El gobierno no se muestra preocupado por la débil oposición, sino por la crisis internacional que no cesa.

Con el fin de las vacaciones la dirigencia política opositora redobla esfuerzos tendientes a armar sus listas para las elecciones legislativas de octubre, que prefigurarán el escenario de la renovación presidencial de 2015.

Si bien la mayor incógnita es si su resultado permitirá una nueva postulación de Cristina Fernández, las fuerzas antikirchneristas no enfrentan desafíos menores: el Pro debe trasponer la General Paz para cimentar la candidatura de Mauricio Macri; la UCR disputa con el FAP su condición de segunda fuerza; la Coalición Cívica de Elisa Carrió juega su subsistencia; la derecha peronista busca su lugar en el mapa con caudillos distritales dispersos y Hugo Moyano legaliza su Partido por la Cultura, la Educación y el Trabajo, con el cual piensa conquistar el espacio político que le negó la Presidenta y por lo cual rompió con el kirchnerismo.

Figuritas Pro. La búsqueda de figuritas por parte de Macri exhibe su debilidad para armar una estructura partidaria nacional, pese a contar con los recursos logísticos que ofrece la gobernación de la principal ciudad argentina. Se trata de un movimiento armado de arriba hacia abajo, con referentes ajenos a la política, que buscan reeditar el éxito de Miguel del Sel en las elecciones pasadas en Santa Fe.

La convocatoria a la antipolítica no contribuye obviamente al fortalecimiento del sistema de partidos, ni propicia un anclaje territorial sólido, pero consigue coptar buena parte del electorado disconforme con la política.

Se tata de quienes creen que la corrupción es exclusiva de los políticos y que Macri no es un político. La jugada posee además los riesgos de la impericia, capaz de producir papelones como el protagonizado por el mismo Del Sel, que cree que puede seguir hablando públicamente como cuando era sólo un cómico.

El Pro no tiene ningún senador nacional y renueva 8 de sus 11 bancas de diputados y para cimentar las aspiraciones presidenciales de su jefe debe reponer al menos la misma cantidad de legisladores que salen. Su aspiración de trascender la dimensión municipal se funda en poder lograr una nueva victoria en su cuna porteña, en pelear la punta en Santa Fe con Del Sel; en meter a Alfredo De Angeli desde Entre Ríos y al ex árbitro Héctor Baldassi desde Córdoba. Pero no puede dejar de realizar una elección al menos discreta en la Provincia de Buenos Aires, donde no tienen candidatos tan rutilantes, ya que por ahora cuentan con el hermano de Manu Ginóbili y con el corredor de Turismo de Carretera, Eduardo Lalo Ramos.

En ese estratégico distrito disputará además el mismo espacio ideológico con Francisco de Narváez, que ya inició una frontal campaña para captar al núcleo duro anticristinista y gorila: “Ella o vos”, proclama el manifiesto del Colorado, que sueña con que Scioli dé el salto para postularse a presidente en 2015 y poder convertirse en su candidato a gobernador.

Los dirigentes de Pro esperan además poder arreglar con el ex defensor de Boca, Carlos Mc Alister en La Pampa, y con los demócratas mendocinos, pero el principal esfuerzo está dirigido a constituirse en fuerza nacional desde las provincias donde se disputan la mayor cantidad de bancas.

Adelante radicales. La UCR tiene un desafío mayúsculo porque pone en juego 26 de sus 40 bancas, sin un liderazgo que pueda disciplinar a los caciques provinciales. La fragmentación genera en Corrientes y Mendoza situaciones complicadas con miras a los próximos comicios. En la provincia litoraleña, la única que elige gobernador, el senador Nito Artaza, que se acercó al kirchnerismo, amenaza con enfrentar por afuera al gobernador Ricardo Colombi, si no hay una interna partidaria que defina la candidatura. El enfrentamiento favorece las aspiraciones del intendente de la ciudad de Corrientes, el kirchenrista Carlos “Camau” Espínola.

En Mendoza, la postulación de Julio Cobos como candidato a legislador nacional, desató la fractura del ex gobernador Roberto Iglesias y del intendente Victor Fayad, dos antiguos rivales que marcharán juntos contra el cobismo a las elecciones, por fuera de la estructura radical.

En la Provincia de Buenos Aires, Ricardo Alfonsín, que terminó tercero en 2011, busca una alianza con el Frente Amplio Progresista, de Hermes Binner, que le sacó 6 puntos a nivel nacional y se convirtió en la segunda fuerza más votada. Alfonsín disputa con un sector conservador de su partido, entre los que se cuenta el diputado Oscar Aguad, apodado el Milico, quien plantea que para ganarle al kirchenrismo en 2015 es preciso sumar al macrismo. Pero los socialistas son renuentes a una apuesta tan conservadora como la que no le funcionó a Alfonsín, quien padeció una alianza contra natura en el distrito bonaerense con De Narváez.

Coqueteo socialista. Los efectos de la buena performance en las últimas elecciones, no juegan a favor de nuevas alianzas en el socialismo, más allá del deseo de incorporar a Proyecto Sur, de Pino Solanas. En las huestes de Binner no son pocos los que prefieren marchar a la elección legislativa sin los radicales, para volver a contarle las costillas a los correligionarios de Alem, con las miras puestas en la fórmula presidencial de 2015.

Quienes se mantienen reacios, sacan cuentas de que pueden obtener más bancas solos que acompañados por los radicales a nivel nacional, con los cuales deberían repartir espacios en las listas. Desde esta visión, le restan importancia a la dispersión opositora en comicios legislativos. No descartan en cambio la necesidad de aliarse luego en el 2015, para enfrentar al kirchnerismo con ciertas posibilidades.

El objetivo K. Por supuesto que el FPV marcha a la elección con el objetivo supremo de conseguir las bancas que permitan una reforma constitucional. Tiene una situación favorable en la Cámara Baja porque sólo renueva un tercio de su bloque, pero en el Senado renueva el 38 por ciento de su bancada y corre riesgos de perder alguna en la CABA, Salta y Tierra del Fuego, aunque podría sumar en Santiago del Estero.
Si no consiguiera los dos tercios en ambos cuerpos, el oficialismo aspira al menos a instalar un clima político favorable fuera del Congreso, para presionar a los legisladores.

Seguramente será la fuerza más votada a nivel nacional, como lo fue hasta en la elección de 2009, cuando perdió bancas, pero obtuvo el 30 por ciento de los votos en medio de la crisis internacional que redujo el ritmo de crecimiento el PBI y provocó desempleo.

Pero para aspirar a un cambio de humor político nacional, se estima que debería rozar no menos del 40 por ciento de los sufragios nacionales. Por supuesto que el mayor enemigo de este objetivo no es partido político alguno, sino la crisis internacional que limita la aplicación de herramientas sociales como las que revirtieron el humor en 2010 y prepararon la victoria kirchnerista de 2011. Las perspectivas de un salto en la cosecha de soja luego de las últimas lluvias, pueden hacer llover dólares sobre las arcas fiscales. Pero las dudas se mantienen sobre otras dos locomotoras de otrora: la industria automotriz y la construcción. Y, se sabe, el futuro político del modelo se asienta sobre tres patas: el empleo, el consumo y la contención social.

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