Pensar desde el compromiso

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Carlos Valle adhiere al homenaje al comunicador e investigador boliviano Luis Ramiro Beltrán y actualiza su trayectoria académica y política.

“Me he ganado la vida como un artista de la comunicación, no como un científico.” Esta frase de Luis Ramiro Beltrán, ilustre pionero de la comunicación en América latina, es recordada en el libro de homenaje que le brindó Ciespal al constituirse la Cátedra de Comunicación para el Buen Vivir, que lleva su nombre. Se aprecia este homenaje, que nos recuerda la experiencia de diálogo y reflexión en muchos encuentros en el continente.

Luis Ramiro Beltrán nace en Oruro, Bolivia, en 1930. Desde su adolescencia las actividades que desarrolla son variadas, aunque el periodismo lo atrapa y lo lleva a desempeñar diversas responsabilidades. Juan Braun traza en una entrevista el desarrollo de esos años mozos y el cambio que se produce en su vida cuando es alentado a encarar los estudios universitarios en los Estados Unidos, donde logra alcanzar el doctorado. El mismo Beltrán reconoce que, en un ambiente dominado por la hegemonía comunicacional, paradójicamente, se abre el camino para empezar a comprender la realidad latinoamericana y la necesidad de una investigación crítica y creativa para desafiar la realidad del continente.

Erick R. Torrico Villanueva, al destacar el importante aporte de Beltrán, acentúa que “la utopía orientadora del pensamiento, la obra y sus enseñanzas” se centran en la comunicación democrática para el desarrollo. Beltrán estaba convencido de que la incomunicación era la nota principal en América latina a finales de 1960 y que “la dominación era un rasgo característico de sus comunicaciones”.

En una larga entrevista la comunicadora Patricia Anzola se adentra en el corazón de lo que fueron sus aportes en momentos de gran efervescencia y cambio en el mundo de las comunicaciones. La búsqueda de un nuevo orden para la economía por parte del Movimiento de los Países No Alineados se unió a la de un Nuevo Orden Internacional de la Información y la Comunicación por parte de la Unesco. Beltrán estuvo involucrado en el conflictivo y arduo proceso de poner en la agenda internacional este acuciante tema al que se oponían las organizaciones que nucleaban los grandes medios.

La década del ’70 mostró un despertar social que abarcó la necesidad de procurar la democratización de las comunicaciones, a la que llamó “la época de la insurgencia latinoamericana”. En muchas partes del continente brotaban serios aportes sobre nuevos paradigmas comunicativos. Beltrán, que acompañaba esos esfuerzos, bregaba, con insistencia, evitando llevar la argumentación a términos extremos, para que se encaminara hacia el desarrollo de políticas nacionales de comunicación. La formulación que pergeñó fue muy valiosa para el encuadramiento del tema y su posterior tratamiento. Estaba convencido de que el Estado debe jugar un papel “indispensable como fuerza de respaldo a aplicaciones de políticas… Pero sostengo que la soberanía en materia de comunicación y cultura también debe radicar en el pueblo mismo en una sociedad democrática”.

Sin embargo, ese enorme entusiasmo no le impidió ver que esas propuestas de cambio afectaban directamente a las grandes potencias conservadoras. Lo que parecía la historia de la pulga que asustaba al elefante, “al cierre de la década del ’70 y al inicio de los ’80 el elefante dejó de asustarse”. Aunque él no lo dice con nombre y apellido, es conocido que la Unesco archivó el Nomic por las fuertes influencias de EE.UU. Hubo que esperar hasta los primeros años del 2000 para dialogar a nivel global sobre políticas internacionales de gran repercusión.

La década del ’80, que abrió el camino a las nuevas tecnologías, desplazó los planteos de la búsqueda de una comunicación democrática por un desarrollo industrial y económico donde los países industrializados tomaron el timón.

Para entonces, Beltrán reconoce y lamenta que no se perciba ningún desa-rrollo de políticas nacionales de comunicación. Más bien ve acrecentar la penetración de bienes y servicios informáticos provenientes de los Estados Unidos y una enorme concentración de medios de comunicación masiva en un manojo de corporaciones. Beltrán vuelve a lamentarse de que los gobiernos no tomen acciones para potenciar la participación del pueblo en el proceso de comunicación. La oleada neoliberal parece dominar toda acción. Beltrán siempre ha reiterado su constante prédica por una comunicación con la participación de la gente en el marco de políticas nacionales.

Hoy se podría hablar del hecho de que, en algunos países de América Latina, como es el caso de Argentina, la semilla sembrada en los ’70 está dando frutos.

El justo homenaje ofrecido a Luis Ramiro Beltrán requiere todo nuestro aprecio por esa lucha indeclinable en la que, por largas décadas, con tesón y perseverancia, siguió alimentando el sueño de una utopía, que no se ha alcanzado, porque “habrá tomado, más bien, refugio en la nevera del tiempo y acaso está aguardando el momento en que la historia vuelva a golpear con fuerza las puertas de la conciencia universal”.

Por Carlos A. Valle *

* Comunicador social. Ex presidente de la Asociación Mundial para las Comunicaciones Cristianas (WACC).