En los últimos años, la categoría de vinos dulces tuvo un crecimiento exponencial. Y esto se vio reflejado en la marcada proliferación de etiquetas de diferentes estilos: desde blancos tranquilos, pasando por tintos y, por supuesto, espumantes.

Para la industria, sin dudas, es un síntoma positivo. No es para menos: implica una puerta de entrada hacia el mercado del vino y que capta a consumidores especialmente del segmento joven -siempre hablando en términos de consumo responsable-.

Según la Radiografía de Consumidores de Vino de Alta Gama, un estudio realizado por la consultora Stg a partir de casos recavados en todo el país, en la actualidad casi 1 de cada 10 botellas que se vende corresponde a un vino dulce, lo que no es poco en tierras donde hoy mandan los tintos.

Ahora bien, a lo largo de la experiencia de un sommelier, es común escuchar cómo este estilo de vinos es considerado un trampolín o un punto de partida hacia otros estilos.

También, es normal ver situaciones en las cuales una persona presiona o insiste a otra para que dé el “gran salto” y abandone la zona de confort de los vinos dulces -en general, un segmento visto con cierto menosprecio, algo que consideramos erróneo, ya que abundan los productos nobles y de excelente calidad- y avance en la “conversión” hacia los vinos tintos.

En esta suerte de “evangelización” de los consumidores, es común toparse con situaciones forzadas e innecesarias. En primer lugar, la insistencia nunca va de la mano con un producto que requiere tanto tiempo y paciencia como el vino en todas sus gamas.

Por otra parte, presionar, no sólo es una falta de cortesía, es además la manera más eficaz para que la otra persona se resista por un buen tiempo a volver a intentar su ingreso a un nuevo mundo en el cual los sentidos juegan un papel clave.

Hechas estas salvedades, un aspecto fundamental es que otra buena manera de boicotearse o boicotear a un futuro consumidor, que está disfrutando de su comodidad con los vinos dulces y fáciles de beber, es comenzar a transitar el camino directamente a través de los tintos, cuando éste debiera ser el estadío final.

Por un lado, los taninos, a los que seguramente quien beba sólo vinos dulces no estará acostumbrado, resultarán por demás abrasivos. La acidez, sea alta o baja y al no estar compensada por el dulzor, siempre tenderá a ser mordiente. Y la carga aromática se tornará excesiva a medida que se expande en el paladar.

Así, es común que una persona diga que el vino “le pica” en el paladar o que le resulte demasiado ácido.

¿Entonces, por dónde comenzar el camino hacia los tintos? Un primer escalón, en una escala progresiva y que suele funcionar en la práctica, es abordar el camino a través de los Chardonnay que registran paso por madera.

¿Por qué? Básicamente porque es una cepa con niveles de acidez un poco más bajos que otras variedades blancas, como el Sauvignon Blanc. Además, estos vinos con crianza siempre suelen tener fermentación maloláctica, que le baja el pulso a la acidez y desarrolla notas lácticas, muy agradables al olfato.

También, el hecho de que estos vinos hayan pasado por madera, le aporta notas de vainilla, sabores de almendras y “sensaciones dulces en boca”, tal como lo refleja un estudio del INTA Mendoza, pero sin ser vinos dulces, lo que permitirá ir acostumbrando al paladar.

En este caso, recomendamos dos ejemplares que se ajustan a la perfección al “manual” de los Chardonnay con madera y cuyos precios van de los $125 a los $150:

• Dedicacion Personal 2011, de bodega Alfredo Roca, que registra nueve meses de añejamiento en barricas francesas y americanas y ofrece una nariz está plagada de frutas tropicales y de pepita, bien maduras, frutos secos, toques lácticos y algunos tostados. En boca hay una continuidad de la paleta aromática y se luce por su gran untuosidad, que le garantiza una gran presencia en el paladar y una larguísima persistencia.

• Salentein Reserve Chardonnay, de bodegas Salentein, un ejemplar que exhibe elegancia y equilibrio. Su aromática en nariz es suave, con un mix que conjuga peras, manzanas y levísimos tostados. En boca, en tanto, muestra gran amplitud y algo de oleosidad, pero con pulso fresco.

Una segunda escala en la “transición” coherente desde los blancos dulces hacia los tintos, son los vinos rosados. Por permanecer apenas unas horas en contacto con los hollejos, reciben un contenido mínimo de taninos, lo que garantiza que sean vinos muy ligeros y fáciles de beber.

En este sentido, es importante tratar de dar con ejemplares que no registren una alta acidez y sean por demás equilibrados. Dentro de este estilo, desde Vinos & Bodegas sugerimos dos etiquetas que se adaptan bien a esas características:

• Melipal Malbec Rosé 2014, de bodega Melipal, es un rosado fresco, con abundantes notas de frutas rojas frescas, trazos florales y un distintivo toque a pomelo. En boca, en tanto, este ejemplar de Agrelo, Luján de Cuyo, es equilibrado y sumamente elegante. Es un rosado dócil, que seguramente te lleve a una zona de confort.

• Goyenechea Merlot Rosé Goyenechea 2014, de bodega Goyenechea, un rosado elaborado con uvas Merlot de San Rafael que gusta por su abundante fruta roja fresca, potente, que va de la cereza a la frutilla. En boca tiene algo de cuerpo, pero se vuelve grácil de la mano de una acidez refrescante pero no mordiente. Antes de extinguirse, se potencia esa fruta percibida al comienzo.

Una vez transitado el terreno de los rosados va a ser menos conflictivo el ingreso al mundo de los tintos. Y para ello, la mejor puerta de entrada es el Pinot Noir, una cepa que entrega ejemplares en general dóciles, con abundante fruta roja y, cuando no son muy concentrados y no se les potencia la acidez, por lo general corren de manera ágil en el paladar y son sumamente amables.

Además, tienen una aromática que seduce, de la mano de notas de frutos rojos, como frutillas, frambuesas, cerezas y arándanos.

Dos ejemplares que se destacan por su docilidad y por ser bien bebiles son:

• Malma Finca La Papay Pinot Noir 2013, de Bodega NQN, un vino que, por menos de $100 ofrece una paleta que conjuga frutos rojos maduros, vainilla, trufas y toques de hierbas aromáticas que recuerdan al romero. En boca se luce con una buena carga frutada y una gran persistencia. Su cuerpo medio y su frescura lo tornan fácil de beber y armonioso.

• Desierto 25 Pinot Noir 2013, de Bodega del Desierto, un ejemplar que tiene todos sus ingredientes en orden y que en nariz ofrece fruta roja madura y una pincelada apenas terrosa. Su breve paso por barricas suma vainillas y tostados. En boca es amplio pero etéreo, algo mineral, con taninos súper dóciles.

Independientemente de los gustos y estilos, un punto central a la hora de disfrutar de un vino, es darle y darse tiempo. La ansiedad es el mayor enemigo y es la principal barrera a vencer cuando se intenta atravesar un mundo tan simple, subjetivo y lúdico como es el vino.

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