El conductor de 20 años que arrastró en el capó de su auto a dos policías por unos metros en la ciudad de Córdoba continúa detenido y este lunes le fue suspendida la licencia. Las dos hermanas que estaban de acompañantes fueron liberadas por la mañana. El insólito hecho generó una controversia que recordó casos como el de Blas Correa, el joven asesinado en esa misma ciudad en un control policial.

El domingo 25, un auto con tres jóvenes realizó una extraña maniobra para entrar en la cola de un local de comidas rápidas ubicado en las calles Rafael Núñez y Hugo Wast, en el barrio Cerro de las Rosas, alrededor de las 11 de la mañana. Los policías provinciales que estaban en la vereda de enfrente vieron la maniobra insegura que frenó el tránsito y corrieron hacia el vehículo, que ya estaba detenido.

Según la versión policial, el Volkswagen Gold Trend de color gris iba “zigzagueando”, por eso le pidieron al conductor que entregara la documentación correspondiente y bajara a realizarse el test de alcoholemia, pero éste se negó. El hecho fue regisrado por cámaras de seguridad y por una grabación que se realizó desde dentro del auto.

“Nos piden que bajemos Abril, bajémonos”, se escucha decir, en ese video, a la pasajera asustada desde el asiento de atrás al ver a los policías que rodeaban el auto. La hermana, desde el asiento de acompañante le pregunta: “¿A dónde querés que nos bajemos?”. La chica de atrás, con un tono de desesperación, le responde: “Vamos a terminar en la comisaría” y ante la negativa de ambos por “no haber hecho nada” para ser detenidos, la chica, de nombre Coral, le pide nuevamente al conductor bajarse o “preguntar qué es lo que estamos haciendo mal”.

Los policías en tanto continuaban firmes dando directivas desde afuera para que bajaran del vehículo. Al no obtener respuesta decidieron pararse delante del automóvil con las manos apoyadas sobre el capot.

“No te bajes, Coral. Coral, es peligroso”, gritó la mujer desde el asiento delantero, pero Coral golpeó la puerta para poder bajar: “No quiero estar acá”, les dijo. En ese momento el conductor aceleró el auto con los policías apoyados en el capot. Luego de arrastrarlos por unos metros el policía con su compañera agarrada del brazo gritó entre otros insultos: “Pará hijo de puta”, mientras intentaba no caerse. Desde dentro del auto comenzaron los gritos también: “Pará, nos vamos a matar”. El policía pegó una primera piña que partió el parabrisas.

Después de que el conductor dijera “mirá”, siempre dentro del auto, una segunda piña policial terminó de romper el vidrio. Con una cámara desde otra perspectiva se puede observar cómo luego los oficiales se acercan hasta el auto, bajan al conductor por la fuerza, lo retienen en el piso y le propinan varios golpes.

Al conductor se le realizó el test de alcoholemia que fue entregado a la fiscalía. Teresa Vélez, intendenta de Villa Allende, municipio que le otorgó la licencia de conducir al detenido, afirmó que “cuando la Agencia de Seguridad Vial nos avisó lo sucedido suspendimos en el acto el carnet de conducir. Cuando la justicia lo disponga y él venga a realizarlo le haremos un examen psicofísico nuevamente, a partir de las recomendaciones que nos hicieron”.

El abogado Emmanuel Lui Zuccolo, integrante de la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (CorrepiI) advirtió que “todas las fuerzas de seguridad pueden hacer controles de rutina, pedir documentación o hacer exámenes de alcoholemia en la calle. Hay que parar o se comete un delito de desobediencia. Además, porque no parar en muchos casos significa que te disparen, los casos sobran para ejemplificar… Lucas González, Blas Correa”.

“Fuera del control policial, solo pueden parar en caso de sospecha fundada de que se está cometiendo un ilícito”, explicó el letrado. La policía también puede pedir que se bajen del automóvil tanto el conductor como los pasajeros si notan una situación “extraña”. “El parar en control o en la calle es considerado una privación de la libertad pero permitida en tanto cumpla con requisitos básicos, como los de brevedad, necesidad y mínima intervención (existen fallos de Casación provincial y nacional en tal sentido)”, afirmó Zuccolo. Y concluyó: “El momento para expresar disconformidad no es en el procedimiento sino después”.

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