La excursión del conjunto del Viaducto a Belo Horizonte para jugar ante Atlético Mineiro fue una verdadera pesadilla: derrota 5-2, la posibilidad perdida de encaminar la clasificación y luego lo peor.

Sí, como le había sucedido a Tigre en la final de la Copa Sudamericana, los efectivos de las fuerzas policiales agredieron salvajemente a los argentinos en la puerta del vestuario (habían chocado antes en el campo de juego). Fueron demorados hasta las 5.30 en el estadio y lograron volver gracias a la fianza que pudo pagarse con ayuda del club local ¿Desde la Conmebol pondrán sanciones?

Una verdadera locura se vivió nuevamente en tierras brasileñas, en el marco de lo que debía ser una fiesta espectacular por un partido importante de la fase de grupos de la Copa Libertadores de América. Pero como viene sucediendo en los últimos tiempos, los equipos argentinos deben preocuparse más por su integridad física cada vez que viajan al país vecino y no tanto de la estrategia a plantear para obtener un buen resultado.

Es cierto que el comportamiento de los jugadores de Arsenal en el campo de juego del estadio Independencia Raimundo Sampaio de la localidad de Belo Horizonte no fue el adecuado, puesto que repartieron patadas ante los rivales y se le fueron al humo al referí cuando éste decretó el final del encuentro, pero también estuvo fuera de lugar la reacción de la Policía local cuando intentaba cercar la posición del paraguayo Enrique Cáceres.

Cuando todo parecía que quedaba allí en el “verde césped”, con el local disfrutando la victoria 5-2 y el elenco del Viaducto saboreando la amargura de una caída que complica sus chances de acceder a la ronda de los octavos de final, otra vez se desencadenó una vergonzosa batalla campal en la antesala de los vestuarios.

Los efectivos brasileños quisieron saldar con violencia algunas cuentan pendientes y no tuvieron reparos en repartir bastonazos y palazos a cuanto jugador o empleado del club de ropa celeste y roja se le cruzaba por el camino. Fue una salvaje emboscada, haciendo uso y abuso de la autoridad, que incluyó amenazas con revólveres y armas en la cabeza de varios representantes del plantel del “Arse”. Sí, patético y completamente similar a lo que había padecido Tigre en su partido ante San Pablo el pasado diciembre.

En ese momento, la agresión al “Matador” había sido en el entretiempo y Néstor Gorosito había tomado la decisión de no salir a jugar al segundo tiempo por la evidente falta de garantías para afrontar un encuentro de tal magnitud. Anoche, Arsenal fue cobardemente agredido al finalizar el juego y la delegación se defendió como pudo ante la embestida de los uniformados locales.

Eso no quedó ahí, ya que cuando se calmó la situación, las fuerzas policiales marcaron a siete futbolistas por desacato y lesiones. La intención era llevárselos inmediatamente detenidos, aunque desde Arsenal se movieron para evitar ese plan y todos quedaron demorados hasta las 5.30 en las instalaciones del escenario donde se jugó lo que debería haber sido una fiesta del fútbol. La Policía Militar bloqueó las puertas de salida y se vivieron momentos de suma tensión.

Gracias a la ayuda solidaria de los dirigentes del Atlético Mineiro, se juntaron los 30.000 reales de fianza establecida por las autoridades del caso y de esa manera los liberaron para que pudieran emprender el regreso hacia la Argentina. En estos momentos, el plantel está en el Aeropuerto y aguarda para abordar el avión que los llevará de regreso al territorio nacional.

La cuestión, por demás grave, pide a gritos la acción inmediata de un ente como la Conmebol, que ya hizo oídos sordos en la definición de la Sudamericana, con severos castigos. Los problemas en Brasil son recurrentes y preocupan ante la chance de nuevos enfrentamientos entre conjuntos de un país y otro en el futuro, además de la organización de la Copa del Mundo 2014.

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