El funcionario habla del lobby del alcohol y dice que la frase “echar a los narcos” no sirve ni como slogan de campaña.

Visitar la Sedronar, o su nomenclatura institucional, Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico, tiene algunos matices deslumbrantes. Ya no está la policía en la puerta ni es necesario pasar la cartera por un detector de metales. En cambio, hay una simpática recepcionista preparando un final entre visita y visita y de una oficina se escuchan voces cantando una suerte de villancico acompañado con guitarras. Hablar con su titular, el padre Juan Carlos Molina, incluso confunde. Desde lejos y sin anteojos podría confundírselo con Rafael Bielsa, quien dirigió la secretaría poco más de un año.

De cerca no quedan dudas de que se trata del “cura amigo de la presidenta”, apodo con el que se lo conoce dentro y fuera de la secretaría y del que está orgulloso.

Sin embargo, Molina consideró ante Tiempo Argentino que el principal cambio que trajo su gestión fue abrir las puertas de la Sedronar durante las 24 horas y brindarse al servicio de los más necesitados.

–¿Ya concluyó ese cambio de mentalidad puertas adentro?
–No, es un trabajo constante. En el Estado siempre corrés peligros. Uno es el de burocratizarte y vivir rodeado de papeles. Nosotros trabajamos con personas que tienen un problema, ahora, en este momento, con esta edad y en esta situación, y un papel no puede retrasarte un tratamiento. Otro peligro importante es acostumbrarnos a ver las caras de sufrimiento y desesperaciones. Cuando perdés esa sensibilidad empezás a dar turnos, ‘venga dentro de cinco días’. Cuando te acostumbrás, pateás para adelante y te olvidás de que ningún detalle es una pavada para aquel que viene buscando ayuda. Otro peligro es pensar que está todo bien. Entonces hay que ser constantemente creativos y estar siempre con el ritmo a mil porque cuando te amesetás, perdés la mirada de inclusión.

–¿Cuánto falta para cambiar las cabezas oficinas afuera?
–Trabajamos mucho para instalar el concepto de los Derechos Humanos en el tema drogas pero nos cuesta mucho salir de las páginas de seguridad de los diarios. Cuando se ve solo desde esa cuestión o desde la cuestión meramente sanitaria, estamos meando fuera del tarro. La seguridad es una consecuencia de la inclusión, la cultura y el trabajo. No nos subimos a la ola de poner cámaras o patrulleros para buscar seguridad. Es necesario que existan esas cosas pero no es la política de Estado en esa materia. El paradigma era ‘si sos adicto, preso o internado, pero fuera, que no moleste, que no esté’ y mientras más lejos te internen, mejor. Nuestros centros son lindos, limpios, están ordenados y tienen tecnología. Mucha gente que labura esta temática hace años te dice: ‘¿Esto le vas a dar a estos pibes?’ Existe todavía ese concepto, ese estigma. O también tienen que estar presos porque son un daño colateral, como dijo el otro día un funcionario. Creo que habría que meterlo preso a él porque él es un daño colateral.

El Molina político no parece diferir mucho del religioso. Mate de por medio, sus banderas parecen ser la acción y la comprensión, pero sin perder la rudeza. Dirige un área con un nombre tan largo como la cantidad de abordajes posibles acerca del tema drogas y, a diferencia de sus antecesores, optó por el aspecto preventivo por sobre el represivo. Pero sabe que con eso no alcanzará.

“Recuerdo que una de las primeras noches en las que largamos la línea 141 (NdeR: de orientación y asistencia psicológica) y empezamos a mostrar la Sedronar, salí a eso de las 11 de la noche y había un pibe sentado. Llevaba una camisa cuadrillé roja y una valija, parecía salido de una película de Fred Astaire. Tenía un tetra de naranja y le pregunté: ‘¿Qué haces acá?’. Me respondió que esperaba que abriera la oficina mañana a la mañana para internarse. Esa noche durmió adentro de la Sedronar y nadie acá lo podía creer. Lo cuidó el gendarme. Es verdad que estamos abiertos las 24 horas”, se enorgulleció Molina.

–¿En qué se parecen las problemáticas de adicciones en las provincias y en Capital Federal?
–La diferencia más aguda es que las soluciones están aquí. Dios atiende en Buenos Aires (valga la redundancia). Otra de las diferencias es que quizás en ciertos ámbitos de la CABA, como dice la presidenta, se consume de la buena y por lo tanto el daño es otro. La tercera diferencia, que también sucede aún dentro de Buenos Aires, es que a los que más tienen no los persiguen. Ni en Lollapalooza ni en Creamfields están las camaritas, los patrulleros o la justicia. Pero ya por el hecho de ser de Ciudad Oculta te hacen un test de drogas cuando vas a pedir trabajo y las posibilidades son muy inferiores.

