La fortuna sigue esquiva para el Rojo que pegó tres pelotas en los palos. A pesar de la derrota y que sigue en zona de descenso se fue aplaudido por su gente; Godoy Cruz encontró un gol y la punta en Avellaneda.

Otra vez ahí. Dos escollos devolvieron a Independiente a la zona de descenso. Uno de ellos fue Godoy Cruz, que lleva cinco partidos sin derrotas y desplegó su orden en Avellaneda para golpear en el momento justo y llevarse el partido. El otro fueron los palos, la mala fortuna que le negó primero la posibilidad del triunfo y luego la chance del empate. Independiente, entonces, terminó la noche en sufrimiento, aunque sus hinchas despidieron con aplausos al equipo. Para el conjunto de Martín Palermo el triunfo significó la punta. Al menos por ahora.
Hay algo claro: Independiente afronta sus encuentros como si fueran todos decisivos. Lo son. No sólo se ve en el equipo, también en la gente. Los hinchas reventaron el Libertadores de América y al aliento le agregaron fuegos artificales. Eso se transmite al equipo, que vive con tensión los minutos que transcurre en la cancha. No es en vano el mensaje del Tolo Gallego acerca de que esta pelea es partido a partido.
Y no fue un encuentro normal para Independiente: tuvo que jugarlo sin dos de sus mejores jugadores, Cristian Tula y Daniel Montenegro. La ausencia del Rolfi era la que más se sentía: es el capitán, el hombre sobre quien se descarga el fútbol pero también la presión cuando las cosas no salen bien. Al Tolo, sin embargo, le salieron bastante bien las apuestas. Julián Velázquez (llegó a su quinta amarilla y no podrá jugar contra Quilmes) se acomodó correctamente en el puesto de Tula, y Leonel Miranda se hizo cargo de la construcción del juego en la mitad de la cancha, el rol que asume Rolfi.
Pero Gallego, además, había tomado la decisión de mandar a Ernesto Farías al banco y poner a Juan Caicedo. El colombiano no aportó fútbol, no es su característica, pero tuvo varias situaciones y se ganó el cariño de todos. Paradójicamente, la más importante llegó en la segunda parte. El momento de quiebre del partido: a los once minutos Caicedo cacheteó una pelota ante Nelson Ibañez que con dramatismo pegó en el palo. Con tanta mala suerte, que al minuto, justo en la jugada siguiente, Alexis Castro puso de un zapatazo el 1-0 del equipo mendocino. Era el mejor momento de Independiente, que vio cómo se repetía la situación del partido con Newell’s, donde el gol del triunfo rosarino llegó después del penal errado del Tecla Farías.
El equipo del Tolo se cayó anínimicamente en ese instante y no lo pudo revertir. Había arrancado el partido como protagonista, pero luego se quedó. Tuvo enfrente a un rival que pelea arriba y que salió a la cancha a jugar de igual a igual. Godoy Cruz es un equipo ordenado, que sabe lo que quiere y maneja bien los tiempos. Tampoco se volvió loco cuando Independiente salió a buscar el empate. Es cierto que se retrasó, pero fue casi la lógica que impuso el partido.
Independiente no tuvo suerte. Y la suerte es una cuota necesaria. Es cierto que le faltaron recursos futbolísticos, que no supo cómo resolver el encuentro en la segunda parte. Tuvo la pelota buena parte del partido, pero no estuvo fino en los últimos metros. Sin embargo, creo ocasiones y cuando las tuvo se encontró con la mala fortuna. No tiene otra explicación el travesaño que le negó el gol –otra vez– a Caicedo sobre el final. La ovación de los hinchas al colombiano –y los aplausos al equipo-–intentaron tapar la impotencia. Y dejaron la sensación de que será necesario que el viento arrastre la suerte para su lado.

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