El escritor y guionista habló en una entrevista con Infobae sobre la literatura que retrata la vida alrededor de la pelota, la lucha de Independiente por no descender y la eterna comparación entre Maradona y Messi.

Eduardo Sacheri habla de la misma forma que escribe. Es claro en cada concepto que expone. No busca palabras complejas para definir las situaciones que las vidas comunes alojan. Es un tipo de barrio al que el reconocimiento le llegó sin buscarlo, con euforia y convicción. Fue Alejandro Apo el primero en hacer públicos los cuentos que retumbaron en las radios de los oyentes futboleros.

Se subió al tren en Ituzaingó y se bajo en Los Ángeles para recibir el Oscar por la película “El secreto de sus ojos”, de la cual fue guionista. De regreso se bajó en Avellaneda para sufrir con su Independiente querido y terminó sentado frente a la computadora dándole sentido a su nuevo libro, “Aviones en el cielo”.

Habló de fútbol, su pasión por el “Rojo”, la literatura donde la pelota es protagonista, sus recuerdos de niñez y la repetitiva comparación entre Maradona y Messi. “Me parece que el juego sin osadía se vuelve muy burocrático, muy aburrido. Si el fútbol es solamente darle un pase al marcador de punta para que tire el centro, estamos jodidos”, dice su voz en el audio grabado. Escritor, historiador y futbolero. Las tres cosas al mismo tiempo y en el orden que sea.

¿Por qué escribís?

Porque necesito. Porque me permite ordenar un poco mi mundo, sentirme más a gusto con el mundo tal como es. Me parece que la literatura acerca el mundo que percibimos y que conocemos, al mundo que desearíamos que existiese. Por supuesto que no lo consigue del todo, pero lo consigue, al menos, en parte. En general disfruto escribir, pero hay momentos frustrantes también. A veces sentís que no estás pudiendo expresar lo que deseás. Estás soltando cosas que necesitás soltar, pero no de un modo estéticamente aceptable de acuerdo a lo que vos querés.

¿Dónde buscas la materia prima para tus cuentos y novelas?

Imagino que a mitad de camino de mis propios sentimientos y obsesiones, mis fantasmas, mis deseos, mis temores. A mitad de camino entre eso y el mundo que me rodea. La gente que conozco, la vida que vive la gente que conozco. A mí me interesa mucho que la gente me cuente, y me participe de sus vidas y sus deseos. Sus modos de hablar y sus horizontes terminan apareciendo en los personajes que yo construyo.

¿Qué buscas retratar con esos cuentos?

La vida común y corriente. Me interesan las personas comunes. Me parece que todas las vidas comunes albergan situaciones y momentos extraordinarios. En todo caso, la mirada del escritor puede resaltar lo extraordinario que hay en el fondo de la vida de nosotros.

¿El fútbol o la literatura? ¿Con qué te quedás?

Si tengo que elegir, con la literatura; pero no quiero elegir. Mientras pueda leer libros, jugar al fútbol y ver fútbol, lo haré. Así, en ese orden. Yo siempre prefiero jugar antes que ver, aunque sé perfectamente que juego mucho peor de lo que podría ver. Soy mucho mejor como espectador que como jugador.

En algún momento dijiste que no te gustaba que te encasillaran como escritor de fútbol. Rompiste esa barrera con tus cuentos y novelas. ¿Lograste instalarte en la gente con un formato fuera del fútbol?

No creo que haya cambiado. Yo sé que puedo escribir sobre distintas cosas pero también sé que la gente me reconoce por los textos que escribí sobre el fútbol. La percepción de la gente es algo que no puedo modificar. ¿Qué voy a hacer? ¿Que mis próximas diez novelas no tengan nada que ver con el fútbol? No creo que tenga sentido. Me parece importante como escritor poderme mover por diferentes temas.

¿Te acordás de algún momento en especial de los años en los que seguías a Independiente con tu viejo?

En el libro de cuentos de “Esperándolo a Tito” hay un cuento que se llama “Independiente, mi viejo y yo”, que relata esas noches de Copa Libertadores, con los partidos que se televisaban de Independiente en el televisor blanco y negro. El comedor lleno de trapos rojos, sábanas, toallas, camisetas, medias. Lo que hubiera rojo lo colgábamos por ahí para que se perciba la cancha, y bajábamos el volumen a la tele y subíamos el de la radio para escuchar mejor el relatado. Me acuerdo de verlo juntos con esa cosa que tenia sentir que Independiente siempre iba va a terminar ganando. Aunque no fuera siempre así, era una época muy exitosa y en mi mente de chico cabía esto de que somos “invencibles”.

¿Qué pasa si Independiente se va a la B?
Nada, averiguo con quién juega la primera fecha y voy. Me entristezco, pero no pasa más nada. Perderíamos una de nuestras medallas; “no nos fuimos nunca a la B”. Es la única medalla que podés perder, porque las copas y los torneos que ganaste no los perdés. Tal vez tarde o temprano la perdamos. Tal vez no me voy este año pero me voy el otro. Yo escucho a algunos hinchas de Independiente que dicen “si nos vamos, es la muerte”. Para mí no es la muerte. La muerte es no jugar nunca más al fútbol. Que te cierren el club y que vos quieras ir a ver a Independiente y no hay ni dónde ni cuándo.