–Después de la AUH, los planes Progresar y Pro.Cre.Ar y la baja de los índices de desocupación, ¿cuál es el problema de los que menos tienen?
–Lo que hoy necesitan es inclusión. Que el Estado siga saliendo a su encuentro y los busque con vivienda, trabajo, escuelas y oportunidades.

–¿Te trajo algún problema ser tan enfático en la defensa de la presidenta?
–Me alegro de que me haya traído problemas porque de eso se trata. Yo soy de River, sé que puedo ganar y que no merecemos perder, pero perdemos. En este tipo de batallas está bueno que te critiquen y es preocupante cuando no lo hacen, porque significa que no llega el mensaje, no interesa o no construís. Cuando critican es porque algo les tocó, entonces esta buenísimo.

CON EL PAPA

En febrero de 2014, desde su cuenta de Twitter, (@juanKa_molina), el secretario subió una foto con Francisco en la que ambos muestran una remera del Padre Mugica. Al pie, contó: “El narcotráfico y la droga están haciendo mucho daño a la Patria Grande, me dijo el Papa… Trabajemos por un camino de unidad”.

–¿Francisco es una inspiración para vos?
–Para mí es una inspiración Jesucristo y el resto no tiene ese nivel. No lo tomo como inspiración, pero Francisco me acompaña bastante en esto y nos escribimos bastante. Yo le escribo y él me responde, en realidad. Esto me da aliento para esta tarea y él me insiste en cosas religiosas y personales mías y eso es bueno. Desde ese lado valoro mucho su presencia; también cuando dice que los curas no podemos andar con cara de vinagre, que tenemos que tener olor a pueblo y tenemos que salir. Valoro esa humanización del clero y eso sí me inspira. No acompaño a Francisco desde lo dogmático porque mi dogma es Jesús y mi Perón es Néstor.

–¿Cree que la banalización de la lucha contra el narcotráfico es adrede?
–Ni. Creo que ha estado tapado el tema durante mucho tiempo y entonces no se habla con claridad. No es lo mismo lo que entiende un pibe de Capital Federal con respecto al paco que uno del interior. Por eso estamos haciendo la encuesta con la seriedad que implica cada palabra. Un diario importante tituló que aumento el 75% el consumo de marihuana en los jóvenes cuando la encuesta hablaba de cuantas personas consumieron alguna vez. Muchas veces madres desesperadas nos pidieron que internen a su hijo porque le encontraron un cigarrillo de marihuana en su pieza. Y cuando te dicen ‘con coraje voy a desterrar la droga de la villa’ hay algo que se está diciendo a propósito, porque más que coraje se necesita ponerles escuelas, incluirlos, urbanizarlos, etcétera. El tema del narcotráfico es un zócalo permanente.

–También se lo preguntaba en relación con el alcohol. ¿Existe un lobby de las corporaciones que venden bebidas alcohólicas?
–Hay plata más que lobby, y por eso hay un proyecto de ley dando vueltas en el Congreso para regular la publicidad de alcohol. Y claro que también hay lobby, si no fijate lo que pasó en Brasil con esa cervecera que logró cambiar la ley para vender alcohol dentro del estadio durante el Mundial. El lobby también lo hubo cuando se logró que no haya más publicidad de tabaco en el deporte. Lo mismo tenemos que lograr con el alcohol. Cuando en las publicidades te dicen ‘muchachos, salgan juntos, diviértanse, tomen todos menos uno’ es un mensaje contradictorio. Y si lo ponés en la perspectiva del consumo actual de alcohol, es grave. La mayor cantidad de muertes, según las estadísticas del Hospital Fernández, son por comas alcohólicos, no son ni por paco, ni por marihuana o cocaína, que es otro mensaje instalado.

