Monseñor Gustavo Gutiérrez Merino formuló una pregunta y sacudió a la Iglesia Católica, Apostólica, Romana: «¿Cómo decirle al pobre que Dios lo ama?», removió la teología contemporánea y revolucionó las enseñanzas de la Iglesia, con especial relevancia en América Latina. Esta semana se conoció la muerte de este sacerdote peruano de, entonces 41 años, que en 1969 plasmó esa frase junto con otras reflexiones en un folleto. Su título: «Hacía la teología de la liberación». El libro se convirtió en la obra fundamental de, precisamente, la teología de la liberación, un movimiento social y político dentro de la iglesia que propugna un papel activo de la Iglesia católica romana en la lucha contra la pobreza. Gutiérrez, teólogo y fraile dominico, murió esta semana con 96 años en su Lima natal.
El filosofo Rodolfo Ceferino Altamirano González, nos ilustra sobre esta personalidad.
Monseñor Gustavo Gutiérrez Merino (Perú, 1928 – 2024) y la Teología de la Liberación.
“Una Teología de ojos abiertos”
Estamos ante un hombre que ha forjado un antes y un después en la teología y en la Iglesia Latinoamericana.
Se destaca un lenguaje diferente ante un contexto tradicional e impuesto desde casi 600 años en América y en todo el mundo: Un cristianismo eurocéntrico que ha marcado a la Iglesia con una verdad idealizada por el poder dominante de los poderosos de la tierra, sean religioso o políticos. Una verdad que consiste en que Cristo está en el centro de una Iglesia que, solo se experimenta en el centro de sí misma, provocando así, la generación de realidades eclesiásticas periféricas cuyo valor solo reside en la obediencia a la Tradición de la Cristiandad eurocéntrica.
Las Iglesias latinoamericanas creen en un Cristo Eurocéntrico, muy lejos de su Palestina. En esta premisa, Gustavo Gutiérrez pondrá su ojo abierto y crítico para des-encubrir una verdad que necesita el alma de los cristianos latinoamericanos: Cristo es el de los Pobres, de los afligidos y no del Poder Dominante.
Se impone así una relación bellísima entre Dios y los pobres. Y es que a Dios no se lo entiende sin el pobre y al pobre no se lo entiende sin Dios.
Y en esto es que, se ha mal interpretado maliciosamente desde el Poder Dominante de la Vieja y antigua Iglesia eurocéntrica, tomando las ideas de la Teología de la liberación como Marxistas, como una lucha de clases. (No me imagino a Dios como un secretario general de un sindicato o de una organización social) La opción por los pobres no es un tema de clases, ¡es una cuestión netamente evangélica! Es bíblico, solo baste en leer (Mt. 25, 31-45; Lc. 4; Lc. 9,58; Mt. 5,3; Lc. 6,20; Lc. 14, 7-14); citas bíblicas entre cientos de versículos donde la Santa Escritura nos da fe de que hay un Dios que opta por los pobres.
La opción por los pobres no es una cuestión ideológica ni social, su foro está en la Palabra, y por ello se ha nombrado a este Libro, como Libro del Pueblo de Dios.
Es una opción teocéntrica, no marxista, es una perspectiva en la cual, está el Jesús de Nazaret, en el que nosotros creemos y seguimos. Ese que se hace verdadero hombre menos en el pecado, se hace pobre como todos, y camina entre ellos, y es claro que la defensa por ellos, es lo que al Poder de su momento lo impulsa a matarle en la cruz. (Esto sin negar los designios proféticos y salvíficos de Dios)
La Teología de la Liberación no es más que un Grito abierto contra el Eurocentrismo como Cristiandad, como ya lo fue una vez, el cristianismo naciente frente al Imperio Romano.
Nada nace del vacío. Hay un acontecimiento que ha marcado un antes y un después. El Concilio Vaticano II, (1962 – 1965), con el Papa Juan XXIII) sin ese concilio, no se le entiende a Gustavo Gutierrez. La importancia de este acontencimiento histórico que produce un antes y un después en la Iglesia, es de suma radicalidad en el pensamiento de Gustavo Gutierrez, porque en definitiva es una apertura de una Iglesia que se abre al mundo entero procurando la inculturación de las verdades de la Fe católica. (Aunque hay que confesar que aún, el Concilio Vaticano II significa para muchos una piedra escandalosa y difícil de digerir), para los que ejercen poder en la Iglesia, por ello, y con toda esta Nueva Noticia, igualmente la Teología de la Liberación fue y es perseguida por vastos sectores eclesiásticos.
