Los llamados trastornos del espectro autista (TEA) se han ido incrementando en las últimas décadas. Esto provocó una importante alarma social sobre el origen de esta enfermedad de la cual aún se desconoce la causa. Una experta lo analiza para Infobae.

Cada vez son más los niños diagnosticados con algún Trastorno del Espectro del Autismo (TEA). A mediados de los 70′, la prevalencia se estimaba en 1 cada 5 mil, a mediados de los 80 en 1 cada 2.500 y al día de hoy ronda en el 1% de la población infantil. “La importancia del autismo como problema de salud es que constituye una gran preocupación a nivel mundial porque las estadísticas están aumentando mucho”, explica a Infobae la doctora Karina Gutson, médica pediatra especialista en desarrollo infantil y prosecretaria del Comité de Crecimiento y Desarrollo de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP).

Según el último estudio realizado en Estados Unidos y publicado por el Centro de Control de Enfermedades (CDC) en 2014, la prevalencia de estos trastornos es de 1 cada 68 niños o de 14,7 cada mil. Estos resultados surgen del seguimiento de 363.749 niños provenientes de 11 centros ubicados en diferentes estados del país. “Sobre aquella población de pacientes se realizó un estudio de prevalencia de autismo a los 8 años, que es una edad en que los diagnósticos son estables. Existen reportes de prevalencia de TEA en países europeos y Canadá que rondan el 1%, pero ninguno reúne un número tan alto de casos”, detalla la especialista que también preside la Asociación Civil PANAACEA, especializada en el abordaje de pacientes con autismo.

De acuerdo con la pediatra, en Argentina, al igual que en el resto de Latinoamérica, no hay estudios de prevalencia que permitan conocer el estado de situación, aunque se estima que uno de cada 100 chicos tendría algún trastorno del espectro autista.

Por qué va en aumento

Existen varios factores que se los consideran influyentes en este aumento de la prevalencia. El principal de ellos es la ampliación de los criterios de diagnóstico, donde ahora se incluyen casos más leves. “Existe un mayor conocimiento del cuadro en la población en general y entre los profesionales, por lo que el cuadro se sospecha con mayor frecuencia”, explica la doctora Gutson. Por otra parte, los diagnósticos en niños pequeños no son estables. De acuerdo con la especialista, esto se debe a que un niño menor de tres años puede mostrar signos de riesgo de TEA y que, posteriormente, no reúna criterios de diagnóstico.

Adicionalmente, la especialista comentó que “se está investigando la importancia de factores ambientales como probables causas de este aumento”.

El espectro y sus matices

Los TEA tienen que ver con alteraciones que comprometen el desarrollo temprano de los niños, es decir, desde la etapa de la gestación y los primeros tres años de vida. Esta es una cuestión de clasificaciones. “En la actualidad, el espectro autista y autismo se utilizan como sinónimos. En el espectro autista se encuentra alterado, en distintos niveles, el desarrollo de la comunicación y el lenguaje, la interacción social, y la flexibilidad de la conducta”, detalla la doctora Gutson.

“Se trata de chicos que tienen intereses limitados, conductas atípicas como pueden ser movimientos raros con las manos, aletear los brazos o caminar en puntas de pie, desarrollar un juego rígido y restringido y, cuando son más grandes, pueden manifestar preocupaciones puntuales”, agrega. “Saben quizás mucho de algunos temas, pero es muy difícil lograr con ellos un intercambio. No hay una persona con TEA igual a otra. Si pensamos en un ‘espectro’ de colores, nos referimos a las distintas gamas, como un arco iris con sus diversas tonalidades”, refiere la pediatra.

De acuerdo a la especialista, existen personas dentro de este colectivo de pacientes que pueden tener ausencia de desarrollo de lenguaje hasta quienes manejan un amplio y refinado vocabulario; personas con coeficiente intelectual bajo, promedio o superior – que se conoce como autismo de alto funcionamiento- y personas con diferente calidad de interacción social que puede ir desde el profundo aislamiento hasta una manera exagerada e inapropiada de buscar contacto social.

Por último, “las personas con TEA pueden tener alguna enfermedad médica asociada o no. El autismo afecta por igual a todas las razas y clases sociales”.

El valor de un diagnóstico oportuno

“La importancia de identificar tempranamente los signos de alarma se debe a que el cerebro de los niños pequeños es muy plástico. Esto quiere decir que tienen mucha capacidad de adaptarse y que, a través de una estimulación adecuada, pueden mejorar su pronóstico”, detalla Gutson. Entonces, cuanto antes se les diagnostique esta patología, mejor será el resultado de su tratamiento y su desarrollo.

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De acuerdo a la especialista la falta de contacto visual, la ausencia del lenguaje, la falta de comprensión de algunas cuestiones y sobre todo, que los chicos no señalen para pedir o el tipo de juego que tienen, pueden ser indicadores de algún trastorno del desarrollo. “No obstante, cada vez se va más atrás en la detección temprana y ya, durante el primer año de vida, puede haber signos de alarma. El más importante de ellos es el de la ausencia o la poca profundidad de la mirada en la relación con los otras personas”.

