A un mes de la renuncia de Benedicto XVI, 115 cardenales de 45 países y menores de 80 años se reúnen para votar entre ellos al nuevo Papa. Al no haber un candidato que sobresalga, se espera una asamblea de varios días.

Dispongo que la elección continúe desarrollándose en la Capilla Sixtina, donde todo contribuye a alimentar la consciencia de la presencia de Dios, existencia a la cual cada uno deberá presentarse un día para ser juzgado.” En 1996, redactando las reglas sobre la sede vacante y la elección del Sumo Pontífice, Juan Pablo II aseguró que el marco de los frescos de Michelangelo Buonarroti iluminaría a los cardenales en el momento de la elección de un nuevo Papa. Hoy, a un mes de la renuncia de Benedicto XVI, los 115 prelados menores de 80 años que deberán elegir al sucesor de Joseph Ratzinger entrarán al conclave vistiendo sus sotanas rojo escarlata –que simbolizan la disposición a morir por la fe– y, por la tarde, realizarán las dos primeras votaciones para proclamar al líder número 266 de la Iglesia Católica.

Todas las miradas apuntan a la chimenea del oratorio que será la encargada de dar la noticia, con el humo (fumata) negro o blanco, a los miles de católicos concentrados en la plaza San Pedro, como sucede habitualmente en estos casos. Se espera que la primera novedad llegue alrededor de las 20 (16 hora argentina), luego de los dos sufragios de la tarde. “Es difícil que el resultado sea positivo en la primera votación”, aseguró ayer Federico Lombardi, el portavoz del Vaticano.

Los analistas coinciden en que las votaciones de hoy son como las primarias en las elecciones políticas: escrutinios en los que los cardenales tantean las posibilidades reales que tienen los candidatos y se perfilan aquellos con probabilidades concretas de ser electos. Además, los expertos vaticanistas concuerdan en que la cena será clave para convencer a algunos prelados que aún continúan indecisos.
El Vaticano quiere que la reunión “bajo llave” sea breve. Un cónclave demasiado largo daría una percepción de división que dañaría ulteriormente la imagen de la Iglesia. A diferencia de esta elección, en 2005 el teólogo alemán Ratzinger era el gran favorito y contaba, desde el primer escrutinio, con 47 votos. Fue electo en un día: la cuarta votación dio luz a la fumata blanca. En 1939, Pio XII había sido otro de los pontífices con más celeridad para ser electo: bastaron tres votaciones. El récord de duración de un cónclave le tocó, en cambio, a Pio XI en 1922: cinco días y 14 escrutinios.

En los últimos días se delinearon dos candidaturas fuertes. La primera es la del italiano, Angelo Scola, patrocinada por el grupo de los llamados “reformistas”: prelados de Europa central y un sector de los representantes de los Estados Unidos. La segunda es la del arzobispo de San Pablo, Odilo Scherer, que representa al grupo conservador liderado por la curia romana. Muchos aseguran que si la situación llega a bloquearse, podría haber grandes sorpresas o un compromiso en torno a un tercer nombre: el canadiense Marc Ouellet, el austriaco Christoph Schönborn, el estadounidense Sean Patrick O’Malley o el húngaro Péter Erdö.

El domingo, el arzobispo de Milán recordó que la Constitución Apostólica “prohíbe cualquier acuerdo para la elección del Papa, como prometer futuros cargos”. Una alusión, quizás, a sus opositores que sostienen al brasileño de origen alemán quien, según los expertos, si fuese electo debería pagar un “precio” aceptando a un italiano en la Secretaría de Estado, considerado el corazón del poder vaticano.

Durante la última asamblea general antes del inicio del cónclave, el ex secretario de Estado, Tarcisio Bertone, leyó ayer ante los prelados un informe “sumario” sobre el Estado del Banco Vaticano (IOR, por sus siglas en italiano). El camarlengo destacó “los pasos” realizados para adecuarse a los estándares de transparencia financiera internacionales y en la lucha contra el reciclaje de dinero sucio. En los últimos días, varios prelados habían declarado su deseo de tener más información sobre la actividad del IOR, institución que protagonizó muchos de los últimos escándalos de corrupción dentro la curia. «

Periodista del vatileaks, sin permiso

“El Vaticano me niega la acreditación para seguir el cónclave: elección oscurantista, todo menos transparencia y libertad de prensa.” Con estas palabras escritas en Twitter, Gianluigi Nuzzi, autor de Su Santidad, libro que desencadenó el escándalo conocido como Vatileaks, dijo que la Santa Sede le impide participar del evento que concentra la atención de la prensa mundial y, sobre todo, del periodismo en Italia.

La sospecha de que entre el personal doméstico de Benedicto hubiera un “cuervo” comenzó luego de la publicación del libro del milanés, en mayo de 2012. Paolo Gabriele, el ex mayordomo del ex Papa, reconoció haber filtrado y otorgado al periodista varios documentos que develaban las intrigas de palacio, la gestión non sancta de las finanzas vaticanas y la corrupción en el clero. Ayer, todos los trabajadores que participan en la organización del cónclave, ya sean eclesiásticos o laicos, juraron que no dirán nada de lo que ocurra por estas horas dentro los muros vaticanos. Una nueva filtración sería letal para una institución en la que el secreto es uno de sus condimentos principales.

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