A los 77 años, en 2015, murió una de las grandes y entrañables autoras de la provincia. Este jueves se cumple otro aniversario. Su voz poética trasciende no sólo en páginas desafiantes y luminosas, sino entre las anécdotas de sus familiares, y en dos audiovisuales imperdibles.

María Haydeé Di Genaro o “Beba”, como la llamaban cariñosamente, nació en La Plata en 1937 y se radicó con su familia en San Luis, en 1943. Su primer poemario, “Solo de Mujer”, fue prologado en 1970 por Antonio Esteban Agüero, quien festejó el advenimiento de una autora singular.

Fue una prolífica escritora y lectora voraz, dueña de un ritmo único que abrazó el paisaje, la libertad y las emociones serranas. Además, desde la docencia y la radio, “Beba” les dio banderas a las mujeres de San Luis y defendió los valores culturales de la provincia.

Sus poemas acariciaron cumbres sublimes como en la comisión del “Canto al Pueblo Puntano de la Independencia” y “Quiero hacer el amor esta noche”. El libro “De sombras e incendio”, de la Asociación Pircas publicado por la Nueva Editorial Universitaria de San Luis, reúne su auténtica voz de golondrina. “Beba” además integró la comisión directiva de la revista Virorco, guionó el espectáculo “Los nombres de la Puntanidad” y recibió una mención especial en el premio “Polo Godoy Rojo”.

“Una vez, siendo muy niña, me acerqué a un poeta, cuando recién escribía las vocales y jugaba con mis primeros versos. Ese poeta, magnánimo, me regaló faroles, signos, señas para el camino que emprendía, cuando era adolescente. Y ese poeta se convirtió después en crítico veraz y consecuente, que corregía, alentaba, exigía, sacudía. Al recordarlo, me arrodillo”, dijo “Beba” a Antonio Esteban Agüero en sus “Cartas para un aprendiz”.

Leticia, una de sus hijas, contó que en uno de sus cumpleaños número 60 decidieron sorprenderla y le regalaron 600 ejemplares de su libro “Poemas”. “Como el cumpleaños de mi madre es el 28 de diciembre, Día de los Inocentes, todos los años le hacíamos alguna broma, pero en ese año le fuimos pidiendo poemas, juntándolos y logramos recopilar varios para realizar un libro con sus escritos. Ese día llegamos los 6 hijos con las cajas con unos grandes moños violetas y se los dimos. No podía creer lo que habíamos hecho y emocionada fue abriendo los paquetes y encontrando los libros. Ese cumpleaños fue muy especial y cenó con sus amigos, que fueron todos cómplices de la sorpresa”, recordó emocionada Leticia.

Beba murió en San Luis en 2015, a los 77 años. Publicó siete libros, pero su familia conserva textos inéditos. Sus amigas destacan que detrás de su talento literario había una mujer de enorme generosidad, con capacidad de escucha, amistosa, siempre de puertas abiertas y constructora incansable de la cultura puntana.

Beba destacada en los documentales “Gerardo Vallejo”

A la luz de la primera edición de la convocatoria audiovisual, el legado artístico de la autora adquirió nuevas dimensiones. Tanto “Beba Poeta” como “El placer del todavía” cosecharon críticas favorables durante las presentaciones del año pasado. Esta nueva posibilidad, habilitada a partir de un certamen provincial, entusiasmó no sólo a los amantes del séptimo arte, sino también a los lectores y, al mismo tiempo, ambos documentales constituyeron una doble ventana hacia el caudaloso universo lírico de “Beba”.

Fragmento “De La Buena Memoria”

Pasé gran parte de mi infancia, toda mi adolescencia y el primer año de casada, en plena juventud, en esa casa de la calle Pringles al 800 que mi padre alquilaba a una viuda de Busada a quien me encantaba visitar cuando él iba a pagarle el alquiler por la penumbra y el misterio que rodeaban su sala y sus recuerdos.

Me costó comprender a mi padre cuando no compró la propiedad como lo hicieron el fotógrafo y el tintorero vecinos y en cambio comenzó a gestionar un préstamo en el Banco Hipotecario para construir cerca de allí; lo que le significó al recibirlo una humillación dada su condición de “contrera” porque vino acompañado de una tarjeta con el nombre del general Perón. Corría por entonces el año 1953.

La del norte, puerta doble con postigos y visillos, daba a una galería donde estaba mi hamaca de madera, una jaula con la catita que repetía cantos antiperonistas, los macetones con geranios y el parral que tomábamos del vidriero vecino y que acompasaba con platillos de hojas el concierto que daba el viento chorrillero al golpear en la cúpula y en el palomar. A esa galería solían pasar los correligionarios de mi padre cuando no daba a basto el salón comité que estaba frente a mi dormitorio y entre los que registro nombres como Balbín, Frondizi, el Negro Ruartes, Vítolo, Clotilde Sabatini de Barón Biza, la Chicha Quiroga, Amílcar Mercader y la Caranchita Gómez Aguiar, que me regaló un vaso comprado en la perfumería Vallejos que yo suponía casi mágico. En un verano insoportable, escuché y vi tras la cortina de estera cómo mi padre dejaba de ser candidato de transacción entre Martín Vichez y el Pibe Domeniconi, y éste conseguía la candidatura a gobernador. Entonces aprendía intuir significados definitivos como los de lealtad, renuncia, componendas, pasión… se fijó este amor que siento por la tierra, el viento y la gente; esta incredulidad y esta obstinación; estas ganas de ser y de hacer traspasando el dintel.

Por el oeste una arcada me unía a la pieza de estar donde mi padre leía los diarios mi madre cosía y se ilusionaba oyendo las voces de Oscar Casco y Elcira Olivera Garcés mientras yo hacía mis deberes atisbando el Patorucito y el Billiken y donde recibíamos a mis numerosos tíos y primos y donde aparecían a media tarde sin fallar mis primeras muñecas de carne: la Amparito y la Myriam, cómplices de juegos tretas y desobediencias. Por este lado se fueron alargando los lazos familiares, las confraternidades y las compañías para los goces y las desventuras.

Por el sur, una ventana grande daba a un patio donde decían hubo antes una lechería que dejó cuadrados de cemento donde yo instalaba mi casa de muñecas y hacia arriba tras la medianera la ventanita de la pensión Biglianco que mostraba luces y perfiles distintos como formas chinescas que me regalaban historias increíbles. En estas dos ventanas superpuestas cabalgó mi primera fantasía confundiendo mi nombre con los imaginados inventando rostros, sueños, pesares, amaneciendo al anochecer, tibia en el frío, sedienta en la llovizna… haciéndome poeta para siempre.

Tuve otras casas, otras ventanas, otras puertas, pero en aquella de Pringles al 800 se dio mi forma de ser y proceder, con augurios de vuelos y campanas.

 

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