Las elecciones en Ecuador y en Italia permiten comparar la forma bien diferente en que se está viviendo la política en América Latina y Europa: mientras en Italia discuten formas de aplicar programas de ajuste, en las propuestas de los candidatos de Ecuador, los conceptos de “derecha” e “izquierda” están muy presentes.

Las elecciones en Ecuador son un fiel reflejo de la intensa politización y polarización que se vive en América Latina al ritmo de los gobiernos progresistas. Europa, en gran medida, es la contracara por la continuidad de las políticas neoliberales que implementan los partidos conservadores o de “centroizquierda” cuando se alternan en el poder. Esto es muy fácil de comprobar si uno tiene la suerte de trasladarse de Roma a Quito para participar de los últimos días de una campaña electoral. Es cierto que el marketing y el merchandising se han universalizado de tal manera que todos apelan a los mismos asesores de campaña y la representación a través de las imágenes es muy similar a ambos lados del Atlántico. Sin embargo, a diferencia de Italia, las campañas en Ecuador tienen un contenido ideológico muy potente. Mientras en Italia discuten formas más o menos brutales de aplicar programas de ajuste, en Ecuador las propuestas de gobierno de los candidatos se contraponen de manera radical, y los conceptos de “derecha” e “izquierda” están muy presentes.

Sin esconder ni un ápice su propuesta ideológica, la plataforma electoral de Alianza País, el partido de Rafael Correa, presenta el programa de gobierno para los próximos cuatro años con el título “35 propuestas para el socialismo del buen vivir”. El programa se declara abiertamente “revolucionario”, sostiene que hay que “acabar con el Estado burgués” y rechaza las recetas de “los organismos financieros tradicionales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que negociaban préstamos condicionados y que abrieron las puertas para las reformas neoliberales.” Para que nadie se confunda incorpora citas del Che Guevara y Eduardo Galeano, y concluye con la consigna “hasta la victoria siempre”.
“Mientras en Italia discuten formas más o menos brutales de aplicar programas de ajuste, en Ecuador las propuestas de gobierno de los candidatos se contraponen de manera radical, y los conceptos de ‘derecha’ e ‘izquierda’ están muy presentes.”

La derecha ha tenido que reconocer algunos logros del gobierno de Correa y descarta anular todo lo realizado, aunque por lo general utiliza un discurso ambiguo cuando se refiere a los avances que se produjeron. Sin embargo, es muy claro que los principales candidatos opositores, el millonario Álvaro Noboa, el banquero Guillermo Lasso y el ex presidente Lucio Gutiérrez tienen un discurso de derecha. De Noboa no hay mucho más que decir que es considerado el hombre más rico del país, que fue denunciado por explotación laboral en su empresa bananera, y que sus propuestas de reducción de impuestos parecen diseñadas para favorecer a sus empresas. Lasso no sólo es banquero, también tiene estrechos vínculos con fundaciones liberales y conservadoras y con políticos como el ex presidente del gobierno español José María Aznar. Lucio Gutiérrez, que tiene apoyo en algunos sectores populares, reconoció que buscó una alianza con Lasso, pero que éste rechazó unas primarias abiertas. Cuando se refiere al contexto latinoamericano aflora en Gutiérrez su obsesión por Hugo Chávez, por eso dice que Chávez “convirtió a Ecuador en una franquicia de Venezuela”. Sobre la destitución de Fernando Lugo en Paraguay dijo que se había hecho respetando la constitución de dicho país.

Aunque los conceptos de “derecha” e “izquierda” a veces parecen diluidos o confundidos, en Latinoamérica están vigentes. Las elecciones en Ecuador son un fiel testigo de ello.

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