El 24 de marzo, 37 años después. ¿Después de qué? Éste es un tema esencialmente político y no partidista, y me expresaré con un lenguaje desprovisto de esa visión; uso el lenguaje de un pueblo con el que dialogo.

Por Adelina Alaye. Madre de Plaza de Mayo La Plata

Es imposible mencionar el 24 de marzo sin remontarlo, por lo menos, a 1930. Hay antecedentes, pero me interesa comenzar aquí, en paralelo con mi vida. Tenía entonces tres años. Como recordamos la mayoría de los contemporáneos que llevamos a cabo la lucha por la Verdad en principio, para llegar al hoy de la Memoria y la Justicia, se produce en ese año el golpe de Estado del 6 de septiembre, que usurpa el poder que legítimamente ejercía Yrigoyen… Reitero, quiero comenzar señalando esa fecha para marcar cómo desde entonces en nuestro país se sucedieron los golpes, cada vez más violentos, pero siempre con militares convocados y acompañados por civiles, porque en ese año se dicta una acordada nefasta de la Corte Suprema de Justicia legitimando el golpe de Estado, es decir, convalidando las acciones y decisiones de los golpistas… Eso significó que a partir de allí, los gobiernos de facto podrían actuar con las mismas atribuciones y derechos que los gobiernos democráticamente elegidos por el pueblo. Y algo más que decretaban era la disolución de los otros poderes, etc., etc.

Y es así como desde el ’30 hasta el ’76 se suceden varios golpes, siempre llevados a cabo por las FF.AA. con el apoyo y complicidad de fuerzas de Seguridad y sectores civiles que han constituido y constituyen una élite siempre dispuesta a estar cerca del poder y aportar sus planes y proyectos, que en más de 50 años siempre fueron los mismos, al igual que sus protagonistas: golpes cada vez más cruentos, hasta culminar con el genocidio 1976-1983, poniéndose entonces deliberadamente fuera del orden de la Humanidad; proyecto de las minorías privilegiadas que se sostuvo a sangre y fuego (esta vez con la Doctrina de la Seguridad Nacional), y que incluyó el desatino de la guerra de Malvinas, en la que otra vez la vida de los jóvenes fue sacrificada en pos de la locura de poder de una élite siniestra. Un plan permanente de las clases dirigentes para destruir la identidad nacional, la salud y la educación de los argentinos, sus industrias, su seguridad social, la Justicia.

Esto se entiende bien si decimos que los golpes de Estado se dieron siempre para corromper las estructuras económicas, de manera tal que el capital fuera quedando cada vez en menos manos y en mayor cantidad… debía readecuarse el país a los fines que les asignaba el imperialismo norteamericano, en acuerdo con la oligarquía argentina… debían aniquilar ineludiblemente toda oposición. Por eso nuestros 30.000 detenidos-desaparecidos pertenecen a sectores militantes del pueblo… Porque los que se adueñaron por la fuerza del poder no aceptaban que hubiera movimiento obrero ni estudiantil organizados… ni partidos políticos democráticos…

Vuelvo a mi pregunta inicial. ¿37 años después de qué? De comprobar que el hombre se desdijo de su origen esencial para convertirse en el soplo de una melodía penetrante y reiterativa en su sociedad, en el lobo estepario… ya no era el hombre junto al hombre, ya no había solidaridad. Sólo había ambición de poder, dolor y muerte…

Por primera vez en la historia de América hubo un juicio a los golpistas por sus crímenes y por la usurpación del poder, en 1984, que condenó a prisión a los principales actores del atropello genocida. Pero debilidades gubernamentales, propias de ese momento, estructuraron instrucciones a los fiscales y cedieron ante las presiones antidemocráticas: obediencia debida, punto final e indulto, lo que hizo decir entonces a una MADRE que el no haber recibido respuesta a sus reclamos en tantos años era “condenarla a la incertidumbre y el desasosiego, por más libre que transite y publique”.

¿Cómo nos encuentra este 24 de marzo de 2013, 37 años después? Con sectores que desde 1994 han entendido que hay un tiempo para todo, y comenzaron y continuaron a pulso actos y jornadas por Memoria, Recuerdo y Compromiso, esencialmente en La Plata, que sostuvieron en los largos años de impunidad el valiente repudio a los genocidas.

Saber será la imprescindible contribución a la Paz y a la recuperación política, social y emocional de los argentinos.

Quiero terminar destacando que todo lo dicho más arriba se está reparando, porque tenemos un gobierno democrático que hizo de la defensa y la práctica de los DDHH una política de Estado, y día a día vamos acompañando los juicios tan esperados y tan demorados, para completar la trilogía necesaria: Verdad-Memoria-Justicia.

Quiero agregar que nuestras víctimas (presos, torturados, violados, desaparecidos, asesinados, exiliados internos y externos) cayeron generosos y solidarios como hombres y mujeres que no aceptaban que se sojuzgara al pueblo… Se rebelaron contra la injusticia y la represión, la discriminación, la desigualdad y la falta de libertad… Y porque vislumbraban el futuro que nos abrumó con sus desocupados, hambrientos, ancianos y niños desesperados, sueldos misérrimos, inseguridad social y jurídica, educación deficiente, salud sin asistencia digna y la dilapidación que se hizo de la venta vergonzosa de nuestros recursos, tanto naturales como los producidos por la mano del hombre. Que llegaron hasta a mancillar la soberanía, hasta el punto de que un canciller de nuestro país se permitiera escribirles a los kelpers, en una foto de sus nietos, que “está triste porque es el único que tiene una sola nacionalidad, la argentina”.

Así como fue verdad lo que ellos pronosticaban, también llegamos a este 2013 con sus utopías haciéndose visibles inexorablemente, porque como ya dije hace un momento, se han instaurado los DDHH como política de Estado; por tanto se juzga y se condena en juicios orales y públicos a los genocidas y sus cómplices civiles; y por otra parte todos los habitantes de este maravilloso país estamos amparados por la vigencia de los DDHH, como están proclamados en la Declaración Universal de los DDHH según la Resolución de la Asamblea de las Naciones Unidas del 10 de diciembre de 1948, que en su artículo 1º marca el hito de su totalidad: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”.

Para hablar de la totalidad de la Declaración necesitamos un tiempo especial y un análisis profundo, porque no se trata de memorizar sus artículos sino de saberlos respetar. De aprender a vivir, gobernantes y gobernados, a la luz de la vigencia efectiva de sus postulados.

Nunca Más un gobierno violador de los derechos que el Estado debe garantizar.Nunca Más un pueblo que no sea capaz de salir en conjunto, solidariamente, a defender los derechos conseguidos y a reclamar los que nos faltan.

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