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La automotriz Stellantis anunció la suspensión temporal de las operaciones en su planta de El Palomar, provincia de Buenos Aires, entre el 18 y el 27 de febrero, con reanudación prevista para el lunes 2 de marzo. La medida, que afecta a la línea productiva de los modelos Peugeot 208, 2008 y Partner, además del Citroën Berlingo, responde oficialmente a «tareas de mantenimiento y readecuación operativa» y a la gestión logística de insumos para garantizar la continuidad productiva.
Durante el parate, el personal comprendido en el convenio colectivo percibirá el 70% de sus haberes habituales, en cumplimiento del acuerdo rubricado con la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) a principios de febrero. La empresa aclaró que la decisión forma parte de una «adecuación estacional» a la dinámica del mercado y no implica alteraciones en su estructura organizativa ni en sus planes de inversión a mediano plazo.
No obstante, la medida se inscribe en un contexto de marcada desaceleración del sector. La planta de El Palomar ya había adelantado sus vacaciones de fin de año, permaneciendo inactiva desde inicios de diciembre hasta el 5 de enero, en una señal anticipada de la baja demanda. Stellantis, única automotriz con dos fábricas en el país —la otra ubicada en Córdoba, donde se producen el Fiat Cronos y las pick-up Titano y RAM Dakota—, enfrenta el mismo escenario que el resto de las terminales: en enero de 2026 la producción nacional cayó un 30,1% interanual, acumulando siete meses consecutivos en baja y marcando el peor inicio de año desde 2020.
El retroceso responde a una combinación de factores: concentración de recesos productivos en enero —a diferencia de años anteriores donde se anticipaban a diciembre—, tres días hábiles menos en el calendario y, fundamentalmente, la pérdida de competitividad frente a las importaciones. Durante 2025, mientras la producción local descendió un 3,1% y las exportaciones un 10,8%, las ventas de vehículos importados se dispararon un 47,8%, evidenciando el desplazamiento de la industria nacional en un mercado cada vez más permeable a productos foráneos.
La suspensión en El Palomar no es un caso aislado, sino un síntoma de una industria que navega aguas turbulentas: con capacidad instalada subutilizada, presión competitiva externa y una demanda interna aún frágil, las terminales ajustan sus calendarios productivos mientras evalúan cómo sostener su presencia en un mercado que, pese a las promesas de reactivación, sigue mostrando señales de contracción estructural.
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