–¿Cómo se cambia el mensaje en un contexto donde el 90% de los candidatos prometen más policías para combatir al narcotráfico? ¿Es un verdadero problema a temer?
–Es un problema a solucionar, no a temer. Es un problema que involucra a la seguridad pero también a la justicia; y en esta justicia que sigue necesitando una reforma, porque los poderosos nunca son tocados. No va a alcanzar con modificar la Ley 23.737 sino ir más allá. La modificación nos va a permitir que los perejiles no vayan en cana, que los vulnerables no sean abusados, que no haya zonas liberadas, que el gasto que tiene justicia y seguridad en esto no se invierta en un tipo como el del otro día que tenía 15 plantas de marihuana, que encima ni servían para el consumo porque eran machos. Tres patrulleros, 20 policías y causa judicial es un montón de guita para el Estado. Y cada persona presa son 20, 30 o 40 lucas para esa familia. Por eso digo que hay que ir donde están los verdaderos intereses. ¿Adónde va el dinero del narcotráfico? ¿Por qué se mira a los países del sur pero no a los paraísos fiscales? Toda la maquinaria de lavado de dinero, pero también de armas y trata de personas que hay alrededor. Por eso, simplificar el tema diciendo que vamos a echar a los narcos ni siquiera sirve ya como slogan de campaña.

–¿Cree que están dadas las condiciones para pensar en regular el autocultivo? ¿Podría ayudar eso en algo?
–En Argentina están dadas las condiciones para cualquier debate porque somos un país democrático y con gran participación, sobre todo con una juventud muy inteligente. Ya no tenemos una sociedad pacata, que se escandaliza. Pero creo que no hay que saltear pasos en esto, hay que educar y dar debates, que se ganan o pierden. Creo que no estamos maduros para hablar de este tema. Hoy hablamos de esto como un problema de salud social y eso te cambia todos los argumentos. Luego de eso podemos hablar de otra cosa: auto regulación, legalización, no penalización.

–¿Estás atento a la cantidad de noticias en materia de tratamiento medicinal con cannabis?
–Estoy al tanto. Acá lo empieza a trabajar la UNLP. En otros países ha sido una respuesta importante y creo que no hay que descartarla. De hecho, la cocaína empezó siendo una medicina legal. No podemos desoír eso. Por eso digo que no todo es malo y bueno al extremo, hay muchos grises y está muy bueno que los haya. Creo que vamos camino a eso.

–¿Cuál es la verdadera problemática de consumos en Argentina?
–Alcohol, y según la última encuesta que vamos a dar a conocer en las próximas semanas, el consumo de energizantes. Hay un consumo interesante de marihuana pero tiene un origen social. Todo el mundo está fumando marihuana, se la huele en la calle Florida…

–Y cultivando…
–Eso lo dijiste vos (risas). De todas maneras los índices no han variado mucho desde 2011 salvo el cambio que se vio en las mujeres. Hoy compran más psicofármacos que los varones y creció el consumo de marihuana teniendo en cuenta el mismo género en años anteriores.

–Entonces las principales problemáticas son las que están reguladas por el mercado, ¿No sería beneficioso regular a la uruguaya?
–Veremos cuando Uruguay ponga en marcha su experiencia. Yo sí creo en la presencia de un Estado regulador y no solo por las drogas ilegales sino por todo.

–¿Qué se ve haciendo en diciembre del año que viene?
–No sé. Lo que Cristina diga. En diciembre de este año espero ver a River jugando en Japón. «

En la OEA, el eje en la “salud social”

Molina volvió a enfatizar la importancia de abordar la problemática de las adicciones con eje en la inclusión y los derechos humanos durante su participación en la 57° Reunión Ordinaria de la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Droga (CICAD) de la OEA, que se desarrolla en Washington (EE UU).

“Tenemos que plantear la pelea contra el narcotráfico y las adicciones en el marco de los derechos humanos; la inclusión para nosotros no es un detalle menor”, explicó Molina durante la Primera Sesión Plenaria ante los representantes de los más de 30 países presentes. En esa línea, agregó: “En la Argentina, desde la Sedronar hacemos hincapié en el concepto de ‘salud social’, que es hablar de la salud pero también es mirar el trasfondo de lo que está pasando en nuestras sociedades y preguntarnos por qué baja la edad en el consumo. ¿Es un problema sólo de narcotráfico o también de inclusión, educación, urbanización, trabajo, deporte y cultura?”

El 2, marcha por el cannabis

El próximo sábado habrá marchas en 17 ciudades (Buenos Aires, Bahía Blanca, Bariloche, Córdoba, El Bolsón, La Plata, Mar del Plata, Mendoza, Neuquén, Paraná, Posadas, Resistencia, Rosario, San Juan, San Salvador de Jujuy, Ushuaia y Villa Gesell) para pedir la regulación del cannabis y el cese de detenciones de personas que cultivan para el autoconsumo. En la Capital Federal, la cita es a partir de las 14 en la Plaza de Mayo. Luego, la columna se movilizará hasta la Plaza de los Dos Congresos, donde habrá oradores y música en vivo. La marcha es mundial y en l Argentina, en 2014, se manifestaron más de 200 mil personas en 19 localidades.

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