Es difícil comprender que con 8 años encontró las fuerzas para dejar su club, sus amigos y su familia entera, pero quizás sea tan simple como él lo explica hoy. En la distancia, el recuerdo de los seres queridos fue la motivación que le permitió crecer jugando al fútbol. Cristian Bazán nació el 9 de abril de hace 15 años en San Luis, y no es exagerado pensar que seguramente antes de saber leer haya aprendido a hacer goles en alguna cancha sin pasto muy cerca de su casa.

Hoy su presente futbolístico supone un futuro exitoso que acompaña con una noticia que le permite seguir cumpliendo sueños: fue elegido para vestir la camiseta argentina en el seleccionado Sub 15 para jugar el Sudamericano clasificatorio al Mundial Sub 17.

Con 5 años, sus padres no lograron contener la pasión y lo llevaron al Club Sportivo Estudiantes. Como desde el comienzo demostró condiciones de atacante, el DT le puso la 9 y entonces empezó a hacer goles. Así comenzó a formar su carácter a la par de su sentido de pertenencia, de su amor por la camiseta con bastones verdes y blancos; un sentimiento que hoy no se le quita. A los 8 abrió sus alas y se fue a Argentinos Juniors, uno de los clubes de Argentina que mejor trabaja en las inferiores; y ahí comenzó a protagonizar una nueva historia a la que sumó nuevos amigos y más metas.

Porque pudo saltar cada barrera sabe que puede alcanzar la gloria y por eso afronta su presente con las ganas del primer día sin olvidar que el camino fue difícil. “Me llamaron mi DT de Argentinos y mi representante y me dieron la noticia que me emocionó a mí y a mi familia”, explicó el joven jugador, que a partir de la próxima semana se sumará a la concentración del seleccionado argentino para jugar el Sudamericano que será clasificatorio para disputar uno de los juveniles más importantes.

“Espero que llegue el día para poder concentrar, será algo muy lindo y voy a trabajar mucho y con humildad para lograr mi objetivo que es jugar en noviembre el Sudamericano en Colombia”, explicó.

En su pasado y en su presente, así como la familia, Estudiantes es un amor que tiene en San Luis: “Significa todo para mí, amo al club al igual que toda mi familia, jugué de los 5 años hasta los 8 y disfruté mucho mi paso por ahí”. Y en medio de los recuerdos se le hace inevitable no pensar en alguien: “Tengo una persona especial que fue mi técnico a quien quiero agradecerle, Marcelo Ruarte. Me encantaría jugar de vuelta en Estudiantes, sería un orgullo. Recuerdo los campeonatos obtenidos con el club y el viaje que hicimos a Santa Fe, que fue donde tuve la suerte de que me vieran”.

También opinó del presente de la institución que hoy representa a la provincia en el Nacional “B”: “Me parece muy bueno, creció mucho estos últimos años y me pone feliz que el club que amo esté jugando en la segunda mejor división de Argentina. Sería un sueño que juegue en la primera división del país, yo creo que si seguimos creciendo se puede obtener ese objetivo”.

Desde que juega en Buenos Aires es la cuota de gol de su equipo: “Gracias a Dios desde que estoy en Argentinos he salido goleador todo los años”. Y contó que allá los equipos juegan campeonatos, primero con fase de grupos (en la que participan equipos de la “B” Metropolitana, la “B” Nacional y de la primera división), y después los primeros cinco clubes clasifican para jugar la segunda ronda, un todos contra todos.

Hoy combina sus horas de estudio con las de entrenamiento. De 7 a 12:30 va a la escuela secundaria y a partir de las 14 entrena en Argentinos hasta las 18. “Vivo en un departamento y mi familia me acompaña desde San Luis. A partir de las 19 ya estoy descansando o estudiando”, contó en la entrevista.

Cristian Bazan en acción vistiendo los colores de Argentinos Juniors
Cristian Bazan en acción vistiendo los colores de Argentinos Juniors
Cristian es el penúltimo de siete hijos de un matrimonio que vive en San Luis y que se siente orgulloso, por ellos y los afectos que le quedaron alrededor, es que cada tanto vuelve, principalmente cuando los feriados se lo permiten. Se nota agradecido con lo que le dieron sus padres y con la suerte de haber encontrado, a más de 800 kilómetros de su tierra, gente que no solo le abrió las puertas de una casa sino el corazón para que hoy esté viviendo un sueño del que no quiere despertar.

Nota: Catalina Ysaguirre

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