El equipo que conduce Gallego volvió a mostrar su incapacidad para marcar a pesar de tener la pelota y el Albo lo provechó. La gente explotó y, por primera vez, insultó a los jugadores.

La realidad de Independiente es una película de Freddy Krueger. De terror. Es un film que, en principio, se suponía basado en una ficción. Ahora es una historia verídica. Una historia basada en hechos reales. Lo que vive hoy el Rojo es real. Cada partido es una estocada más para la ilusión de sobrevivir en Primera. Es como una pesadilla renovada que empieza a ser cotidiana; que baja a la realidad real. Al final del camino se ve que esto que vive Independiente es bien cierto. Que se despierta y la pesadilla no es aquel sueño sino esta realidad. La derrota ante All Boys demuestra que esto es más serio de lo que muchos piensan. Y ayer, además, se rompió un pacto: por primera vez la hincha insultó a los jugadores. En el anterior campeonato hubo un trato: alentar al equipo a pesar de las malas. En este torneo, volvieron a aparecer algunos barrabravas en el centro de la tribuna. De ahí nacían los cantos; el resto, como no pasaba antes, acompañaba en Floresta.
“¡Por la camiseta Rojo, ganar o morir!”. “¡Jugadores no se lo decimos más, si nos mandan al descenso qué quilombo se va a armar!”. “¡Jugadores la concha de su madre, a ver si ponen huevos, que no juegan con nadie!”. “¡Me parece que el Rojo no quiere ganar, tiene ganas de cobrar!”. “¡Jugadores escuchen a la gente, a ver si se dan cuenta, que esto es Independiente!”. Esa fue la batería de cánticos. Hubo uno, además, que nació también de la barra y que fue en contra del presidente Javier Cantero. Ese, sin embargo, fue callado por la hinchada. Independiente no gana un partido desde el clásico ante Racing en el Libertadores de América. Y eso se siente. Genera un combo que se traslada a la barra y los hinchas. El equipo de Américo Gallego se encontró con un gol a los siete minutos de la primera parte: una falta de Julián Velázquez que derivó en un tiro libre en la puerta del área: Brian Sarmiento, un ex Racing, golpeó el balón y lo incrustó en el ángulo de Diego Rodríguez. El Rojo gozó de la tenencia, pero en una cancha de dimensiones chicas se le volvió en contra. No le pudo entrar al Albo, ese conjunto de Pepe Romero que juega siempre igual, que se encontró con el gol y se defendió bien.
El Tolo, extrañamente, estuvo muy metido en el banco de suplentes. Casi no salió a dar indicaciones. Lo mandó Enrique Borrelli, el ayudante de campo. En el segundo tiempo, Gallego buscó variantes. Ingresó Ernesto Farías. Metió al juvenil Adrián Fernández, que debutó. Cambió pieza por pieza con Jonathan Santana. Pero fue a los ponchazos. All Boys se rió. Hizo la plancha. En la segunda mitad, nadie insultó a pesar del gol de Ángel Vildozo. Eso tiene que ver un la impotencia: la situación del Rojo sobrepasa a los hinchas. Era una película que se hizo realidad. Se corporizó. Independiente escucha, aunque no canten, el sonido de las niñas mientras saltan la soga en las películas de terror. Se asusta.

COMENTARIO
All Boys golpeó en el inicio y en el final. A los siete minutos. Con ese roscazo de tiro libre de Sarmiento solucionó el trámite. Abrió el partido cuando ni siquiera había generado peligro. El Albo, además, jugó uno de los mejores partidos del campeonato. El Rojo, que tuvo la pelota, jamás lo lastimó. El único que intentó jugar Leonel Miranda, pero se sintió muy solo, ya que el Rolfi Montenegro no lo acompañó. Además, a Independiente se le cayó Fabián Vargas al inicio del partido, por una lesión. Empezó mal; terminó aún peor.

LA FIGURA
Brian Sarmiento: el ex Racing no sólo metió el primer gol del partido, ese que abrió los caminos al triunfo del Albo, si no que fue el que más lastimó a la defensa roja junto al zurdo colombiano Santiago Montoya Muñoz.

Un barrio sin luz, con vecinos protestando
En los alrededores del estadio Islas Malvinas el tema recurrente era hablar de la oscuridad del barrio. Si bien la manzana que rodea a la cancha se encontraba en perfectas condiciones lumínicas, Floresta sigue padeciendo la falta de luz, producto del temporal que asotó la ciudad.
Ante esta situación, grupos de vecinos del barrio se manfiestaron y se quejaron para que se suspenda el encuentro entre All Boys-Independiente, en manera de reclamo por la situación que están padeciendo desde el momento en que empezó a caer la lluvia.
El encuentro estuvo en duda durante toda la tarde, pero finalmente las autoridades de la Asociación de Fútbol Argentino decidieron que se juegue y que sea el encuentro que abra la octava fecha del Torneo Final 2013.
La luz funcionó a la perfección en la cancha, pero desentonaba ver un estadio repleto y luminoso, mientras a pocas cuadras los vecinos se quejaban por no tener servicio desde hace cuatro días.

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