La cultura del fútbol en Argentina es muy movilizadora. ¿Por qué te parece que es tan importante para la gente los partidos de los fines de semana?

Es una combinación de algo que nos gusta mucho y que hacemos bien. Me parece que los argentinos no tenemos tantas esferas en las cuales sentirnos gratificados por lo bien que hacemos algo, y el fútbol es un área en la que sí hacemos bien las cosas y se nota. Hace un par de décadas los argentinos venimos perdiendo ciertas identidades y certezas que antes teníamos. Identidades políticas, religiosas, laborales. Identidades muy marcadas de una sociedad que era más estable. En el medio de esos sacudones y esas pérdidas de estabilidad, el fútbol sigue siendo estable en cuanto a la identidad. Mientras otras señales de identidad han retrocedido, la del fútbol se mantiene y se ha reforzado en desmedro de estas otras.

¿A que le atribuís que esa identidad este firme?

Así como antes vivías en un barrio donde la gente tenía un perfil de laburo determinado y lo mantenía a lo largo de toda la vida, o había identidades políticas, pertenencias religiosas o modelos familiares que tenían una estabilidad mayor, el fútbol era una cosa más. Ahora esas identidades están mucho menos estables de lo que estaban y el fútbol es una identificación absolutamente abstracta e ideal. Es un amor que depositas en una camiseta y estas mucho más a salvo de las circunstancias concretas. Entonces nos permite que esa idealización esté mucho más a salvo. A contramano de ciertas evidencias concretas que nos harían ser un poco menos pródigos en esa identidad.

¿Qué aprendiste del fútbol que te haya servido para tu vida diaria?

Imagino que un montón de cosas. Aprendí a sacrificarme por mis compañeros y que para ganar hay que poner mucho y no sólo talento. Hay que hacer un esfuerzo y tener compañerismo. Con eso sólo, el fútbol ya me dio lo suficiente.

¿Qué ventajas te da ver el partido por televisión que no te lo da la cancha?
Como futbolero muy tradicional, sigo prefiriendo verlo en la cancha aunque perdés esa precisión de la imagen. Escuchás un montón de gente a tu alrededor que sabe de fútbol. Eso me parece muy bueno. Ver fútbol con muchos hinchas a tu alrededor, salvo que sean una manga de enajenados, te enseña mucho. Escuchar otras opiniones, aún las opiniones de los enajenados, es mucho mejor. Lo que tenés en la tele es la posibilidad de ver una repetición hasta el hartazgo.

¿Qué sentís cuando ves lo que hace la barra en Independiente y la lucha que tienen con Javier Cantero?

Me genera mucha esperanza lo de Cantero, me genera mucha bronca lo que hace la barra. No sólo la de Independiente sino cualquier barra de mafiosos. Me da mucho orgullo la respuesta de casi todo el estadio de Independiente ante esas provocaciones de la barra, donde todos gritan en contra de ellos, y toman posición en forma honesta y pacífica. Digo esto y sé que depende mucho de que pase en los próximos meses. Si la suerte futbolística nos sigue siendo esquiva, va a haber mucha gente que va a empezar una búsqueda desesperada de culpables, y va a haber quienes la busquen en donde no deben, que es en una dirigencia que hace lo que puede.

¿Predecís que ante un posible desenlace malo para Independiente se generen problemas de violencia o creés que la reacción irracional del hincha ya no tiene vuelta atrás en Argentina?

Siempre hay vuelta atrás posible. Que se haya vuelto habitual, esquizofrénica y rabiosa de enfrentar o no la derrota, no significa que estemos condenados a repetir ese papelón. Puede ser que hagamos un papelón o puede ser que no. Yo aspiro a que no lo hagamos yéndonos. Me importa mucho más la historia del club que otra cosa. Ojalá que sepamos enfrentar lo que nos toque con grandeza. En el fondo, lo que te vuelve grande, es como enfrentas las malas.

¿Se pueden comparar Maradona y Messi? ¿Por qué crees que algunos se empecían en compararlos?

Yo prefiero no compararlos. Han jugado en épocas distintas. Toda comparación entre épocas diferentes me parece un anacronismo peligroso para los involucrados. Diego y Messi me hacen feliz. Cada uno en su momento. Me encanta que los dos sean argentinos. Me parece empobrecerlos esto de que entren en una casilla de comparaciones.

¿Cómo se gestó “Me van a tener que disculpar”, ese texto dirigido a Maradona que fue tan importante para tu reconocimiento público?

Ese relato vinculado con Diego lo escribí después de uno de sus tantos actos expuestos a la consideración pública, y luego de una de sus tantas caídas. Lo escribí imaginando que la vida de Diego iba a seguir con esos altibajos y sentí la necesidad de poner por escrito esta especie de declaración de principios que aún mantengo. Quince años después sigo pensando lo mismo y la vida de Diego ha seguido siendo así, con esos altibajos y ese frenesí de calor popular, de derrumbes. A Maradona públicamente no lo critico. No porque no tenga cosas que no me gustan, sino porque prefiero callármelas. Diego seguirá su vida así y yo seguiré debiéndole.

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