Pero reconozcamos que hace 50 años que la Iglesia ha dejado de ser europea, y esto quiere decir también, ya no una Iglesia de la Cristiandad.
Ya el cristianismo de Europa no tiene sucursales como “colonias” a Iglesias en Argentina, Chipre o Canadá, ni en Japón, ni en Nigeria, sino que ahora comparte con Iglesias con rostros propios.
Son Iglesias que han aprendido a “beber de su propio pozo”, título que lleva una de las más importantes obras de espiritualidad de Gustavo Gutierrez.
Es una expresión de San Bernardo de Claraval (100-1153, monje cisterciense, teólogo y escritor francés) donde dice que cada uno debe aprender a beber de su propio pozo.
Recuerda a Rodolfo Kusch (1922-1979, filósofo y antropólogo argentino) cuando nos habla de la riqueza subterránea que Latinoamérica posee y que está enterrada por siglos de eurocentrismo e invita a cavar profundo para redescubrir la verdad latinoamericana.
Karl Ranacher, (1806-1879) dijo una vez: el siglo XXI “será místico de Dios o no tendrá nada que decir”, y Gustavo Gutierrez responde a esa frase tan contemporánea y de actualidad exacta – “pero un místico con ojos abiertos”, el que cierra los ojos no ve nada, y menos el dolor que rige la Historia, que haya experimentado dolor de Dios en el otro, en los pobres y desposeídos de la tierra.
Esa Mística no es cualquier espiritualidad.
Es el Dios que está al lado de las víctimas, del dolor humano.
Pero ¿Acaso esto es Marxismo? El gran perjuicio de todos aquellos que por hacer tanta teología eurocéntrica y no detenerse en la simple observación de la realidad para luego alternarla a la Santa Escritura, terminan hasta declarando a Jesús como un pro-marxista de su tiempo, no lo dicen abiertamente, pero saben que están desfigurando la imagen del Maestro que se arremangaba la túnica para estar con ellos, con los pobres y desposeídos.
Y acaso ¿han leído a San Juan de la Cruz, (1542-1591, místico y poeta español) y a Santo Tomás de Aquino, (1225-1274, teólogo, filósofo) con la mirada simple y pura de quien busca encontrarse con la verdad de Cristo?
Ambos santos representan dos columnas fundamentales para ser coherentes como cristianos comprometidos: Espiritualidad y Teología.
Este hombre tan cuestionado por la cúpula ha logrado: unir Teología y Espiritualidad.
Desde los padres apologéticos, hasta Santo Tomas de Aquino, pasando por San Agustín de Hipona, (354-430, filósofos, teólogo) todos los teólogos han sido mártires, teólogos y santos.
¿Es casualidad, o acaso el signo de los tiempos que marca, que quien, ama a Dios y luego extiende ese amor a los pueblos, tiene el mismo destino de Jesucristo?
Después del SXIV, los teólogos los místicos tomaron caminos distintos. Y por eso tenemos una Teología desfigurada. Tenemos sabiondos de la Teología sin mística, y tenemos Místicos que no leen más de 10 páginas de algo de teología.
La verdadera Espiritualidad. A Dios se le experimenta en el silencio, en la realidad cotidiana, y luego se habla de Dios y se hará Teología.
¿Conocemos nuestro pueblo, su realidad, su dolor, sus expectativas, sus ansias, sus esperanzas, sus frustraciones? Conocer y amar es la Espiritualidad que nos lleva al martirio. El verdadero seguimiento de Jesús.
Volviendo a la dicotomía, esa división entre teología y mística es el mal de la modernidad.
Hay mucha bibliografía en teología sin espiritualidad y mucha bibliografía sobre espiritualidad sin teología y el mal más grande de la teología: Es la separación entre el fundamento epistemológico, fe y mística.
La fe necesita ser fundamentada en las ciencias, se robustece, una ilumina y otra nos sitúa en la realidad.
Y tomar conciencia de ello, nos sitúa ante un paso radical: desde la Teología de la liberación a una teología martirial. No podemos dejar de nombrar algunos de nuestros mártires: (Monseñor Angeleli, Monseñor Romero, padre Mujica, Padres Palotinos, Padre Grande, obispos como Monseñor De Nevares, padre Contreras).
La Iglesia latinoamericana es la que más ha dado mártires a la Iglesia en el siglo XX, por eso hablamos de una teología liberadora y martirial, estar con los pobres es costar la vida.
