El oficialismo, que mantiene el quórum propio en ambas cámaras, definiría su candidato presidencial en primarias. Massa adentro del FPV o Massa afuera parece ser otra incógnita. Para Macri, no quedaría otra que aliarse con el peronismo disidente.


Los resultados de las elecciones legislativas que se celebraron el pasado 27 de octubre fueron, en cierto sentido, inocuos. Sus efectos sobre la composición del Parlamento nacional serán mínimos, la relación de fuerzas se mantendrá casi igual. El Frente para la Victoria conservará 132 escaños en la Cámara baja y 38 en la alta. Esto le garantiza el quórum propio en ambas. En el panorama opositor, el Frente Renovador de Sergio Massa viene a reemplazar el lugar que desde 2009 intentó ocupar el ahora alicaído Peronismo Federal. El PRO de Mauricio Macri, que remontó mucho los resultados que había conseguido en las Paso, crecerá en la cantidad de diputados y estrenará tres senadores. En el caso del panradicalismo, que será la segunda fuerza parlamentaria, tendrá 61 bancas en Diputados y perderá un senador. Es decir, hay movimientos, pero son leves.

Sin embargo, la elección dejó un dilema central con tantopeso como la composición del Parlamento: 2015. Aunque todavía falten dos años para las presidenciales, el modo enque las fuerzas políticas se paren respecto de esa contienda marcará lo que sucederá en las próximas semanas, no dentro de 24 meses.

El kirchnerismo enfrenta una situación inédita. Desde su nacimiento en 2003 es la primera ocasión en la que tiene la certeza de que ninguno de sus dos líderes principales y fundadores podrá ser candidato presidencial. Luego de que Cristina Fernández ganara en 2011, el Gobierno jugó a la ambigüedad con la posibilidad de una segunda reelección. La estrategia tenía dos objetivos. Si la Presidenta aseguraba que no volvería a ser candidata, disparaba la disputa por la sucesión dentro del peronismo y complicaba la gobernabilidad. Y si afirmaba que buscaría reformar la Constitución para competir por otro período, se exponía demasiado a los ataques basados en acusarla de querer “eternizarse” en el poder. La ambigüedad era el modo de cubrir parcialmente ambos frentes. Esa estrategia es la que ahora no puede continuar, los números del Congreso no lo permiten.

La duda es entonces cómo mantener cohesionado al grueso del peronismo, el instrumento político que permitió plasmar muchas de las transformaciones impulsadas por Néstor y Cristina, y que al mismo tiempo tiene olfato para el poder y pocos pruritos para cambiar de piel, de ropaje y de discurso, en pos de preservarse.

En las semanas previas a la elección, hubo algunas señales sobre el camino posible. El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, que no oculta su ambición presidencial, tiró sobre la mesa que el candidato del FPV en 2015 debería decidirse mediante las Paso, que hasta ahora fueron más aprovechadas por las fuerzas opositoras, que en su momento las rechazaron, que por el oficialismo que las impulsó. El mandatario del Chaco, Jorge Capitanich, que se anotó como senador suplente en la lista del FPV y logró una gran elección el 27 de octubre, acompañó en la idea de Scioli, y lo mismo hizo Sergio Urribarri, gobernador de Entre Ríos, otra de las provincias en las que el kirchnerismo ganó con holgura. Pero el dato más relevante fue que la propia Presidenta, en el reportaje televisivo que le hizo Jorge Rial a fines de septiembre, aseguró que no pondría al candidato del oficialismo “a dedo”, un claro aval a definir el tema en las primarias.

El uso de las Paso serviría para mantener al grueso del peronismo con los pies dentro del plato. Pone sobre la mesa a varios candidatos competitivos para la elección y sería un anestésico para el “efecto Massa”.

EL FRENTE OPOSITOR

El jefe de Tigre deberá comenzar a recorrer el lado oscuro de la Luna. Tiene que mantenerse en el centro del escenario desde una banca de diputado, algo que no es demasiado fácil. Además, deberá enfrentar una novedad: el oficialismo y otras fuerzas opositoras tendrán sus ojos puestos sobre él. Recibirá varios cuestionamientos, algo que no le ocurría sentado en el sillón de la intendencia, en el que podía “zafar” del debate caliente mientras gastaba grandes sumas de dinero en publicidad y se hacía “popular” a través de los medios. Massa tiene dos caminos. El primero, renunciar a la carrera presidencial y volver al redil del FPV postulándose para gobernador bonaerense, un giro que hoy parece imposible pero que no lo es tanto. El otro, seguir por el sendero que emprendió con su propio frente y armar una fuerza nacional sumando a los peronistas disidentes, como el cordobés José Manuel de la Sota, los hermanos Alberto y Adolfo Rodríguez Saá y su “socio ncómodo” Mauricio Macri, entre otros.

Este camino tiene una dificultad: varios de ellos quieren ser andidatos presidenciales, al igual que Massa, aunque tienen un año y medio para elegir un modo de resolución. De todos modos, el armado nacional del massismo tiene por ahora más sombras que luces en el horizonte, siempre y cuando el kirchnerismo logre mantener cohesionada a la mayoría del peronismo tras de sí.

El dilema del frente panradical es demostrar su capacidad de construir una fuerza con un mínimo de consistencia. Está demasiado fresco lo que sucedió con el Acuerdo Cívico y Social, que se constituyó para las elecciones de 2009 con las mismas fuerzas y dirigentes que pueblan las filas de Unen o el Frente

Progresista bonaerense, y que a los pocos días de la votación comenzó a fragmentarse. Y ni hablar de lo que sucedió con la Alianza que llevó a la presidencia a Fernando de la Rúa.

A diferencia de lo que sucede con el massismo, la familia radical tiene presencia nacional aunque su talón de Aquiles por ahora es la provincia de Buenos Aires. Pero su principal desafío pasa por la unidad. Tendrá la posibilidad de mostrarla cuando asuman los nuevos parlamentarios. No será lo mismo si cada partido arma su propio bloque que si encuentra alguna forma de mostrarse con cierta institucionalidad interna.

Mauricio Macri, por su parte, lanzó su candidatura presidencial el mismo domingo de la votación, basado en la premisa de que quien pega primero lo hace dos veces. A criterio del que escribe, el jefe porteño intentó nacionalizar el buen resultado obtenido por Gabriela Michetti en Capital para no quedar eclipsado por el triunfo de Massa en territorio bonaerense. Macri no tiene otro camino que el de confluir con el peronismo disidente, ya que el panradicalismo tiene ahora al menos dos presidenciables: Hermes Binner, que ganó en Santa Fe con el 42,3 por ciento de los votos la elección parlamentaria, y Julio Cobos, que también consiguió el primer lugar en Mendoza con el 47,7. Por eso, el lanzamiento de Macri no es otra cosa que picar en punta para luego sentarse a negociar con los disidentes.

Un último párrafo dedicado a quienes perdieron de modo contundente y no pueden soñar con 2015. El primer lugar en ese incómodo podio lo ocupan los aliados Francisco de Narváez y Hugo Moyano. El Colorado sacó treinta puntos menos que en la parlamentaria de 2009 y terminó peleando el cuarto lugar cabeza a cabeza con Néstor Pitrola, del Frente de Izquierda (FIT), a quien le ganó por el 0,3 por ciento. Respecto de Moyano, aunque logró que el canillita Omar Plaini, que secundaba a De Narváez, renueve su banca, también confirmó que su olfato como armador político es la mejor prueba de que es un gran dirigente sindical.

Por Demián Verduga

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