Por Guillermo De Lella*. Parece claro que, más allá del discurso altisonante e irresponsable de Silvio Berlusconi y de su banalización de la política que en una Italia en crisis se ofrece como un escape a la realidad, más allá de cualquier intento de promesas vanas de la derecha, el Partido Democrático (PD) y la coalición de centro izquierda, serán gobierno tras estas elecciones.

 Parece claro que, más allá del discurso altisonante e irresponsable de Silvio Berlusconi y de su banalización de la política que en una Italia en crisis se ofrece como un escape a la realidad, más allá de cualquier intento de promesas vanas de la derecha, el Partido Democrático (PD) y la coalición de centro izquierda, serán gobierno tras estas elecciones. Y esto es de suma importancia. No sólo para los italianos que viven en su madre patria, o de los italianos repartidos por Europa y el mundo. Esto es un asunto de singular interés para la Argentina. La razón es sencilla: es una excelente oportunidad.

Los ítalo-argentinos vivimos en estas elecciones una coyuntura excepcional, de enorme peso histórico. Podemos contribuir a la estabilidad de Italia, contribuir, en su salida de la crisis, a dejar atrás la vergüenza en la que Berlusconi la ha sumido, al mismo tiempo que colaboramos con el crecimiento del país en el que habitamos y donde hemos echado raíces. Apoyar al PD en estas elecciones significa, directa e inequívocamente, apoyar a un futuro gobierno con sensibilidad social para con su pueblo, dentro y fuera de su territorio. Un partido que reconoce la fuerza vital que representan los italianos en el mundo, un partido que agradece los esfuerzos de quienes, aún estando lejos, hacen lo que está a su alcance por construir una Italia digna.
¿En qué punto ésta situación excede a la comunidad italiana y afecta a la Argentina? ¿Por qué hablo de una oportunidad fantástica? 
Creo que en la Argentina, y en muchos países latinoamericanos, hemos aprendido a resistir los embates de una economía deshumanizada que más de una vez nos ha dejado en dramáticas circunstancias. Argentina ha aprendido a levantarse, ese es hoy uno de nuestros más grandes orgullos. Todos reconocemos en la crisis europea experiencias ya vividas y no tan lejanas. Nosotros supimos salir de ese lugar de abandono estatal y de desesperanza. En ese recorrido aprendimos que no se sale solo, que los buenos amigos y los buenos aliados pueden hacer la diferencia necesaria para la estabilidad política y económica. El Partido Democrático tiene desde sus orígenes un comprometido esfuerzo por estrechar los vínculos con Latinoamérica, así lo viene haciendo, este es nuestro punto de encuentro.
La Argentina e Italia tienen hoy la posibilidad de configurar nuevas relaciones. Con el PD en el gobierno podemos trazar el mapa de un camino común que lleve al crecimiento de nuestros pueblos. Así como la experiencia argentina, junto a su pujanza presente y futura, son un aporte y una vía de salida para la crisis italiana –por los mercados que abre, las materias primas que puede ofrecer, la experiencia social asociada a la formación de sus profesionales, etc.–, de igual manera Italia puede ofrecer los avances tecnológicos que aún nos faltan, su experiencia en redes de pymes y distritos industriales, etc. La balanza de los intercambios y las relaciones internacionales puede equilibrarse hacia relaciones simétricas si todos hacemos el esfuerzo.
Argentina y Latinoamérica han aprendido en estos últimos años a reinventarse con el fin de proporcionar una mejor vida a sus habitantes. Es momento de incluir en esa reinvención una nueva configuración en el vínculo con Italia. La labor inmediata de los ítalo-argentinos está puesta en nuestro voto.

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