Una navidad sin Ciccarone

Agobiada por las presiones y perseguida por Alberto Rodríguez Saá, Gabriela Ciccarone, intendenta de El Trapiche, renunció ayer a su cargo en medio de una operación política armada en El Diario de la República y otros medios cercanos.

Como dicta el refrán popular “El zorro pierde pelo pero no las mañas”. Como en épocas anteriores el Alberto vuelve a pasarse la democracia por el bolsillo y elige la destitución en contra de decisión popular.

Hoy los mecanismos se han perfeccionado, el  locutor radial ya no sube a un camión todos los jueves para insultar a los intendentes, tal como ocurría en los años de Carlos Ponce, ni elabora campañas anti-institucionales como la fatídica “Navidad sin Ponce”.

Los memoriosos recuerdan las jornadas de presión y violencia que sufrió durante toda su gestión el exintendente capitalino. Sin los vehículos pero con las mismas intenciones, el exgobernador fustigó a Ciccarone con editoriales diarias y notas publicadas en su matutino.

Durante nueve días se instalaron temas como la corrupción, la contaminación ambiental y cuestiones de seguridad.  Nada extraño a lo que sucede desde hace 15 años en El Trapiche. Quizás el gran pecado de Ciccarone fue ganarle la interna a la familia Hissa, una familia cercana al poder y dueña de la mitad de los terrenos de la zona.

El papel más triste de esta novela lo juega el actual gobernador, Claudio Poggi. Sin voz ni voto, el primer mandatario observa desde su sillón como Alberto le echa a sus intendentes. Hoy convertido en un “testaferro del poder”, Poggi pasa los días mientras los hermanos Saá ya lo candidatearon para intendente de la ciudad. Incluso mientras esté de viaje la semana próxima, le cambiarían su propio gabinete.

¿Por qué no habla el gobernador? ¿Será por miedo a lo que diga El Diario o al micrófono de planeta Xilium? Otro punto clave es qué pasará con los demás intendentes de la provincia después de una nueva vergüenza democrática.

Redacción: San Luis Opina