El polémico legislador salteño decidió prescindir del PRO para provincializar su campaña a senador. “No me voy a sacar más fotos con Mauricio. En Salta, el PRO no existe”, argumenta. Acusaciones y denuncias por trabajo esclavo.

Alfredo Olmedo lo dice temeroso: “No me voy a sacar más fotos con Macri.” Se lo escucha incómodo del otro lado del teléfono. El diputado salteño sabe que semejante herejía con su ahora ex aliado político no será gratuita. “Esteeee… usted… usted me entiende lo que le quiero decir, ¿no?”, busca complicidad a puro titubeo. Y cuando parece que va a arrepentirse de su afirmación, emerge, ahora sí, una voz decidida: “Mire, el tema es sencillo: la gente vota al que la tiene clara y Macri ni sabe si va a ser candidato a presidente. Yo, en cambio voy a ser senador, ¿me entiende? No digo que voy a ser candidato a senador, yo directamente digo que voy a ser senador. ¿Nota la diferencia? Yo la tengo clara.”

Olmedo buscará una banca en una provincia donde el PRO no talla y el kirchnerismo mantiene un ostensible nivel de respaldo popular.

“Acá Cristina mide un 50 % y el resto de los candidatos de la oposición no llega ni al 15 por ciento. En Salta no existen ni Binner, ni Macri, ni nadie”, sincera, al fin y al cabo, las razones de su alejamiento del jefe de gobierno porteño.

–Si no existe, ¿por qué en su momento se alió al PRO y buscó ser gobernador mostrando fotos junto a Macri?
–Yo respeto a Mauricio. Él tiene muchos votos en Buenos Aires y allá la gente lo apoya. Pero, dígame, ¿cómo le explico al salteño que sufre necesidades que tiene que subsidiar el subte de Buenos Aires o que tiene que pelear por el Banco de la Ciudad de Buenos Aires?

–Pero, en todo caso, eso lo sabía desde antes de sacarse fotos con Macri.
–La verdad es que en Salta no existe el PRO. Se armó el partido, lo intervinieron… no logró poner un pie en la sociedad, ¿se entiende? En cambio, yo sí puedo hacer una alianza con la sociedad, con mi pueblo.

Su gran contrincante es el PJ, en sus dos versiones: la oficial, que encabeza Rodolfo Urtubey, hermano del actual gobernador, y la del peronismo federal, que lidera Juan Carlos Romero, el ex mandatario local.

Olmedo se presentará con el sello “Salta somos todos” y –según confesó– buscará provincializar la contienda electoral. “No se juega nada a nivel nacional. Macri aquí no es guía de nada, y ojo que yo tengo buena relación y tengo mucho respeto hacia el rabino Sergio Bergman.”

¿Su caballito de batalla para llegar al Congreso? Le pedirá a cada candidato que confiese públicamente si consume drogas, y promoverá dos leyes: una para que el legislador que no dé quórum no pueda hablar en las sesiones y otra para que todo aquel que delinque, así tenga menos de 14 años, termine en una cárcel.

Olmedo no sólo llama la atención con sus propuestas o su fulgurante campera amarilla. También lo hace con sus frases extravagantes, como aquella que ofreció en el Congreso para oponerse al matrimonio igualitario. “Tengo la cola cerrada y la mente abierta”, provocó.

Su militancia por la legalidad y el orden –brama por el regreso del servicio militar obligatorio– no se condice con su propia realidad.

Fue demandando judicialmente por utilizar en su campaña la imagen de Lionel Messi sin la debida autorización y lo expusieron presenciando un show de streap en Cocodrilo, nave insignia de la noche porteña. Toda una paradoja para alguien que lleva la prédica de “familia y propiedad” en la sangre.

El año pasado fue uno de los más férreos detractores de la ley que permitirá votar a partir de los 16 años. ¿Las razones? Consideró que introducir la política a las escuelas es “incitar a la rebelión y a la exigencia de asuntos que no corresponden a esa edad”.

Poco tiempo después, a esa veta restrictiva sumó otra represiva, evidenciada en su afán por instaurar “un toque de queda juvenil”.
Como empresario, no tiene los mejores antecedentes. Un procedimiento de la AFIP detectó en 2011 que los trabajadores de sus campos de olivos en La Rioja desarrollaban tareas en “condiciones infrahumanas”.

“Pasa que la AFIP ocultó que los peones que viven dentro de mi finca tienen buenos baños, aire acondicionado y DirecTV”, se defendió el diputado sojero.

Las imágenes tomadas por los reporteros gráficos lo desmintieron.

–Veo que ahora reniega de las fotos.
–¿Por qué?
–Porque no quiere saber nada con las que revelaron el “trabajo esclavo” en su finca, ni con las que lo muestran con Macri…
–Mire, en Salta, una foto no le cambia la vida a nadie –minimiza, escurridizo–.
–Pero reniega de ellas…
–No, no… de hecho, tengo una linda con Rocío Marengo –se despide, a pura risa, recordando a la escultural mediática

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