La edición 2026 del Hay Festival de Cartagena quedó envuelta en una fuerte controversia a pocas semanas de su realización, desplazando el eje del evento desde la literatura y el pensamiento hacia un debate atravesado por la política regional y los límites de la libertad de expresión en los espacios culturales. El encuentro, previsto entre el 29 de enero y el 1 de febrero, enfrenta una serie de bajas significativas luego de que varios autores decidieran retirarse en desacuerdo con la participación de la dirigente opositora venezolana María Corina Machado, reciente galardonada con el Premio Nobel de la Paz.
Al menos tres escritores de trayectoria reconocida —la colombiana Laura Restrepo, el novelista Giuseppe Caputo y la autora y activista dominicana Mikaelah Drullard— comunicaron su renuncia al festival como forma de protesta. La decisión impacta en una programación que proyectaba reunir a más de 180 invitados de más de 25 países y que aspiraba a consolidarse, una vez más, como un espacio de intercambio cultural y reflexión contemporánea.
La polémica se desató tras la confirmación, semanas atrás, de la intervención de Machado en una conversación virtual prevista para el 30 de enero, junto al periodista venezolano Moisés Naím. Si bien su presencia no resultó inesperada por su peso político en la región, generó rechazo debido a las posiciones que ha expresado públicamente, en particular su respaldo a la estrategia de presión de Estados Unidos sobre Venezuela y declaraciones interpretadas como favorables a una eventual intervención militar.

Quienes optaron por retirarse del festival sostienen que ese tipo de posturas excede el marco del debate cultural y supone una validación de agendas geopolíticas que, a su entender, han tenido consecuencias negativas para los pueblos latinoamericanos. En ese sentido, Laura Restrepo fue la primera en formalizar su decisión, al argumentar que no podía participar en un evento que otorgara visibilidad a discursos contrarios a la soberanía regional.
Giuseppe Caputo se sumó luego al rechazo, señalando que, en un contexto internacional marcado por la violencia y la confrontación, resultaba incompatible permanecer en un espacio que invitaba a una figura asociada, según su visión, a proyectos de poder global. Por su parte, Mikaelah Drullard cuestionó la convocatoria al considerar que implicaba legitimar narrativas que promueven la militarización y la injerencia externa en el Caribe.
Las renuncias abrieron una discusión más amplia en redes sociales, ámbitos académicos y círculos culturales sobre el rol de los festivales literarios en contextos de alta polarización política. El debate gira en torno a si estos espacios deben establecer límites en función de posicionamientos políticos o si, por el contrario, su vocación plural exige la inclusión de voces diversas, incluso aquellas que generan fuerte controversia.
Con una trayectoria de más de tres décadas y presencia en distintos países, el Hay Festival ha construido su prestigio sobre la base del intercambio abierto de ideas y la convivencia de miradas múltiples. La situación en Cartagena plantea ahora un desafío a esa tradición y reabre la discusión sobre hasta qué punto el diálogo cultural puede, o debe, separarse de las tensiones políticas que atraviesan la región.

