Valores: una palabra muy utilizada, pero llama la atención el nivel elevado de barbarie que experimenta la sociedad en su conjunto.
Es que son tiempos en que las palabras y sus significados sufren dos situaciones: el estancamiento en la mera enunciación conceptual y en la pérdida de referencia con los que las pronuncian.
Las palabras son para los hechos. Pero esos hechos pueden ser profundos o vacíos en la medida que sean apreciadas en sus significados.
Poseemos palabras y significados que nos indican el camino, pero el problema es que los seres humanos en su in-volución que sufre a partir de la Tecnología en permanente y feroz crecimiento, ve descarnarse progresivamente su existencia.
Aquella frase de las Santas Escrituras, donde dice “Y el Verbo se hizo carne” hoy muta en, “Y la carne se diluye en la inmediatez de lo invisible e in-corpóreo”
Se había hablado y escrito mucho sobre el valor de la corporeidad, de la mundaneidad, de la otredad, y buenas razones se tenía en la insistencia de querer inculcar estos conceptos en la comunidad, porque lo que se divisaba en aquel momento como futuro es este presente con su proceso de disolución o cancelación de todo aquello que sea una amenaza al nuevo orden basado en las nuevas tecnologías que apartan del consenso a los seres humanos con sus planteos axiológicos.
¿Un mundo mejor? ¿Un ser humano mejor? ¿Una sociedad mejor? Las respuestas a estas preguntas van quedando atrás, para que se impongan otras que representan más bien a perspectivas artificiales que sugieren reemplazar todo lo mundano, lo humano, lo social, incluso lo espiritual.
Las preguntas de la Filosofía sobre Dios, Mundo y Hombre se devalúan y dejan de ser una preocupación ante la única visión que hoy se impone en la reflexión global: La Inteligencia Artificial y sus alcances en las conductas humanas y sociales.
Volviendo a la importancia y a la significación de las palabras, podemos seguir definiendo que, las palabras pierden rumbo si el ser humano no les da la importancia, el valor y la acción suficiente como para que valgan la pena existir y ser nombradas.
Qué sentido puede tener la palabra Solidaridad, si no hay personas que la lleven a cabo, ¿acaso podría desaparecer esta palabra si no se la valora con la acción? Podríamos nombrar también las siguientes palabras necesitadas de acción: Mutualidad, Responsabilidad, Democracia, Igualdad, Transparencia, Sostenibilidad, Educación, Cooperación, Comunidad; y volver a hacer la pregunta: ¿acaso podrían desaparecer estas palabras si no se las valora con la acción? Tal vez.
Las palabras que significan valores, están en proceso de exterminio, porque los seres humanos cada vez menos las pronuncian desde las acciones.
Y para sumar mal al mal, se desarrolla periódicamente una Cultura de lo Artificial, donde todo puede ser, pero sin la cuota del pensar profundo, crítico, y permanente, como aquello que deja marca, huella, herencia, historia.
¿Puede la palabra artificial producir un valor que implique una experiencia del ser y que abrase a los demás como parte de esta experiencia?
Lo humano, lo verdaderamente humano es Natural, instintivo, libre, significativo; de ninguna manera podría serlo un “máquina” que “inteligentemente” desarrolla “conocimiento”.
Los Valores están en crisis, porque las palabras que los enuncian están descarnadas, eximidas de toda humanidad, de toda corporeidad.
La Axiología queda atrás porque quienes tendrían que hacerlas patentes en las acciones diarias, están conectados a un mundo artificial que les procura un nuevo léxico y por ende nuevas acciones, pero lejanas a la humanidad, a la naturalidad de ser cuerpos necesitados del afecto, del sentimiento, de las pasiones, incluso de la muerte.
Es fundamental volver a la frase de Ortega y Gasset, cuando le preguntaron ¿qué había que hacer con la realidad?, él dijo simplemente esta frase:
“… a las cosas mismas.”
A los Valores mismos hay que remitirse para reconstruir aquellas respuestas filosóficas que han sabido crear y recrear la existencia del este mundo.
Sin palabras significadas y referenciadas desde lo humano, no hay valoración del decir y menos aún del hacer.
Urge una tarea fenomenal en la sociedad. Volver a creer en las palabras.
Rodolfo Altamirano
Filósofo