No solo es Defender a la iglesia sino – ser voz, de los que, no la tienen – Es la nueva a perspectiva del martirio.
La biografía
El itinerario de un hombre se le entiende desde su niñez.
1928. Lima, Perú. Familia con antepasados indígenas, sangre aborigen y española.
Osteomielitis desde la niñez.Debilidad de los huesos por 26 años.
Esa debilidad debió ser el canalizador de su fuente de su entereza, su fe, su rigor intelectual, compromiso con los humillados.
La experiencia espiritual, pastoral y social enriquece la teología y la sistematización intelectual.
Antes de ser llamado al sacerdocio, estudió medicina, para especializarse en psiquiatría.
Estudió en Bélgica, Francia, Chile. Pasó un tiempo en Roma.
Tiene su doctorado en la libertad del pensamiento Sigmund Freud. (1856-1939, médico y psiquiatra austriaco)
En sus investigaciones se descubre una de las más discutidas y no comprendidas por la Santa Sede, en la Congregación por la doctrina de la Fe (CDF), donde plantea que el hombre tiene tres pasos para su Conversión y Salvación:
Liberación estructural, Si las estructuras sociales y políticas no se liberan de las ataduras del poder económico, el hombre está preso de sistemas de poder. EL Papa San Juan Pablo II, los llamó: Estructuras del mal.
2- Liberación individual: Que el hombre debe liberarse, empoderarse, desatar sus cadenas y construir su propio camino de fe y religiosidad.
3- Liberación del pecado, como padre de todos los males: Y, por último, y tal lo único que comprendió la Santa Sede. El tema del pecado.
En los 70´ Colabora en Medellín, CELAM
1971, Su primera obra TEOLOGIA DE LA LIBERACION
Una teología propia en contexto Latinoamericano
1979, participa tercera edición del CELAM
1979, Colabora activamente en el Documento en Puebla, y ahí surge una frase de su autoría y paradigmática: “los pobres nos evangelizan”
1982, su perspectiva no pierde continuidad. Y va insistir en la construcción de la idea de que la Espiritualidad cristiana consiste en: “Cómo hablar de Dios al no-persona”
“Cómo decirle al pobre que muere joven de hambre, que Dios es Bueno”
En los 80, se centra en el Dios de la Vida, en el contexto de la Muerte Estructural. La pobreza que mata a los niños, a los jóvenes. La pobreza es morir antes de tiempo.
Estamos ante una teología que emerge desde el dolor, y ese es el Método: Observar la realidad, cognocerla, asumirla, apropiarse y actuar.
No es desde una mesa o un escritorio, es escuchar al sufriente. Que el otro pase antes que yo.
La teología es una reflexión crítica de la praxis.
Es la contemplación de la realidad, la experimentación de nuestro propio pozo.
Es orar la realidad.
Dato interesante: mientras la Santa Sede lo perseguía y excomulgaba a la Teología de la Liberación, Gustavo Gutiérrez recibía el premio de Príncipe de Asturias (2003) por los siguientes motivos: “Es el iniciador de la renovada corriente espiritual llamada Teología de la Liberación que propugna una atención espiritual al mundo de los desfavorecidos, entendiendo que la liberación preconizada por el mensaje cristiano no es aplicable a la única faceta espiritual sino también a sus condiciones sociales y materiales. Con ello esta propuesta de la Teología de la Liberación no se reduce a un planteamiento teórico, sino que construye una práctica de modo especial en los países menos desarrollados, a estimulado un a dignificación de la condición de vida de millones de seres humanos”
-Palabras del jurado-
Cada cosa en su lugar
Dios y el pobre es lo fundamental de su pensamiento y espiritualidad.
En esta relación esta la existencia de Dios.
Desde la espiritualidad carmelita solo Dios vasta y esta perspectiva es una respuesta al fenómeno del ateísmo.
Ateo es que el deprecia al pobre, porque el pobre es de Dios
Leer a Juan de la Cruz nos enseña a purificar las ideologías capitalistas que empobrecen a la Fe.
O también nos enseña a no endiosar La Teología de la Liberación, colocando primero a los pobres antes que Dios
En estas últimas palabras es para responder a las acusaciones propias del Poder.
Gustavo Gutiérrez y la Teología de la Liberación no es marxista. Y que su Teología es espiritualidad de los Ojos Abiertos.
Rodolfo Ceferino Altamirano González. Filosofo. San Luis Argentina

