Futuro comparte las principales ideas de una mesa redonda en la que autoridades del Ministerio de Ciencia y Tecnología, el

Conicet, Invap, Y-TEC y la CNEA debaten acerca de articulación, vinculación y desarrollo del país, en el marco del encuentro anual de la Asociación Física Argentina.

Sobre el cierre del año pasado un encuentro tuvo la intención de debatir un tema fuera de agenda: la política científica para los próximos años. En el marco de la década ganada (2003-2013) y los treinta años de democracia (1983-2013), durante la reunión que anualmente convoca la Asociación Física Argentina (AFA), esta vez en Bariloche (ciudad cuna de la ciencia y la tecnología si las hay), precisamente en el Centro Atómico de la Comisión Nacional de Energía Atómica, se desarrolló una mesa redonda en la que se debatió en torno de los “Desafíos para la articulación de la ciencia y la tecnología para la próxima década”.

Participaron Lino Barañao, ministro de Ciencia y Tecnología; Roberto Salvare-zza, presidente del Conicet; Tulio Calderón, gerente del Area de Proyectos Aeroespaciales y Gobierno de la empresa Invap; Gustavo Bianchi, director general de Y-TEC (YPF Tecnología), y Alberto Lamagna, gerente del Area de Investigaciones y Aplicaciones No Nucleares de la Cnea.

“La variable tiempo en el desarrollo de nuevas tecnologías es fundamental, porque la tecnología debe considerarse como un material perecedero, dado que no tenemos tiempo infinito para ponerla en el mercado”, comenzó señalando Alberto Lamagna con respecto a “los grandes proyectos tecnológicos” que tiene el país por delante en materia nuclear, tales como el reactor Carem, la separación isotópica por láser, tecnología de láseres, de-sarrollo de tecnología como aceleradores de iones, micro y nanotecnología, entre otros. “El verdadero desafío es que en los grandes proyectos trabajen juntos ingenieros, tecnólogos y científicos básicos, con sus distintas visiones; tenemos que conciliar el problema de la distintas percepciones que se tiene del tiempo que hay para un desarrollo, porque la sociedad que nos financia necesita resultados en pocos años”, dijo.

El representante de la CNEA también sostuvo que para el “objetivo estratégico” de tener independencia tecnológica en el campo nuclear el gran desafío son los recursos humanos y “el cambio de paradigma basado en un nuevo perfil de profesionales orientados a la tecnología aplicada”. “La aspiración que en general tienen los científicos de disfrutar de libertad académica para investigar, en instituciones como la CNEA, genera un conflicto. A pesar de esto, hoy en día estamos logrando la transición de quienes hacen ciencia básica de excelencia hacia temas aplicados y de necesidad concreta para el desarrollo nacional. Esto genera un círculo virtuoso de trabajo interdisciplinario entre los jóvenes que hay que potenciar, donde lo primero fue dejar de lado prejuicios que existían entre los básicos y tecnólogos”, describió Lamagna.

Ciencia, universidades e industria buscan un lenguaje común

A su turno, Tulio Calderón señaló que la clave para las próximas décadas es “que los planes no se discontinúen y evitar los cortes en el desarrollo”. Su argumentación se ubicó en el centro del Triángulo de Sábato, el esquema –a esta altura tan clásico como vigente– que plantea la importancia fundamental de una integración virtuosa entre universidad, sector productivo y gobierno. Calderón diferenció dos fases en torno de los desarrollos tecnológicos –la precompetitiva y la competitiva–, y explicó que en el país hay varios “modelos de vinculación tecnológica” e incluso “empresas marsupiales que están dentro de las universidades”. Para Calderón es importante fortalecer a “las universidades como proveedores”, para esto tienen que salir del modelo de “publicar o morir”. “Si empresas como la nuestra pudieran cerrar contratos de transferencia de tecnología con las universidades sería ideal”, dijo Calderón.

Respeto de la productividad, el directivo de Invap marcó: “Mientras la investigación se mide en papers, el desarrollo de tecnología competitiva se mide en cuánta plata se vendió en el mercado o cuánto IVA (impuesto al valor agregado) se pagó, porque eso tiene que ver con el ciclo económico”.

A su vez, dijo que “medir la tecnología precompetitiva –aquello que se inventa hoy pero se va a usar mañana– es una dificultad, dado que en la Argentina, a diferencia de otros países, no se patenta, porque lo usual es que se use el secreto industrial como protección”.

Gustavo Bianchi, desde la perspectiva energética, destacó la importancia de pensar el pasaje de la investigación científica al desarrollo de tecnología. Para ello llamó a construir nexos entre la ciencia y la industria. Dijo que si bien la Argentina tiene una larga tradición de ciencia e investigación, ésta tuvo poca relación con el área tecnológica y la industria. “Hasta hace poco, los tecnólogos no tenían lugar en el sistema. Pero en los últimos años se les están dando oportunidades a través del Conicet –señaló–. El problema es que faltan nexos, es decir, gerentes de tecnología con un fuerte liderazgo y un lenguaje común entre la ciencia y la industria, que entiendan qué sucede en ambos campos.” Y-Tec (YPF Tecnología) apunta a cumplir esa función. Es una empresa esencialmente de I + D (Innovación y Desarrollo), creada hace apenas un año, que busca generar y aplicar conocimientos en todas las áreas de la industria energética. El 51 por ciento de sus acciones pertenecen a YPF y 49 por ciento al Conicet.

