La Selección visitará hoy a Bolivia a 3650 metros sobre el nivel del mar, allí donde, como dijo Daniel Passarella, “la pelota no dobla”. En esta nota de Infobae, todas las características que obligan a aprender el “otro fútbol” para jugar allí

Algunos optan por hacer una adaptación; otros prefieren viajar sobre la hora, jugar y volverse cuanto antes. Casi todos cambian su contexto habitual: otros nombres, otro esquema. El fútbol en la altura debe ser “otro” fútbol.

Para el partido de esta noche ante Bolivia, en La Paz, Alejandro Sabella, técnico de la selección argentina, hará seis cambios respecto del equipo que le ganó a Venezuela en el Monumental, con el objetivo de poner en cancha jugadores con mayor aptitud física, más resistentes a las condiciones atmosféricas que proponen los 3672 metros de altura sobre el nivel del mar.

En junio de 1996 y luego de que la Selección que dirigía cayera 2-0 en los 3000 metros de altura de Quito, Ecuador, Daniel Passarella inmortalizó la frase: “La pelota no dobla”. Y tan equivocado no estaba.

¿Qué cambia en la altura?

Lo que sucede es que allí arriba el aire escasea, hay menos resistencia del aire como consecuencia de la baja en la presión de la atmósfera y todo lo que parece normal, allí no lo es.

Cuando se superan los 3000 metros se produce lo que se llama “mal de altura”. Son pocos los que no sufren las consecuencias, mientras que el resto puede padecer síntomas como cefaleas, mareos, falta de apetito, trastornos gastrointestinales y vómitos.

Así lo explicó a Infobae el médico Néstor Lentini, Ex Director Médico del CENARD y especialista del deporte en altura. “Deben tomarse las precauciones del caso. Se nececita una semana de adaptación por cada mil metros de ascenso o, de lo contrario, ir, jugar y volverse para que los efectos aparezcan recién sobre el final del partido”.

En cuanto a los “comportamientos” deportivos, Lentini expresó que “muchos dicen que allí la pelota es más liviana pero no es así. Pesa lo mismo que en cualquier lado sólo que al haber menos resistencia del viento, toma mucha más velocidad que lo normal, a lo que hay que sumarle la pérdida de la dirección que el jugador le quiere dar”.

Conciente de esta situación, a su llegada a Santa Cruz de la Sierra, Sabella expresó que la idea del equipo será “jugar corto, estar juntos y ser más solidarios”.

Si bien la altura no es inexpugnable, la Argentina lleva ya ocho años sin ganarle a Bolivia en La Paz. La última vez que lo logró fue un día como hoy, pero de 2005.

Hoy, la Selección tendrá una nueva oportunidad de desafiar a la naturaleza. Para eso tendrá que jugar el “otro” fútbol.

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