Desde el siglo pasado, el Poder Judicial había logrado sortear –a diferencia de los otros dos pilares del Estado, las críticas más furibundas y despreciables pero, sobre todo, evitó su persecución en los recurrentes tiempos de dictaduras.

Por: Felipe Yapur

Desde el siglo pasado, el Poder Judicial había logrado sortear –a diferencia de los otros dos pilares del Estado, las críticas más furibundas y despreciables pero, sobre todo, evitó su persecución en los recurrentes tiempos de dictaduras. Esa elusión, en realidad, no fue por la grandeza de sus sucesivos integrantes o la capacidad de gambeta que tuviera su señoría, sino más bien se consiguió gracias al acompañamiento (cómplice) que este poder del Estado les brindó a los que golpeaban, con soldados y cañones, justamente al Estado. Tamaña connivencia genera beneficios, privilegios y deudas que terminan por desvirtuar su razón de ser. No es general, pero es mayoritario. El anuncio de envíos de proyectos de ley, realizado el viernes pasado por la presidenta Cristina Kirchner, tiene como dirección la de desmontar esta vieja estructura. Nada indica que sea fácil y mucho menos que estas iniciativas sean suficientes. En todo caso, sirven para abrir una hendija y comenzar a transformar al más corporativo de los poderes estatales.
El enunciado mismo de los proyectos de ley generó más de una expresión en el rostro del titular de la Corte, Ricardo Lorenzetti, sentado a menos de un par de metros de la presidenta durante la inauguración de las sesiones ordinarias del Congreso. Desconcierto, sorpresa, sonrisa y seriedad, todas fueron parte del muestrario que regaló la cara del supremo mientras CFK desgranaba su nuevo rosario de proyectos legislativos.

Una reacción similar provocó entre los miembros de la oposición que, hasta ese momento, jugaban con muecas que denotaran cansancio, hastío o rechazo al historial de medidas de estos últimos diez años y que eran destacadas en el discurso presidencial. El punto en común entre ese historial y la oposición es que esta última, en general, rechazó cada uno de esas medidas de gobierno, programas puestos en marcha y leyes promovidas por los dos Ejecutivos kirchneristas.

El intento por democratizar el Poder Judicial no es reciente y comenzó en los tiempos de Néstor Kirchner. El cambio de los integrantes de la Corte Suprema y, sobre todo, el método de selección de éstos preanunciaba una transformación profunda. No fue así pero tampoco se olvidó.

La democratización del Poder Judicial que promueve el gobierno genera un cimbronazo en la oposición. El radicalismo que, por ejemplo, guarda el archivo más voluminoso en lo que hace a discursos que defienden y resaltan el valor de las instituciones, se enfrenta ahora al desafío de concretar esas epístolas laicas a las que suelen recurrir.

En el partido centenario hay más de una corriente interna que sabe que desde hace tiempo algo huele mal en el Poder Judicial y los proyectos que anunció el PEN le genera más de una interesante contradicción. La duda está en si rechazarán a rajatabla las iniciativas o intentarán sumarse a un proceso que se inicia pero que en el futuro, como partido, a ellos también los beneficiará.
Entre los radicales, también entre los socialistas del FAP, hay conciencia de que seguir denunciando una injerencia del gobierno nacional sobre otro poder del Estado no surte el efecto deseado. Esa fórmula la vinieron utilizando casi desde el mismo momento del nacimiento del kirchnerismo y, poco a poco, se ha convertido en un verdadero placebo pero para estos dirigentes opositores. Hace tiempo dijeron que con la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual el gobierno pretendía coartar la libertad de expresión, pero el país vive uno de los períodos de mayor libertad que se recuerde. Algo similar dijeron con el campo y las retenciones. Más allá de la pelea por la resolución 125, lo cierto es que el sector agrario no dejó de percibir pingües ganancias a pesar de las retenciones y todavía hoy no saben qué hacer con ese dinero. Por último, lo mismo se dijo sobre el denominado “cepo al dólar”. A pesar de las denuncias mediáticas y políticas que se realizan al respecto, la clase media y alta no disminuyeron sus recorridos vacacionales por el extranjero.

Entre algunos radicales, los más sensatos, hay conciencia de la necesidad de un cambio de estrategia. El viernes, el titular del bloque de diputados de la UCR, Ricardo Gil Lavedra, hacía malabares con las palabras para poder encontrar un punto de equilibrio entre el rechazo liso y llano y el respaldo total a las leyes anunciadas. El dilema, en todo caso, es que deben romper sus antiguos acuerdos con estas corporaciones, como la mediática y también la familia judicial, para poder recuperar la estima de aquellos que alguna vez los votaron. Hasta el momento, la UCR eligió siempre quedarse del lado equivocado, del lado de los intereses sectoriales y corporativos. El proceso de democratización del Poder Judicial es una buena oportunidad para recuperar una senda.

El escenario es similar en el resto de los bloques más grandes, en número, del arco opositor. El socialismo supo tener posiciones diferentes a las de sus socios de la oposición aunque, por ahora, las primeras declaraciones dan cuenta de un no rotundo a estas iniciativas. En tanto, las posiciones más virulentas se expresan en aquellas bancadas pequeñas donde está en juego la sobrevida de su representación en los comicios de octubre. Ergo, intentan ladrar y morder al mismo tiempo cosa de conseguir el favor del sector al que defiende. Por eso la virulencia de las opiniones de Alfonso de Prat Gay (Coalición Cívica), Patricia Bullrich, Enrique Thomas y Gustavo Ferrari del peronismo conservador y Margarita Stolbizer del GEN. Francisco de Narváez también se expresó en contra, pero como estuvo dormitando durante el discurso presidencial, se entiende que habla en base a lo que le contaron.

En el bloque del oficialismo, el discurso presidencial surtió un efecto movilizante y se preparan para un trabajo intenso. Pero del discurso de CFK les quedó repicando una nota disonante: la negativa presidencial a una reforma constitucional. Es cierto, como afirman algunos legisladores del FpV, que todavía falta mucho para esa definición. Pero también es cierto que esas referencias presidenciales no pueden dejar de considerarse como indicios del pensamiento de CFK.

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