Expertos se preguntan si estamos ante una generación descuidada o frente a una transformación cultural profunda que redefine el cuidado personal y doméstico
Las estadísticas no mienten: la plancha de ropa está en vías de extinción. En Europa , apenas el 28% de los adultos plancha después de cada lavado y uno de cada cuatro jóvenes entre 18 y 24 años confiesa que jamás lo hace. En Estados Unidos, casi un tercio de los menores de 34 años carece de plancha en su hogar. ¿Estamos ante una generación descuidada o frente a una transformación cultural profunda que redefine el cuidado personal y doméstico?
La respuesta es compleja y atraviesa múltiples dimensiones: la pandemia que revolucionó los códigos laborales, el auge del teletrabajo, la innovación textil, los nuevos electrodomésticos y, sobre todo, una redefinición radical de lo que significa “verse bien” en el siglo XXI.
El dato más revelador: entre quienes aún compran planchas, el 76% elige modelos verticales a vapor, lo que sugiere que hasta los últimos resistentes buscan eficiencia y rapidez.
“Las personas no priorizan planchado o no planchado, priorizan precios y cantidad y eso las lleva por el camino de géneros sintéticos que no necesitan plancha”.
Y sobre el reemplazo de fibras naturales por sintéticas, es categórica: “Los microplásticos de la ropa en constante convivencia con nuestra piel no me parece un cambio positivo”.
Lo cierto es que la plancha ya no reina en los hogares como lo hizo durante décadas. Tecnología, pragmatismo y cambio de mentalidad convergen para relegarla a un papel secundario. Lo que alguna vez fue una tarea semanal ineludible, hoy es una opción reservada para ocasiones especiales o prendas muy específicas. El electrodoméstico que protagonizó la vida doméstica del siglo XX se despide sin estridencias, desplazado por una época que prioriza la eficiencia, la comodidad y la redistribución del tiempo. Para bien o para mal, el futuro huele a ropa recién lavada que no necesita plancha.

