Se está discutiendo alrededor de la existencia de un mercado que es ilegal y que todos reconocen pequeñísimo. Sin embargo, se usa para poner en tela de juicio la política económica, la consistencia de las políticas y la solidez de la Nación. Lo cierto es que aquí -como siempre- están presionando los que se beneficiarían con una devaluación.

Por Carlos Heller

A los analistas que piden una devaluación de la moneda nacional les recuerdo que cuando se devalúa el peso argentino frente al dólar rápidamente suben los precios internos. Esos mismos que se rasgan las vestiduras porque hay inflación, quieren devaluación. Sostienen posiciones contradictorias que no resisten ningún análisis.

Creo que sobre el mercado del dólar ilegal hay una “inflación de expectativas”, pero lo cierto es que ese mercado es ilegal, pequeño, está distorsionado y no puede ser referencia de la economía real.

No hay razón para que existan presiones sobre el mercado cambiario, excepto las que surgen de maniobras especulativas, los llamados golpes de mercado, que desde luego tienen intenciones sumamente aviesas. Hoy, Argentina tiene fortalezas para resistir esas presiones: nuestro país tiene este año un pronóstico de buena cosecha, de superávit de balanza comercial, menos obligaciones de deuda externa que años anteriores y además no tiene que pagar el cupón del PBI.

La política económica que impulsa este Gobierno globalmente es correcta pero debe reconocerse que puede haber sectores que tengan situaciones particulares de atraso del tipo de cambio respecto de las exportaciones, entonces tal vez lo que haga falta sean medidas más finas y puntuales, pero decididamente no una devaluación, que le daría un negocio fenomenal a los exportadores de oleaginosas y granos, quienes no la necesitan por el altísimo precio internacional que tienen esos productos.

Después de mucho esfuerzo y de pasar por situaciones dramáticas, Argentina salió de la dinámica del libre mercado por sobre las políticas regulatorias del Estado. Hoy la situación es distinta: hay políticas públicas, hay una revalorización del rol del Estado y hay regulaciones, pero algunos aun se resisten, no les gusta, quieren libre oferta y demanda, pero ya sabemos dónde nos lleva eso. Esas recetas se aplicaron en nuestro país con un resultado desastroso.

A estas maniobras especulativas no hay que responderles con más mercado, hay que responderles con más regulaciones.

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