presidente no volvió a comparecer en persona. Ha enviado mensajes, notas y cartas, pero no volvió a aparecer en público. Sus ministros han mantenido varias reuniones con él, en La Habana, han hablado telefónicamente y aseguran que está en pleno ejercicio de sus funciones. De todas maneras, su ausencia ha estado rodeada de controversias. Hay, incluso, quienes le han puesto fecha a su muerte.
Chávez, que venía de ser reelecto el 7 de octubre, en primera vuelta y con el 54% de los votos, debía reasumir el 10 de enero por un nuevo período de seis años, pero finalmente su estado de salud impidió que jurara ese día. Ante su prolongada estadía en Cuba, la oposición, sin ninguna propuesta alternativa, se ha limitado a pedir que se decrete su “ausencia absoluta”, el primer paso para llamar a nuevas elecciones presidenciales.
Sin embargo, las peticiones no han tenido ningún efecto. Previo a la frustrada toma de posesión, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) ratificó el nuevo período de gobierno de Chávez por considerar que al ser un mandatario en funciones prevalece la continuidad de su gestión. Además, el alto tribunal no impuso plazos para decretar una posible ausencia, por lo que el actual statu quo podría extenderse indefinidamente.
La ausencia de imágenes de Chávez, quien en sus casi 14 años de gobierno se caracterizó por sus largas apariciones en radio y televisión, ha generado toda suerte de rumores, desde aquellos que corren de boca en boca hasta otros que han destruido la credibilidad de reconocidos medios. El diario El País de España, por ejemplo, publicó una supuesta foto de Chávez entubado que se probó que era falsa. Después, el también español ABC aseguraba que el líder bolivariano perdió el habla y no podrá ejercer la presidencia.
Rumores aparte, el gobierno y las instituciones han seguido funcionando sin sobresaltos, por lo que la situación es de absoluta calma. Pese a ello, los opositores menos fanatizados le recomiendan al oficialismo que tienda puentes ante lo que consideran una inminente transición. “Consejo amistoso para chavistas: busquen un acuerdo nacional ya, porque no podrán salvarse solos de la tormenta perfecta que se acerca”, dijo el analista político y humorista Jaime Ballestas. 
La “tormenta perfecta” sería el resultado de una sumatoria de coyunturas, como la ausencia de Chávez, la reciente devaluación del bolívar y la posibilidad de que se realicen elecciones anticipadas sin que Maduro se haya afianzado como candidato sucesor. Pero estos rumores tienen sin cuidado al oficialismo, que respalda los informes médicos del gobierno y advirtió que las informaciones divulgadas por la oposición y la prensa forman parte de una “guerra mediática fomentada por el imperio” (Estados Unidos).
La estrategia oficial de cerrar filas ha rendido frutos. Pese a la sentida ausencia de Chávez, el gobierno funciona con normalidad, la comunidad internacional aceptó sin reparos a Maduro y la oposición sigue actuando de manera desarticulada y sin una estrategia clara.

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