Autismo en la familia

Muchos padres de chicos autistas temen seguir teniendo hijos para evitar que sufran la misma enfermedad. De acuerdo a la presidente de PANAACEA, se sabe que existe algún componente de herencia y que las familias que tienen un integrante con una condición del espectro autista, cuentan con un riesgo aumentado respecto a la población general. “No se trata de un riesgo muy grande pero si se trata de un riesgo mayor y no solo de autismo, sino también de que padezca otros trastornos del desarrollo como trastornos del lenguaje, de aprendizaje o cognitivos”, afirma Gutson.

Momentos terapéuticos

La cantidad de tiempo que se destina a estimular a este colectivo de pacientes es clave para asegurarse el éxito de su tratamiento. “La mayoría de estos chicos tienen muchos tratamientos porque van a una fonoaudióloga, a una terapista ocupacional, a un psicólogo, a un psicopedagogo y, a veces, en la escuela también reciben ayuda con acompañantes y maestra integradora. No obstante, lo más importante es conocer cómo funciona ese chico y que cada momento de su vida sea terapéutico”, detalla la médica.

“Esto quiere decir que los papás tienen que conocer muy bien cómo aprende su hijo y cómo se relaciona para ayudarlo en su mejoría que es lo que hará que un tratamiento resulte verdaderamente intensivo. Cuanto más temprano se instala este abordaje del paciente, mejor es el pronóstico e incluso hasta se puede hablar de prevención”.

La vacuna, los chicos y el autismo

La búsqueda del “origen” del autismo es compleja porque, en realidad, no hay una única causa. “Se sabe que convergen muchas situaciones. Por un lado, es necesario tener una predisposición genética – no cualquier persona puede desarrollar autismo- pero también depende de cuestiones del ambiente que van sumando factores determinantes. Esto tiene que ver con la calidad de los estímulos, de los vínculos y otras cuestiones ambientales que están estudiadas o que todavía se desconocen. No existe una única causa para el autismo”.

Por otra parte, existen algunas falsas hipótesis sobre el origen de estas enfermedades en los niños. Desde hace algunos años, una publicación que luego fue desestimada por falta de sustento científico, vinculaba a la vacuna triple viral (sarampión, rubéola y paperas) con los TEA, pero ¿Pueden influir las vacunas en el desarrollo de estos trastornos? “Esta preocupación está vinculada al momento en el que se suelen percibir los signos de alerta de TEA, es decir, a partir del año de vida y, para la gente, resulta fácil asociar con las vacunas de calendario que se reciben en esa etapa”, asegura la doctora Gutson.

“Por este motivo, ante el desconocimiento, todo se sospecha aunque hasta ahora, las investigaciones han demostrado que las vacunas no son responsables de estos trastornos del desarrollo en los niños”.

El valor de la inclusión

Reconocer la importancia de la inclusión social de las personas con autismo o cualquier discapacidad tiene que ver con el respeto a sus derechos humanos. La República Argentina, como uno de los Estados miembro en la Asamblea de las Naciones Unidadas, incorporó a su legislación en 2008 la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. A través de la Ley Nacional N° 26.378, tiene la obligación de promover, proteger y garantizar el pleno disfrute de los derechos humanos de las personas con discapacidad y su plena igualdad ante la ley. “Se trata de ver al sistema educativo como un espacio donde las personas aprendan no sólo contenidos académicos sino que adquieran competencias para el desarrollo de sus proyectos singulares de vida en un contexto social justo. Se trata de fomentar un modelo educativo que permita transformar el modelo social basado en principios y valores de igualdad”, refiere la doctora.

De menor a mayor

Los TEA son condiciones del desarrollo que se manifiestan en los primeros años de vida. Conocer las características de un niño con autismo permite comprender la trayectoria de su desarrollo en la vida adolescente y adulta. “La detección precoz de los signos de alarma de autismo permite una intervención temprana. De esta manera, muchos niños que han iniciado un tratamiento temprano, han abandonado el diagnostico unos años después”, asegura la especialista.

Sin embargo, es importante comprender que no todas las personas tienen esa evolución y que toda la comunidad convive con jóvenes y adultos con esta condición. “En la actualidad, existen muchas personas jóvenes y adultas con TEA no diagnosticadas y que, por lo tanto, no están recibiendo los apoyos que necesitan. Hablamos de individuos que tienen dificultades para establecer lazos sociales, para sostener amistades o, incluso, permanecer en la escuela o en un trabajo”, destaca la especialista en desarrollo infantil. De acuerdo a la doctora Gutson muchas de estas personas incluso tienen habilidades por las que se destacan, como atención al detalle, capacidades lógicas y analíticas, una facultad superior a la media para concentrarse durante largos periodos de tiempo. “La actitud inclusiva en todos los estratos de la sociedad ofrecería oportunidades de desarrollo para todas las personas”, finaliza.

Dr. Daniel Stamboulian
Por: Dr. Daniel Stamboulian [email protected]

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