La Academia, que había perdido en el debut, superó a Argentinos 2-0 en la previa del clásico de Avellaneda. Marcaron Vietto y Pelletieri.

Ganar es la meta primera, siempre. Más allá de los pasados y los futuros más mediatos, en el presente existe la intención de sumar tres puntos en cada presentación. No interesa la coyuntura. Se juega al fútbol (o no tanto) con la intención de superar al rival de turno, después vienen los por qué, objetivos de unos y otros. En este caso la noche de Avellaneda encontró a dos elencos que llegaban tras perder en el debut y que buscaban cambiar la pálida imagen dejada siete días atrás.
Además, el dueño de casa sueña con volver a dar una vuelta olímpica después de doce años, y en esa carrera no puede darse el lujo de empatar o perder en casa ante un Argentinos alicaído. Por su parte, el Bicho de La Paternal necesita imperiosamente un triunfo que le devuelva el alma al cuerpo y lo despierte de esa pesadilla que atraviesa por el momento, la de creerse el Banfield de la nueva temporada, cayendo sin cesar hasta perder la categoría.
En el terreno pesó más la ambición académica, evidenciada por una de sus jóvenes promesas, el único titular, Luciano Vietto. Fue él, justamente, quien advirtió primero y convirtió después. El aviso fue una arremetida por el sector de Ariel Garcé que terminó en un foul dentro del área pero que el juez decidió sancionar fuera. A los pocos minutos Vietto repitió la fórmula: vulneró en velocidad la defensa visitante y remató de media distancia para sentenciar el 1-0.
Hasta ese entonces, si bien merecía más, a Racing tampoco le sobraban los méritos para justificar una victoria parcial. Si bien Camoranesi y Bolatti le dieron pausa a un equipo acostumbrado al vértigo, al elenco de Zubeldía le faltó sorpresa y rebeldía. Tuvo orden, mas no frescura. Como posibilidades de gol, a lo largo de la etapa inicial, los de celeste y blanco sólo tuvieron un dos disparos de larga distancia, uno de Pelletieri y otro de José Sand, de tiro libre, ambos desviados.
La segunda mitad se desarrolló en la misma sintonía, con un Argentinos a la deriva. Los de Schurer intentaban tocar en corto pero nunca lograron hacer pie, inofensivos. Ni Arangonó con su gran porte y sacrificio logró incomodar a la última línea racinguista. Tampoco sufrió por demás, el Bicho.
La diferencia final llegó gracias a un centro con pelota detenida ejecutado a la perfección por Mauro Camoranesi a la cabeza de Agustín Pelletieri, que finalmente empujó la pelota al fondo de la red tras el rechazo de Nereo Ferández. Faltaban apenas quince minutos para el final de la velada y los de Avellaneda le regalaban a su gente la alegría postergada de la primera fecha, cuando Luis Zubeldía erró en el planteo y su equipo recibió una goleada ante Atlético. Un cachetazo a tiempo nunca viene mal, dicen que se dice. La semana que viene la historia volverá a comenzar, pero será diferente. Por rival y por pasado cercano.
Del otro lado la situación es cada vez más complicada. Habrpa, ante Godoy Cruz, otra oportunidad de volver a empezar, pero las preocupaciones no cesarán. El promedio, cada vez más flaco, empieza a hacer pesar las piernas y la cabeza, instalando la presión de saber que Banfield, de buena cosecha, en un mal año perdió todo lo sembrado.

Fuente: El Gráfico

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