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El impacto de la crisis climática volvió a sentirse con fuerza en distintas partes del mundo. En Estados Unidos, una intensa tormenta de nieve y hielo provocó al menos 13 muertes y dejó a cientos de miles de hogares sin electricidad, afectando a millones de personas en varios estados. Las autoridades advirtieron sobre el peligro de las temperaturas extremas, especialmente para quienes se encuentran en situación de vulnerabilidad.

Las consecuencias también fueron graves en Afganistán, donde nevadas intensas y lluvias torrenciales causaron una catástrofe humanitaria. Según reportes oficiales, más de 60 personas murieron, decenas resultaron heridas y cientos de viviendas fueron destruidas. Además, miles de animales murieron por el frío extremo, agravando la crisis en comunidades rurales que dependen del ganado para subsistir.

Mientras continúan las tareas de rescate y asistencia en zonas aisladas, organismos internacionales alertan sobre el aumento del riesgo humanitario en regiones con infraestructura limitada y condiciones climáticas cada vez más severas. Los eventos extremos vuelven a poner en evidencia el impacto creciente de los fenómenos meteorológicos y la vulnerabilidad de millones de personas frente a desastres naturales.

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