A continuación, Roberto Salvarezza, presidente del Conicet, afirmó que “la recuperación” del organismo viene de una definición política bien clara: “La ciencia y la tecnología tienen que servir para el desarrollo nacional”. Y brindó datos concretos: “A partir del 2003 el Conicet ha experimentado un crecimiento muy fuerte, tiene 7500 investigadores, 9500 estudiantes de doctorados y post doctorados, 2500 técnicos, y 190 unidades ejecutoras en todo el país. De los 7500 investigadores, 5700 están en universidades nacionales”.

“Hemos realizado una política de apertura del organismo hacia la transferencia, que no es sólo tecnología –dijo–, sino también transferencia en el área de salud y de las ciencias sociales.” Y puntualizó: “Hay un grupo importante de 200 investigadores aquí en el Centro Atómico Bariloche, 130 en el Inta, hay investigadores del Conicet en Invap, nuestras interfases de acción son múltiples y atendemos diferentes tipos de demandas”.

La apertura y la articulación son cambios culturales

Si bien el Conicet trabaja fundamentalmente en ciencia básica y tiene un reconocido prestigio en este campo, Salvarezza explicó que en los últimos dos años han hecho importantes avances para que “el investigador conozca o reconozca que el conocimiento que produce puede tener un valor económico”.

Para Salvarezza, “éste es un cambio cultural muy grande que se puede hacer ahora, luego de los diez años de trabajo ejecutados desde la Secretaría de Ciencia y Tecnología y luego desde el ministerio, como por ejemplo la formación de los consorcios público-privados”.

Salvarezza informó que hay alrededor de 500 investigadores del mundo básico que se han movido a través de proyectos financiados por el Mincyt. “Trabajamos también por un Conicet abierto a las necesidades de ministerios y municipios –dijo–, estamos articulando temas para investigar con organismos como Cnea, Inta y las universidades para hacer planes específicos y, de esa manera, tener una investigación mucho más sólida en la transferencia de conocimiento.”

Como novedad, anunció que se abrió una nueva “evaluación tecnológica” en la cual se evalúa a los investigadores en proyectos. “La idea no es separar investigación básica de investigación aplicada –dijo el titular del Conicet–, lo que queremos es buenos investigadores que hagan buena ciencia, que puedan explorar, involucrarse en proyectos y trabajar en proyectos concretos por 4 o 5 años.”

Al cierre, el ministro Lino Barañao puntualizó varios desafíos del futuro, entre ellos: encontrar “cómo convertir el conocimiento en riqueza” y “cómo promover el conocimiento original”. Barañao se refirió a la innovación productiva como herramienta y “nexo”. Dijo que “hay muchas recetas para innovar” y que “la clave está en pasar de la teoría a la práctica”. Habló de impulsar espacios interdisciplinarios para generar innovación, y eficientizar el nexo entre el sector y la producción. “Para eso están los gerentes tecnológicos –dijo Barañao–, que manejan los dos idiomas y pueden acoplar efectivamente el mundo de la ciencia con el mundo de la producción. Pero esto no es fácil, porque el sistema científico y el sistema empresarial tienen mecanismos de retroalimentación distintos. En la empresa pasa por la rentabilidad, y en la comunidad científica el loop de la retroalimentación pasa por la aceptación de los pares.”

En este sentido, el titular de la cartera de Ciencia y Tecnología subrayó que “el problema central es que no siempre se logra obtener el reconocimiento de los pares y favorecer la rentabilidad de la empresa al mismo tiempo”, dado que “los mecanismos de recompensa no están alineados”. Y se refirió al impulso a los consorcios público-privados mencionado anteriormente por Salvarezza: “Están funcionando bien, tenemos unos 50 consorcios, que producen desde anticuerpos monoclonales, microchips y variedad de vegetales, entre otros”.

Barañao orientó el debate a otro desafío: “promover la innovación trascendental, las ideas originales”. Al respecto, explicó: “Yo creo que hay un campo en el que la Argentina se puede destacar, que es la investigación interdisciplinaria. Creo que tenemos chance de aprovechar esa interfase de la disciplina, que es donde está la acción”, dijo.

En “La estructura de las revoluciones científicas” Thomas Kuhn señala que los avances accidentales los hace gente joven o nueva en el campo. Sobre esa base, el ministro expresó: “Tenemos que favorecer a aquellos que son capaces de hacerse preguntas que cruzan su campo específico de acción. Y para eso estamos haciendo varios experimentos que requieren un entorno edilicio adecuado. Un ejemplo es el Polo Giol, el área de investigación que se llama I 4: Institutos Internacionales de Innovación Interdisciplinaria, en el que tratamos de reunir en un mismo espacio gente que haga biomédica, biotecnología, nanotecnología, computación y economía, para que surjan estos diálogos que puedan generar ideas nuevas. No es un concepto nuevo: cuando se montaron los Bell Labs hicieron adrede un pasillo largo para que los investigadores cuando iban al comedor tuvieran que interactuar y caminar un trecho con alguien”.

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