Una multitud inmensa, a la vez acongojada y entusiasta, rodeó bajo el sol quemante y más de 30 grados de calor la ceremonia oficial de homenaje al presidente de Venezuela, Hugo Chávez.

En el interior de la movilización masiva, parte de la concurrencia se extendía en una fila serpenteante de varios kilómetros a la espera de acceder este viernes, sábado o en días subsiguientes a la capilla ardiente, en la Academia Militar en Caracas, para permanecer durante un segundo junto al féretro.

Vista con gran angular, la manifestación exteriorizaba su sentido en las consignas, las banderas, las camisas rojas, las remeras con inscripciones e imágenes de Chávez y los altavoces que alternaban entrevistas, música e indicaciones para que pudieran reencontrarse familiares o integrantes de grupos y organizaciones separados involuntariamente dentro del laberinto humano.

Ese mismo sentido, pero matizado y singular se manifestaba también en breves entrevistas aleatorias realizadas en el lugar por Télam.

Fue el caso de Alicia, de Carabobo: “Vine a ver a mi comandante. Estoy aquí (en la cola) desde las dos de la tarde de ayer”, explicó a esta agencia pasado el mediodía y, consultada sobre la obra gubernamental, señaló en primer lugar las misiones sociales.

“Yo me gradué de enfermera en la misión Rivas, gracias a Hugo Chávez. El sigue aquí, en el corazón de todos nosotros, en el corazón del pueblo. Y ahora vamos a apoyar a Nicolás Maduro, como él lo dijo”, agregó con la aprobación de quienes la rodeaban en la fila.

Entre ellos, el caraqueño Julio, que trabaja en estadísticas de salud, afirmó que en esa materia “cambió todo, desde las misiones (que llevaron la atención de la salud a los barrios) hasta el acceso a los medicamentos”.

Pese a la magnitud de la movilización, era difícil advertir fuertes estructuras organizadas y parecían prevalecer los grupos de vecinos provenientes de un mismo barrio, sea de la capital venezolana o de otros estados, o compañeros de trabajo y otros colectivos.

Una excepción era el numeroso y estentóreo grupo de integrantes del Frente Francisco de Miranda, organización fundadora de las misiones sociales surgida en 2004 a partir de cursos recibidos en Cuba en 2004 por jóvenes venezolanos.

“Surgimos con la tarea de llevar las misiones a los barrios, a rescatar al desamparado”, explicó Derlis. “Somos parte del ejército social de Chávez y sólo nos queda seguir su enseñanza: siempre, cuando tengas dudas, equivócate para el pueblo, equivócate para la izquierda”, expresó.

Buena parte de los consultados respondieron a esta agencia con palabras que parecían sumar oración y juramento, como las alusiones al “legado de Chávez” y la certeza en “la continuidad de la revolución”, acompañados de argumentación y razones propias.

“Hemos tenido tan buena suerte y tan mala suerte. Suerte, porque el Presidente nos abrió las ideas, los conocimientos; mala, porque ya no lo tenemos en físico, pero lo tenemos espiritualmente”, dijo Alan, de la barriada de Catia, uno de los bastiones populares chavistas en los cerros de la capital del país.

El seguramente mayor de los entrevistados, el ex guerrillero Nelson, profesor universitario jubilado, acudió a la movilización con uniforme de la Milicia bolivariana pero desarmado.

“Nuestro comandante nos dejó una patria libre, independiente y abrió el camino a la integración latinoamericana, con la visión de Bolívar de la Patria Grande”, sostuvo y explicó que la organización miliciana es “coadyuvante de las fuerzas regulares”.

Tan chavista como Nelson, a pocos metros Daniel, de Guárico, interpretaba en arpa piezas musicales junto a su hijo del mismo nombre y nueve años, que lo acompañaba con maracas.

“En Venezuela, así como hay arpa llanera, hay arpa mirandina”, explicó mientras tocaba un “seis por derecho”, el joropo de otras regiones y mencionaba cuando menos una decena de ritmos folclóricos más.

Cada uno a su modo, muchos más explicaron las razones del “todos somos Chávez”, tal vez la consigna dominante o más representativa de la movilización popular masiva de estos días, a raíz de la muerte de Chávez.

Ese era el caso del obrero petrolero carabobeño Eliecer, que habló de su militancia sindical, política y del compromiso con objetivos sociales, “como esa tarea que nos encomendó el comandante Chávez de cambiar ranchos por viviendas dignas”.

Por su parte, Adán, un joven licenciado en administración de empresas del estado Yaracuy, señaló que “son muchos sentimientos encontrados, rabia, dolor, tristeza, porque se nos ha ido un líder de los que no todos los días nacen, nacen cada 100 o 200 años”.

De la misma profesión pero del estado Táchira, otro muchacho fue el único en opinar contracorriente, en una de las entrevistas que este enviado de Télam realizó junto a un colega de La Nación de Buenos Aires.

El licenciado en administración deploró que acceda a la presidencia Nicolás Maduro y desgranó de viva voz una serie de opiniones, todas compatibles con las de la coalición opositora MUD, sin evidenciar temor alguno.

Entre quienes lo rodeaban, algunos manifestantes comenzaron a prestarle atención y desaprobaban sus dichos con gestos, como negar con la cabeza, pero con total respeto y sin interrumpirlo.

Consultado por Télam, uno de ellos, del estado Cojedes, expuso sus contra-argumentos en el mismo tono, con total tolerancia y después todos siguieron igual, como si nada.

Tanta gente, tanta pasión, tanto cansancio en los que llevaban horas y hasta días en el lugar, y nada que lamentar en costo humano o en hechos que salpicaran el masivo homenaje, hasta donde esta agencia pudo ver.

El responsable de una de las cuatro Unidades Clínicas móviles del Ministerio de Salud ubicadas en la proximidad de la Academia Militar Bolivariana dijo a Télam que habían atendido numerosos casos, ninguno de ellos grave.

Los cuatro médicos y los numerosos paramédicos de esta unidad atendieron en 24 horas unas 180 consultas, casi todas por causas originadas en el calor agobiante y las horas de espera, en muchos casos más de un día, además de una mujer con luxación de hombro.

Unidades médicas similares pero de otras dependencias (como Protección Civil y Bomberos) fueron desplegadas en diversos puntos más periféricos de la concentración y a lo largo de la serpenteante fila de varios kilómetros formada por quienes aguardaban ingresar a la capilla ardiente con los restos de Chávez.

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