«¡Ataque a la República!«, alerta una voz en los altoparlantes de las estaciones de trenes y subtes, tal cual lo hace desde ayer. La diferencia es que este jueves no hay a quién amedrentar, ya que no funcionan ni los trenes ni los subtes ni los aviones, y la gente se adhirió al paro general convocado por la Confederación General del Trabajo (CGT).
Distinta fue la suerte de los colectivos. En una medida que otros gremios cuestionaron y acusaron de «boicot«, la Unión Tranviaria Automotor (UTA) no se adhirió al paro y los colectivos funcionan con normalidad. Por tanto, a muchas personas no les quedó más remedio que asistir a sus trabajos. Por ejemplo, las y los empleados de PAMI y ARCA, entidades estatales que el Gobierno Nacional determinó trabajen con normalidad.
La medida de fuerza es por «paritarias libres, homologación de todos los Convenios Colectivos de Trabajo, aumento de emergencia para todas las jubilaciones y pensiones, actualización del bono y poner fin a la represión salvaje de la protesta social».
Para el Gobierno, en cambio, se trata puramente de un «paro político» sin «consignas claras», en medio de una coyuntura con la «menor conflictividad laboral» de los últimos tiempos, con varios gremios grandes, como Camioneros y Bancarios, que ya firmaron su acuerdo salarial.
En la previa al paro, Daer sorprendió al anticipar que dejará su cargo al frente de la CGT cuando finalice este mandato, con lo que contradijo así las versiones que circulaban respecto de que el referente de Sanidad buscaba quedar como único conductor de la central a partir de la próxima votación de autoridades.

