El Foro Social Mundial (FSM), la gran cita anual del movimiento anticapitalista, comienza con el desafío de reforzar la alternativa política surgida de la rebeldía desatada hace más de dos años en el norte de África.

Los cinco días de conferencias, debates y protestas del movimiento que cuestiona el modelo neoliberal llegan en un momento en el que las aguas vuelven a agitarse en Túnez, esta vez por la violencia política que acompañó al ascenso de un partido islamista al poder.

El reciente asesinato del líder opositor tunecino Chokri Belaid puso en duda el alcance del proceso democratizador en el que se encuentra Túnez, al igual que Egipto o Yemen, tras hacer caer a sus gobiernos autoritarios.

Belaid era el secretario general del Partido Unificado de los Demócratas Patriotas (PUPD), que se define como marxista y panárabe, y además era una de las principales figuras del Frente Popular, una coalición de izquierda que incluye también al Partido de los Trabajadores (PT).

Su muerte, atribuida por familiares y compañeros de Belaid a las autodenominadas “Ligas para la Protección de la Revolución”, grupos de choque vinculados al gobernante partido islamista Ennahda (Partido del Renacimiento), abrió una gran brecha entre los sectores seculares y los islamistas protagonistas de la transición tunecina.

Con Ennahda, el islamismo aumentó su influencia en la sociedad tunecina, frecuentemente considerada la más secular del Magreb, y planteó una disyuntiva sobre el curso que tomará la revolución, tanto desde el punto de vista económico como político.

Un símbolo visible del cambio político en el nuevo Túnez es el regreso de prendas que cubren a la mujer, como el “hijab” –velo- y el “niqab” –velo integral-, al espacio público, especialmente en las universidades, donde estaba estrictamente prohibido.

En el Campus universitario Túnez el Manar, donde tendrá lugar el Foro Social Mundial, tres jóvenes con el niqab, sentadas en pupitres detrás de computadoras portátiles, se preparan para participar del encuentro de mujeres que inaugurará el evento mundial.

“Los islamistas son parte de nuestra sociedad y es bueno que participen de este gran evento”, dijo a Télam Amal Jreibi, portavoz del FSM, encuentro que hasta el próximo sábado reunirá principalmente a sindicatos, partidos de izquierda, grupos ecologistas y feministas de todo el planeta.

“Estamos en democracia”, subrayó esta periodista y activista social, quien, no obstante, advirtió que los islamistas tiene un “proyecto social diferente” que pasa fundamentalmente por la “islamización” de la sociedad y que encontró una fuerte resistencia.

“Después de un año de los islamistas en el gobierno, no hubo cambios económicos importantes, los problemas sociales continúan y el desempleo sigue siendo muy alto”, añade Jreibi.

En ese sentido, el Foro Social pretende recordar a los tunecinos que fueron fundamentalmente las condiciones sociales y económicas las que originaron el levantamiento popular contra el ex presidente Zine El Abidine Ben Ali y su derrocamiento el 14 de enero de 2011.

“La sociedad civil tunecina organizada es consciente del Foro Social y está involucrada en su organización, pero los simples ciudadanos no saben qué es lo que está pasando”, aseguró la vocera del evento.

“Estamos tratando de explicar lo importante que es construir una alternativa, hacer cosas y coordinarnos, porque estamos viviendo aún una grave crisis política”, remarcó Jreibi.

En su jornada inaugural, el Foro saldrá a la calle con una manifestación que se prevé multitudinaria y que comenzará en la Plaza 14 de enero, símbolo de la Primavera Árabe, y culminará en la plaza del estadio El Menzah.

La céntrica y emblemática plaza, antes llamada 7 de noviembre –por la fecha en que asumió Ben Ali en 1987- y que cambió de nombre en recuerdo al derrocamiento del ex presidente tras 23 años en el poder, volverá a ser un foco de tensión.

A pesar de ello, los organizadores creen que el gobierno evitará cualquier confrontación porque “saben que está en juego la imagen de Túnez y ellos serán los responsables ante una gran audiencia”.

“Espero que podamos comunicar al resto del mundo que Túnez está aún en transición, aún hay problemas, pero estamos trabajando para solucionarlos y vamos a hacerlo sin interferencia extranjera”, insistió la vocera del foro.

Pero el encuentro “altermundista” también puede convertirse en un factor de legitimación importante y “catapultar al Frente Popular como gran referente de la izquierda tunecina”, indicó a Télam Quim Arrufat, diputado de las CUP (Candidatura d’ Unitat Popular), un partido independentista catalán que participa del movimiento.

El Frente Popular intentará conseguir el máximo apoyo internacional el miércoles cuando, como cada semana, proteste en la plaza 7 de noviembre frente al Ministerio de Interior por el asesinato de Belaid.

El contexto político tunecino sigue siendo delicado, y el debate político está muy encendido después de que una joven tunecina fue condenada a muerte por lapidación por un clérigo musulmán por haber difundido en las redes sociales una fotografía suya en topless con una frase que abogaba por los derechos de la mujer.

“Estamos en un momento delicado, de resignificación, y ciertas reivindicaciones como la cuestión feminista puede ser malinterpretada y manipulada”, sostuvo ante Télam Zeineb Magouf, una universitaria tunecina de 21 años, mientas tomaba un café con sus amigas en el Théatre de Étoile du Nord, en el centro de Túnez.

“Quieren desviar nuestra atención hacia un debate que es profundo, porque está politizado, pero “tenemos problemas más urgentes, como resolver la pobreza y el desempleo”, apuntó su compañera de estudios, Khawla Ayari, preocupada por la visión de Túnez que los medios de comunicación internacional darán al mundo.

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